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Un sobreviviente del Holocausto advierte del peligroso poder de la palabra

“Maldito judío” fueron las primeras palabras cargadas de odio que le lanzaron (acompañadas de piedras) a Roman Kent los niños de su edad, cuando iba camino de la escuela en Lodz (Polonia).

“Era una expresión muy corriente, que usaba mucha gente en esa época, nada extraordinario para mí, pero al usarla aquellos niños me estaban diciendo: ‘Tú no eres un ser humano’. Con esas palabras daban el primer paso para deshumanizarme”, explica el hombre.

“En el contexto del Holocausto, una vez que ese proceso se ha completado y tú has reducido a la persona a la condición de un ente infrahumano, puedes hacerle cosas que no le harías ni a un animal”, dijo el Sr. Kent, que a sus 86 años de edad dará testimonio de los horrores vividos entonces, en el marco del Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, el 27 de enero.

El Sr. Kent visitará la UNESCO para participar en una mesa redonda titulada “¿Pueden matar las palabras?”, en la que se analizará la función del discurso del odio en el Holocausto y la manera de contrarrestar el antisemitismo contemporáneo y otras modalidades de expresión de carácter extremista.

El Sr. Kent, cuyo apellido al nacer en 1929 era Kniker, se crió en Lodz, donde la vida de su familia fue destrozada en 1939 por la invasión alemana de Polonia. Él y su familia fueron encerrados en el gueto de Lodz, donde su padre falleció en 1943, a causa de las adversas condiciones de vida y la desnutrición.

Cuando los alemanes suprimieron el gueto en 1944, la familia fue deportada a Auschwitz-Birkenau, donde el Sr. Kent y su hermano León fueron separados de su madre y sus hermanas. Los hermanos pasaron por otros dos campos y en abril de 1945, mientras realizaban una “marcha de la muerte” hacia Dachau, fueron liberados por el ejército de los Estados Unidos. Posteriormente supieron que su madre había fallecido en Auschwitz-Birkenau, pero que sus hermanas habían sobrevivido y se habían radicado en Suecia, donde una de ellas murió pocos meses después.

Tras la guerra, Roman y León emigraron a Estados Unidos, donde fueron acogidos por varias familias en Atlanta. Posteriormente el Sr. Kent contrajo matrimonio con otra superviviente, creó su propia familia y llegó a ser un negociante internacional de éxito, pero las experiencias previas le marcaron hasta tal punto que ha dedicado los últimos años de su vida a dar testimonio de lo ocurrido y ha desempeñado una función activa en labores filantrópicas y educativas relacionadas con el Holocausto.

El Sr. Kent siente un interés apasionado por el poder de las palabras y su uso, tanto en pro del mal como del bien.

“La mayoría de los conflictos comienzan con palabras y, en el contexto del Holocausto, las palabras que utilizó un artífice de la propaganda como Goebbels no pudieron haber sido más potentes. Durante la guerra, los nazis dejaron bien claro que no consideraban que los polacos o los eslavos fueran seres humanos, y que estos se encontraban un escalón por encima de los judíos”.

“Por supuesto, una palabra no es una pistola. Las palabras no matan inmediatamente, pero pueden crear las condiciones en las que la gente pierda sus inhibiciones y llegue a cometer actos horribles. La gente es crédula. Quieren creer en algo que parezca redundar en su beneficio, algo como abusar de los demás. A fin de cuentas, las palabras pueden hacer más daño que las balas”, afirma.

Al Sr. Kent, que preside la Fundación Judía para los Justos y presidente de la Asociación Estadounidense de Judíos Supervivientes del Holocausto, le preocupa también una utilización de las palabras más insidiosa pero igualmente pérfida.

“Con el paso de los años me he percatado de que, en lo tocante al Holocausto, existe en los medios de comunicación una tendencia a maquillar el pasado. Suele decirse que seis millones de seres humanos “se perdieron” o “perecieron”. Pero esas personas no se perdieron. No se extraviaron. Fueron encarcelados, hambreados, torturados, asesinados e incinerados. Es difícil escuchar estos términos, pero esa es la verdad que debemos preservar para evitar que el Holocausto vuelva a repetirse”, denuncia.

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Fuente: Radio Jai