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Opinión: ¿ Por qué el estado islamico y Hamas llevan máscaras?

La historia bíblica de Saúl nos enseña una fuerte lección con respecto a la elección moral del individuo y a que puede llevar esa elección.

En la antigua Israel, cuando estaba llegando a su fin la era de los jueces, llego la época en que los israelitas finalmente tienen un rey. Saúl fue la primera elección de Di-s. Él tenía la fuerza y apoyo necesario para proteger a los israelitas y, bajo el mando de Di-s, destruir de una vez por todas las amenazas y el espectro de muerte bajo el cual habían vivido los israelitas durante siglos.

Y sin embargo, cuando llego a la batalla clave con el enemigo conjurado de los israelitas – la nación de Amalek – Saúl pensó que el sería más compasivo que Di-s mismo, ignorando Su orden al salvar la vida del rey amalekita Agag – el Osama bin-Laden de su tiempo.

Más tarde en su vida, Saúl creyó erradamente que un joven pastor llamado David era un reto para su trono y lo persiguió con su ejército. Erradamente convencido que un poblado de sacerdotes había ayudado a David a escapar, Saúl, en un ataque de paranoia, masacro al pueblo.

Ese es un gran cambio moral.

¿Cómo un joven tan prometedor, quien fue escogido a mano por Di-s, termino cayendo por un camino tan malvado? El Talmud ofrece esta respuesta famosa: “Los que son amables cuando deben ser crueles, terminaran siendo crueles cuando deben ser amables.”

Hoy vemos esta enseñanza desplegándose ante nuestros ojos, viviendo como lo hacemos en una época extraña donde tantas personas en una posición de apoyar a naciones que defienden la libertad y la justicia eligieron en cambio apoyar a las fuerzas del mal, todo en el nombre de la compasión.

¿Por qué en un mundo donde sabemos lo que defienden organizaciones como Hamas – brutalidad hacia las mujeres, asesinato de gays, supresión de la libertad, aspiraciones genocidas hacia los judíos – la gente puede elevar a la organización terrorista por sobre la democrática Israel? La respuesta radica en la capacidad del mal de ocultarse en las sombras y escapar de la luz del escrutinio. De ocultarse detrás de máscaras cuando comete atrocidades. De agacharse detrás de mentiras y propaganda que atrapan a los analfabetos y confunden a los ciegos. Se encuentra en el rechazo a analizar y examinar los propios sesgos de uno y a descubrir las contradicciones y falacias que penetran el propio pensamiento de uno.

Hamas, el Estado Islámico, al-Qaida y Hezbollah, todos prosperan debido a una deficiencia de información y pensamiento crítico por parte del público. Las personas cuyo conocimiento del Medio Oriente viene de fotos en Internet de Israel arrojando bombas sobre Gaza concluirán rápidamente que Israel es la agresora. La moralidad que resulta de imágenes de dos dimensiones en vez de valores profundamente asentados no puede distinguir fácilmente entre correcto y equivocado. Este fenómeno se encuentra en la novela El Señor de las Moscas de William Golding, donde chicos jóvenes que de otra forma serian inocentes se convierten lentamente en salvajes. Golding comprendió muy bien como la acción depravada, cuando es liberada de la luz del escrutinio, puede corromper la misma humanidad de uno.

Al describir el personaje de Jack, Golding escribió como el muchacho comenzó a pintar su cara, y como “la máscara era algo propio, detrás de lo cual se ocultaba Jack, liberado de la vergüenza y cohibición.” Los chicos que desafiaron y se negaron a dejarse engañar por el mal “comprenden solo demasiado bien la liberación dentro del salvajismo que trajo la pintura de ocultamiento.”

“John el Yihadista,” una vez un aspirante a rapero inglés, cometió algunos de los crímenes mas espantosos imaginables mientras ocultaba su cara detrás de una máscara negra. Los verdugos encapuchados de Hamas que fueron ellos mismos una vez solo niños inocentes crecieron para ser monstruos, capaces de asesinar libremente a disidentes a plena luz del día, sabiendo que sus máscaras ocultarían a la vez sus identidades mientras en forma simultanea infundirían miedo en aquellos que los desafiaran.

El mal florece cuando está oculto. La brutalidad prospera en la niebla.

Hitler solo comenzó su programa de genocidio masivo de los judíos bajo la cobertura de la Segunda Guerra Mundial, así como habían hecho los turcos a los armenios un cuarto de siglo antes bajo la cobertura de la Primera Guerra Mundial. Kim Jong Un, el monstruoso joven dictador de Corea del Norte, comete sus atrocidades – como hicieron su padre y abuelo – en el régimen más inaccesible sobre la tierra. Y en esta última guerra terrorista contra Israel, Hamas disparo sus cohetes asesinos desde debajo de tiendas, mucho mejor para ocultar su intención genocida.

Luego están los individuos que se ocultan detrás de organizaciones – distorsionando los hechos y perpetrando difamación pura – permitiendo proliferar al mal. Ocultos detrás de morales distorsionadas y una corrección política que se ha vuelto extrema, logran lo opuesto a su propósito intencionado.

Hace poco se descubrió que una pandilla de pedófilos había molestado a más de 1400 niñas en Inglaterra. Ellos se salieron con la suya durante los últimos 15 años debido a que las autoridades, en complicidad con la policía, no querían parecer racistas al investigar la cuestión debido a que los presuntos perpetradores eran de origen pakistaní. La brutalidad no debe ser permitida nunca en nombre de la compasión.

Autor: Rabino Shmuley Boteach
Twitter: @RabbiShmuley
Fuente: Jerusalem PostTraducción OSA Filial Córdoba