Pasaportes aparte, Jerusalén está en Israel

En 2002, en el Shaare Zedek Medical Center de Jerusalén, una ciudadana estadounidense llamado Naomi Zivotofsky dio a luz a otro ciudadano estadounidense, Menachem Zivotofsky.

Era la firme creencia de ambos, de Naomi y de su esposo, el padre de Menachem, Ari Zivotofsky, que el Zivotofsky estaba situado en el Estado de Israel. Fue bastante fácil para los Zivotofsky discernir que el Shaare Zedek Center estaba situado en el estado de Israel. Mapas – mapas neutrales, no mapas producidos por la pérfida entidad sionista – muestran claramente que está en el Estado de Israel. Cuando usted camina fuera del Shaare Zedek Center, usted camina, obviamente, por el Estado de Israel. El principal edificio dedicado a la memoria del Holocausto de Israel está a la mitad de una milla de distancia. Su principal cementerio militar está también muy cerca. El parlamento de Israel se encuentra a unos dos kilómetros de distancia, al igual que la oficina de su primer ministro. Desde el renacimiento del Estado judío, en 1948, la tierra debajo del Shaare Zedek Center ha formado parte de Israel.

Así que cuando los Zivotofsky recibieron el pasaporte estadounidense de Menachem se mostraron perturbados y sorprendidos al ver que su lugar de nacimiento fue catalogado simplemente como “Jerusalén“, y no como “Jerusalén, Israel“. Esto no era fruto de un error administrativo. Es la creencia de la rama ejecutiva del gobierno de EEUU de que la afirmación de Israel de su soberanía sobre cualquier parte de Jerusalén es un caso en en disputa. El punto de vista sostenido durante mucho tiempo es que la disposición final sobre Jerusalén tendrá que esperar el resultado de las conversaciones de paz entre Israel y los palestinos.

Pero los Zivotofskys están en desacuerdo con este punto de vista, y lo mismo ocurre con el Congreso, que en el 2002 aprobó una ley que exigía que el expediente ejecutivo de los nacimientos de los americanos como Menachem Zivotofsky tienen lugar en “Jerusalén, Israel“, tal como argumentan los padres. Pero el Departamento de Estado se ha negado a respetar esta demanda.

Los Zivotofsky han ido a los tribunales, y, después de años de litigio, el Tribunal Supremo ha decidido escuchar su caso. El tribunal decidirá sobre si el Congreso tiene el poder de anular las decisiones de política exterior del Ejecutivo. Esta es una cuestión fascinante, y posiblemente trascendental, pero no es mi tema.

Mi pregunta es la siguiente: ¿Por qué consiente los EEUU la ficción de que Jerusalén – en particular, el oeste de Jerusalén, que ha sido la sede del gobierno israelí desde 1948 – pueda en realidad no pertenecer a Israel?

La respuesta, por desgracia, es el miedo a la violencia extremista islamista.

Los presidentes de Estados Unidos, por supuesto, visitan Jerusalén con cierta regularidad. Y se reúnen allí con ministros y presidentes de Israel, y hablan ante el parlamento israelí. Incluso visitan el lugar más sagrado del judaísmo, el Muro de los Lamentaciones, que, a diferencia del Shaare Zedek Center, es un territorio que se capturó a Jordania en la guerra de 1967.

Ningún presidente de EEUU ha repudiado la más que obvia conexión judía con Jerusalén. De hecho, Bill Clinton culpó a Arafat por el fracaso del proceso de paz de Camp David en el año 2000 después de que el líder palestino se negara a reconocer que el Monte del Templo de Jerusalén era el lugar histórico del antiguo templo judío.

La administración de Barack Obama, al impugnar la demanda de los Zivotofsky, ha argumentado que si reconoce la razón de esa demanda podría “comprometer gravemente la capacidad de Estados Unidos para trabajar con los israelíes, los palestinos y con otros pueblos de la región para promover el proceso de paz”.

Si este punto de vista es cierto, entonces no hay esperanzas para el proceso de paz. Si los palestinos no están dispuestos a admitir, como una cuestión de hecho, que Israel tiene soberanía sobre Jerusalén Oeste, ¿cómo va a ser posible convencerlos de que Israel tiene derechos de soberanía sobre la zona del Muro de las Lamentaciones, que se encuentra en el territorio en disputa? (Israel probablemente renunciaría a la soberanía sobre el Muro de las Lamentaciones casi al mismo tiempo que Arabia Saudita renuncie al control de La Meca).

Lo que está pasando aquí es otra cosa. Como Seth Lipsky señala en el Haaretz, la verdadera cuestión es la cuestión de la Tercera Guerra Mundial, planteada por vez primera por la jueza Sonia Sotomayor, y diseñada para poner a prueba los límites de la participación del Congreso en las decisiones de política exterior de decisiones, reflejando así una auténtica preocupación de parte de la rama ejecutiva. A Sotomayor se le preguntó si la calamidad seguiría a una decisión de los EEUU de reconocer que alguien que nació en Jerusalén nació en Israel.

Vamos a suponer que una docena de naciones dijeran que esta designación en el pasaporte sería como un acto de guerra… si Estados Unidos hace eso, entonces lo veríamos como un acto de guerra“, dijo Sotomayor. Añadiendo que “ojalá que puedan permitir que el presidente ignore al Congreso…“.

Una vez más, el tema de la separación de poderes no es lo que me preocupa en este momento. Lo que me preocupa es la creencia generalizada de que una decisión de EEUU que declarara abiertamente que el Shaare Zedek Center de Jerusalén se encuentra en Israel, podría llevar a un colapso de un proceso de paz ya bastante colapsado, o peor aún, a un derramamiento de sangre en todo el Oriente Medio. Puede haber cierto mérito en este último supuesto; desde luego, no es solamente una idea de Sotomayor. En un pasado reciente, los extremistas islámicos se han amotinado y han cometido asesinatos por unas caricaturas que consideraron una blasfemia, así que no hay una razón particular para creer que no iban a reaccionar bastante mal ante el reconocimiento tácito de los EEUU de que Jerusalén – al menos su parte occidental – forma parte de Israel.

Pero, ¿qué es lo que esto dice acerca de nosotros, sobre como permitimos que el temor a la violencia nos hace negar la verdad?

Autor: Jeffrey Goldberg
Fuente: Bloomberg
Traducción: Safed-Tzfat