Opinión: Ucrania, Irán y la amenaza de un Oriente Medio nuclear

En el discurso del primer ministro Netanyahu ante el Congreso estadounidense faltó una palabra muy importante. No es que se lo eche en cara; meter “Ucrania” en ese discurso en particular habría resultado contraproducente. Pero sin tener en cuenta la política sobre Ucraniana por parte de Estados Unidos resulta imposible comprender cuán desastroso es el acuerdo que se está gestando con Irán.

Para entender por qué, consideremos la curiosa amenaza lanzada la semana pasada por un representante anónimo de la Casa Blanca, antes del discurso de Netanyahu:

La discusión con Netanyahu elimina toda posibilidad de discutir unas garantías de seguridad para Israel como parte del acuerdo que se está negociando con Irán.
Esa amenaza en particular estaba vacía de contenido, porque Israel jamás ha querido garantía de seguridad alguna por parte de esta ni de ninguna otra Administración; su política ha sido siempre poder defenderse por sí mismo. Pero si Washington estaba considerando ofrecer garantías de seguridad para Israel, seguro que también las está considerando para sus aliados árabes, ya que éstos, a diferencia del Estado israelí, siempre han confiado en la protección estadounidense. De hecho, ha habido insistentes rumores de que podría ofrecerse a los Estados árabes un paraguas nuclear como parte del acuerdo, para que así no creyeran necesario desarrollar capacidad nuclear por su cuenta, algo con lo que llevan tiempo amenazando si no se detiene el programa atómico iraní.

Y hace un año una promesa semejante habría surtido efecto. Al fin y al cabo, en el pasado las garantías norteamericanas han demostrado ser dignas de confianza; véase, por ejemplo, el caso de la liberación de Kuwait de la invasión iraquí en 1991.

Pero el año pasado Rusia invadió Ucrania, justamente veinte años después de que dicho país entregara sus armas nucleares a cambio de un compromiso firmado por Washington, Moscú y Londres, según el cual prometían respetar su “independencia”, “soberanía” y “límites existentes”, y “abstenerse del uso de la fuerza o de amenazar con ello” contra su “integridad territorial o independencia política”. Tras anexionarse rápidamente Crimea, Rusia pasó a fomentar la rebelión en el este de Ucrania; ahora los rebeldes controlan grandes sectores del territorio ucraniano, gracias, fundamentalmente a las armas, el dinero e incluso las tropas “fuera de servicio” procedentes de Rusia.

Y ¿qué han hecho los otros garantes de Ucrania, Estados Unidos y el Reino Unido, para mantener el compromiso que firmaron en 1994? Absolutamente nada. Se niegan incluso a entregarle a los ucranianos las armas que pidenpara tratar de defenderse por su cuenta.

Dado el ejemplo ucraniano, cualquier líder árabe sería idiota si confiara la seguridad de su país a las garantías de Estados Unidos contra Irán, que, al igual que Rusia, es una potencia enormemente agresiva. Teherán alardea ya de controlar cuatro capitales árabes: Damasco, Beirut, Bagdad y, más recientemente, Sana, y no muestra señal alguna de irse a detener. Así que si los dirigentes árabes creen que el acuerdo que se está gestando con Irán es malo, no habrá garantía estadounidense que valga para disuadirlos de adquirir sus propias armas nucleares.

Y, por desgracia, es lo que creen. Como prueba de ello, consideren simplemente la catarata de comentaristas saudíes que le han rogado públicamente a Obama que haga caso ni más ni menos que al líder de un país al que ni siquiera reconocen. Como el editor jefe de Al Arabiya, Faisal Abás, que el pasado martes publicó una columna titulada: “Presidente Obama, escuche a Netanyahu respecto a Irán”, que comenzaba así:

“Es extremadamente raro que una persona razonable esté alguna vez de acuerdo con algo de lo que diga o haga el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. Sin embargo, debe admitirse que Bibi ha acertado, al menos en lo que respecta a tratar con Irán.”

O el columnista Ahmad al Faraj, que el pasado lunes escribía lo siguiente en el diario saudí Al Yazirah:

“Estoy encantado con la firme postura de Netanyahu y con su decisión de hablar en el Congreso estadounidense en contra del acuerdo nuclear, pese al enfado y la furia de la Administración Obama. Creo que la conducta de Netanyahu sirve a nuestros intereses, la gente del Golfo, mucho más que el absurdo comportamiento de uno de los peores presidentes estadounidenses.”

Está claro que permitir que Irán alcance capacidad nuclear sería terrible. Pero permitir que todo Oriente Medio –una de las regiones más inestables del mundo– la alcanzara sería infinitamente peor. Y la única forma de que un acuerdo con Teherán lo evite es que éste resulte aceptable para los vecinos árabes de la República Islámica. Gracias a Ucrania,no hay garantía de seguridad estadounidense que pueda compensarlos por un acuerdo que consideren inadecuado.

Autora: Evelyn Gordon
Fuente: Commentary Magazine – OSA Filial Córdoba
Traducción: elmed.io