Opinión: Sucot, la fiesta que se aburguesó

En la mañana de la víspera de Sucot, en el shuk (mercado) de Beer Sheva, el etrog, cítrico de forma parecida a un membrillo y una de las cuatro especies requeridas para la bendición diaria correspondiente cuando se entra en la sucá, se “liquidaba” a 5 shekels. Para que el lector tenga una idea de la “barbaridad” que estoy comentando les informaré que el precio, “en plena temporada” se cotiza entre 50 y 500 shekels, según su calidad y apariencia, “pero estamos en el minuto 90”, comentó un comerciante a su potencial cliente.

El etrog es una fruta que pese a tener aroma y sabor, en mis 34 años en Israel no la he visto comercializar en ninguna frutería o verdulería del país, fuera de la época de Sucot, y a pesar de que durante el año no es comerciable por falta de demanda, para la fiesta se cotiza en exorbitantes y astronómicas cifras.-

¿Por que sucede esto? Muy simple. Los que “entienden” buscan la fruta perfecta (¿?) para exhibirla ante D-os cuando entran en la sucá para la correspondiente bendición. Pero ni en la Torá ni en ningina de las Escrituras está especificado que forma ni que condiciones tiene que llenar el etrog, porque lo importante del mismo no es su belleza o su perfección física, sino el significado de su intrínseco valor representativo, cosa que los religiosos relegaron a segundo lugar, concentrándose en lo material, concepto completamente opuesto a los dictados espirituales emanados de la Torá. Lo mismo sucede con las palmeras, las ramas de mirto y las hojas de sauce, que sufren la misma e incorrecta selección.-

Pero al sobreprecio que los creyentes pagan por las cuatro especies para esta celebración, se agrega el costo de las mismísimas sucot que hoy se cotizan a precios cada vez menos accesibles, debido a los materiales y las ornamentas adicionales que los avispados comerciantes agregan a las mismas para que parezcan más bellas y confortables. Y nuevamente estamos olvidando la razón y el sentido que la Torá le dió a las mismas: “…para que vuestras generaciones venideras sepan que en cabañas hice Yo habitar a los hijos de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto” (Levítico 23-43), es decir, en nuestro Libro Sagrado se hace incapié en lo provisorio y humilde de las viviendas (tiendas) en las que los judíos debemos alojarnos durante siete días, las que nos recuerdan, -y no deben diferir en mucho-, las que habitaron nuestros antepasados durante los cuarenta años que duró su peregrinaje rumbo a la Tierra Prometida.-

Y si a ello agregamos que casi todas las sucot hoy reciben iluminación eléctrica que se origina en las viviendas fijas de los creyentes, que se olvidan que la Torá impone que el techo de las mismas deje pasar la luz de la luna y las estrellas durante la noche, basándose en un obvio espíritu de humildad y precariedad, y si pensamos que nuestros antepasados, los primeros que habitaron en una sucá y los primeros en bendecirla portando en sus manos el manojo con las cuatro especies, no seleccionaron ni belleza, ni forma, ni comodidad, ni perfección de la sucá, ni de las cuatro especies, tenemos completado un panorama que nos hace reflexionar que algo se tergiversó en esta tan sagrada fiesta, y nos hace pensar que, lamentablemente, la fiesta de Sucot se aburguesó.-

Autor: Alberto Abadi
Beer Sheva – Israel