Opinión: Solo por ser judíos

Por eso los mataron. No se trató ni de un asesinato en masa ni de un simple y repudiable genocidio. El Holocausto, como se intenta traducir a la Shoá, fue un genocidio sistemático, teorizado, planificado e implementado por el gobierno de una de las sociedades más cultas de ese entonces, Alemania.

Es incomparable con cualquier suceso previo y posterior en la historia de la humanidad. El Nazismo dista de cualquier teoría política, porque no es eso. El Nazismo es una teoría racial que clasificó grupos étnicos, nacionales y religiosos, catalogándolos como razas, superiores e inferiores. Por supuesto, los judíos se encontraban dentro de estos últimos.
Antes que al mundo incorpore lo sucedido en la Shoá -si es que realmente le importa, porque recién en 2005 la ONU resolvió la conmemoración del Día Internacional del Holocausto, tardaron 60 años- Israel no lo veía como algo ajeno.

Ya en 1951 la Knesset –el parlamento israelí- lo conmemoró bajo el nombre de “Día de la Shoá y de la revuelta de los guetos”. En 1953 recibió su denominación actual del “Día de la Shoá y de la Valentía”, adquiriendo status de ley nacional en 1959.

¿Cuál fue el evento que se eligió para la conmemoración, dentro de los seis años que duró la Segunda Guerra Mundial? La revuelta del Ghetto de Varsovia. El por qué es muy claro, no hay que victimizarse, sino optar por el camino de la dignidad y la vida.

El levantamiento del ghetto de Varsovia comenzó después del intento de Jürgen Stroop, Comandante de la SS y la policía nazi, para asesinar a todos los habitantes del ghetto el 19 de abril de 1943, y presentar el “logro” al Führer al día siguiente por su cumpleaños.

El desafío es cada vez mayor. Son cada vez menos los que quedan para contarlo en primera persona. Estamos viviendo en tiempos donde estadistas explicitan su negacionismo por un lado, y deseo de aniquilar al Estado de Israel, fundado no por, sino a pesar de la Shoá.
Por eso, ahora más que nunca, recordar y no dejar olvidar.

Hitler, Mussolini y su yerno Ciano

Hitler, Mussolini y su yerno Ciano

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Fuente: OSA Filial Córdoba – Autor: Ale Mellincovsky