Lider religioso palestino dando un discurso cuchillo en mano

Opinión – Palestina: La Etapa psicótica

Si usted viene siguiendo las noticias desde Israel, podría tener la impresión que “la violencia” está matando a mucha gente. Como en este titular: “Palestinos muertos mientras que la violencia continúa”. O este primer párrafo: “La violencia y el derramamiento de sangre se irradia hacia el exterior, desde los puntos de inflamación en Jerusalén y Cisjordania, y ellos parecen estar cambiando de marcha y en vías de expansión, con Gaza cada vez más sumergida en la ola de violencia”.

Yendo más lejos, usted también podría tener la sensación de quien es, según los medios de comunicación occidentales, quien comete “esa violencia”. Como en este titular: “Dos adolescentes palestinos reciben un tiro de un policía israelí”, o: “El vengativo ataque israelí en la Franja de Gaza mata a una mujer y un niño, afirman los Palestinos”, nos informa otro.

Esa es la forma de describir las dos semanas de ataques palestinos que comenzaron cuando el Hamás mató a una pareja de judíos que se dirigían con sus cuatro hijos por el norte de Cisjordania. Dos días más tarde, un adolescente palestino apuñalaba a muerte a dos israelíes en la Ciudad Vieja de Jerusalén, y también hería a una mujer y a su bebe de 2 años de edad. Horas más tarde, otro palestino portador de un cuchillo fue muerto a tiros por la policía israelí tras haber atacado y herido a un niño israelí de 15 años de edad, en el pecho y en la espalda.

Otros ataques palestinos incluyeron el apuñalamiento de dos hombres israelíes de edad avanzada y un ataque con un pelador de verduras de un joven de 14 años. El domingo, un hombre árabe-israelí atropelló a una soldada de 19 años de edad, en una parada de autobús y, a continuación, salió de su coche, la apuñaló, y atacó a dos hombres y a una niña de 14 años de edad. Varios ataques han sido llevadas a cabo por mujeres palestinas, incluyendo un atentado suicida fracasado.

En cuanto a las causas de este fetiche sangriento palestino, las agencias noticiosas occidentales han recurrido a los patrones familiares. Los palestinos han perdido la esperanza en los resultados del proceso de paz, no importa que el presidente palestino, Mahmoud Abbas, acaba de declarar que los Acuerdos de Oslo son, para él, nulos. Los políticos israelíes quieren permitirle a los judíos rezar en el Monte del Templo, no importa que Benjamin Netanyahu haya negado eso y haya prohibido que políticos israelíes visiten el sitio. Siempre existe la vetusta fórmula del “ciclo de violencia” que sostiene que nadie y todo el mundo son responsables a la vez y al mismo tiempo.

Fuera de eso, la mayor parte de estas historias es, de algún modo, las historias que cuentan los líderes palestinos. Como si fuesen pepitas dispersas en el discurso que ofreció el Sr. Abbas el mes pasado: “La mezquita de Al-Aqsa es nuestra. Ellos [los judíos] no tienen ningún derecho de profanarla con sus pies asquerosos”, o: “Bendecimos cada gota de sangre derramada para Jerusalén, ya que es sangre limpia y pura, la sangre derramada para Allah”.

Luego viene el acicate del clero musulmán. “Hermanos, es por eso que recordamos hoy lo que le Dios les hizo a los judíos”, afirmó un imam de Gaza el viernes en un sermón filmado, traducido por el inestimable Instituto de Investigación Mediática de Oriente Medio, o MEMRI. “Hoy en día, nos damos cuenta de por qué los judíos construyen muros. Ellos no hacen esto para detener los misiles, sino para evitar el corte de sus gargantas”. Entonces, blandiendo un cuchillo de seis pulgadas de largo añadió: “¡Mi hermano en Cisjordania: Puñalada!”

Imagínese si un ministro blanco, digamos, de Carolina del Sur predica de esta manera acerca de los afroamericanos, con el cuchillo y todo: ¿Los medios de comunicación lo denunciarían? ¿Presentaríamos “los ambos lados periodísticos” de la misma forma que cuando se trata de los israelíes y los palestinos, con largas piezas que tratan de explicar y justificar de manera implícita los agravios que había sufrido ese ministro o la forma en que su país le había robado?

¿Y esto se complementará con la habitual falsedad matemática del oprobio moral, que es la moneda corriente de los periodistas que cubren el conflicto entre Israel y Palestina? En la versión de Oriente Medio, cuanto más alta sea la cifra de muertos palestinos más alta será la culpabilidad israelí (tal vez los paramédicos israelíes deberían dejar de tratar a las víctimas acuchilladas para ayudar a igualar el marcador). En una versión estadounidense, ¿deberían los medios citar más la incidencia en los crimenes negros-sobre-blancos para “equilibrar” las historias sobre racistas blancos?

Yo no creo que deba ser así.

Tratados se han escrito sobre el estado mental del conjunto de los medios de comunicación a la hora de contar la historia de Israel. Dejaremos eso a un lado por ahora. La pregunta importante aquí es ¿por qué tantos Palestinos han sido atrapados por la actual lujuria de sangre – por qué razón una psicosis comunal les impulsa a sumergir cuchillos en los cuellos de mujeres judías, niños, soldados y civiles como si se tratase de un deber religioso y patriótico, como si fuese una orden moral. ¿Desesperación por la situación del proceso de paz, la economía? ¡Por favor! Es hora de dejar de proporcionarle a los Palestinos con las excusas que ellos mismos no se molestan en confeccionar.

Por encima de todo, es el momento de derrotar al odio. Entendemos todo el poder explicativo cuando se trata de la esclavitud americana o el Holocausto. Los entendemos todo cuando vemos el odio de los poderosos contra los débiles. Sin embargo, fallamos en ver ese odio cuando nos crea molestias sobre nuestras tendencias consoladoras entre la gente que es básicamente buena, o el deseo de ver las mismas cosas para “sus” niños, o cuando somos capaces de ser empáticos.

Hoy en Israel, los Palestinos están en medio de una campaña para acuchillar a los judíos a muerte, uno por uno. Esto es psicótico. Es malo. Calificar a eso de otra forma solamente sirve para ser apologista, y cómplice.

HEBREOS.Net
Fuente: Hatzad Hasehini
Autor: Bret Stephens (The Wall Street Journal)