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Opinión: Lo que los medios ocultan, creando un “relato” de culpabilidad israelí

En más de una oportunidad hemos señalado que da la impresión de que que una amplia mayoría de medios en español “informa” (más bien, siguiendo a Giovani Sartori – Homo videns -, desinforma: informa mal, distorsionando) de aquellos hechos que se ajustan a su “narrativa” ideológica – ajustando, a su vez, esos hechos, para que encajen bien.

En este sentido, los medios han establecido, en contra de la lógica y la Historia, que el origen de todos los males – y claro, del terrorismo palestino (denominado, como mucho, “violencia” en “olas” o “espirales”, que responden a una causa israelí) – se encuentra en la “ocupación” israelí. Es decir, se resetea (y acomoda) la información, al momento que todo pueda señalar a Israel como el culpable, responsible, incluso del terrorismo palestino que asesina a sus propios ciudadanos.

El problema de esa “explicación” (a veces, casi parece una “justificación” del terrorismo palestino, debido al esfuerzo contorsionista que se invierte en la misma) es que la violencia árabe-palestina entre 1967 y 1949 – incluso anterior (la masacre de Hebrón en 1929, por ejemplo) – la echa por tierra. De hecho, la OLP no se creó sino hasta 1964, y lo fue por parte de la Liga Árabe, a instancias del presidente egipcio Gamal Nasser: una estrategia o herramienta más bien árabe que palestina…

La “ocupación” no es la razón del conflicto, sino una consecuencia del mismo.
Precisamente, un artículo publicado el 2 de octubre de 2015 en el diario Ha’artez – habitual referencia y fuente de información para medios en español – sostenía que los palestinos directamente no aceptan el derecho de Israel a existir:

“De acuerdo a [la] visión [palestina del conflicto], los palestinos ven a todo Israel – no sólo Cisjordania y Gaza – como análogo a Argelia: un país árabe del que los colonialistas extranjeros fueron finalmente expulsados. Por esto es que Israel – incluso con sus límites anteriores a 1967 – no aparece nunca en los libros de texto palestinos…”.

Admás, indicaba que si bien la mayoría de los israelíes (y, podría agregarse, de la comunidad internacional) sostienen que el conflicto es territorial y tienden a creer que un acuerdo territorial vinculado a la Línea Verde pre-1967 es una vía de alcanzar una eventual solución al conflicto; el comportamiento palestino bajo Arafat, en Camp David en 2000 (abandono de las conversaciones e inmediato lanzamiento de la segunda intifada), así como durante las negociaciones entre Abbas y el ex primer ministro israelí Ehud Olmert, sugieren que algo más profundo está en juego.
Acaso, no tan profundo. A fin de cuentas, está muy en la superficie, muy visible. El problema es que los medios lo entierran.

El 9 de febrero de 2016, el diario Times of Israel indicaba que el canal 10 israelí había publicado la traducción de un mensaje de texto enviado por un palestino (Ahmad Zakarneh) a sus padres poco antes de cometer un atentado en Jerusalén junto a otros dos, en el que asesinaron a la joven policía Hadar Cohen.

Decía el mensaje:

“Madre, voy al cielo. Si me ves sofocar en mi vieja sangre, alégrate. No digas ‘murió’ y te entristezcas, pues yo estoy viviendo a la luz de las velas bajo el trono de honor del Señor”.
“Perdóname, padre. Yo anhelaba la muerte de un santo. Mi religión me llamó a respetar el ritual. Soy un mártir, por la ayuda de Alá. Regocíjate”.

Ni la “desesperación” ni la “ocupación”, la religión…

A fin de cuentas, ya lo había dicho alto y claro Ismael Haniyeh, uno de los líderes del grupo terrorista Hamas, en su discurso durante un mitin el 19 de enero de 2016:

“Esta intifada no es el resultado de la desesperación. Esta intifada es una yihad, una guerra santa de los palestinos contra la ocupación sionista. Sólo una guerra santa expulsará al ocupante de Palestina”.

Dirán, algunos, “es la ocupación, ¿no lo ve?”

La respuesta: ¿Qué cree usted que Haniyeh – es decir, Hamas – entiende por “territorio ocupado”?

El artículo 11 de la Carta fundacional del grupo terrorista Hamas lo deja bien en claro:

“El Movimiento de Resistencia Islámica considera que la tierra de Palestina es un Waqf islámico consagrado a las futuras generaciones musulmanas hasta el Día del Juicio. Ni a ella, ni ninguna parte de ella… se puede renunciar… Esta es la ley que rige para la tierra de Palestina en la sharía (ley) islámica, e igualmente para todo territorio que los musulmanes hayan conquistado por la fuerza, porque en los tiempos de las conquistas (islámicas) los musulmanes consagraron aquellos territorios a las generaciones musulmanas hasta el Día del Juicio… Todo procedimiento que contradiga la sharía islámica, en lo que concierne a Palestina, es nulo y sin valor”.

Todo Israel es “territorio musulmán” “ocupado”.

Y nuevamente, la religión…

Por su parte, la Carta de la OLP (de la cual Fatah – liderada por Mahmoud Abbas – es la organización mayoritaria) – que debía modificarse a raíz de los acuercos de Oslo, pero ha permanecido inalterada – dice, en su primer y segundo artículos:

“Palestina es la patria del pueblo árabe palestino; es una parte indivisible de la patria árabe, y el pueblo palestino es una parte integral de la nación árabe.
Palestina, con las fronteras que tenía durante el mandato británico, es una unidad territorial indivisible”.

Y en su artículo 21:

“El pueblo árabe palestino, que se expresa a través de la revolución palestina armada, rechaza todas las soluciones que son sustitutos de la liberación total de Palestina y rechaza todas las propuestas encaminadas a la liquidación del problema palestino…”.

Una cuestión étnica… Y la violencia como herrmienta…
Qué manía la de los palestinos y sus líderes de desmentir a los periodistas.
Finalmente – aunque las declaraciones abundan -, en una lección pronunciada en la mezquita de Al-Aqsa (y subida a internet el 27 de octubre de 2015), el clérigo palestino jeque Khaled Al-Maghrabi dijo, según informó el Middle East Media Research Institute:

“En un abrir y cerrar de ojos y con una sola palabra, Alá es capaz de aniquilar a los judíos en todo el mundo, hasta el último. Pero, ¿qué quiere Alá? Quiere que actuemos para llevar a cabo su orden. Nos preguntamos: ¿qué debemos hacer para implementar la orden de Alá? Lo más importante que podemos hacer para implementar la orden de Alá… Y esto es algo que existe en la mezquita Al-Aqsa… Decimos que la ribat [conflicto religioso / guerra sobre tierra que ser reclama como islámica] en la mezquita Al-Aqsa es la misión más importante que puede ser llevada cabo por una persona elegida por Alá para ser del pueblo de Al-Aqsa”.

“Aniquilar judíos”…

“Ribat”; es decir, guerra religiosa…
Casi un año antes de esta “lección”, el propio presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas declaraba (palabras emitidas 19 veces por la televisión de la Autoridad Palestina entre el 17 y el 19 de octubre de 2014):

“Hay personas realizando el ‘Ribat‘ [conflicto religioso / guerra sobre tierra que ser reclama como islámica]. Todos debemos llevar a cabo el ‘Ribat‘ en Al-Aqsa [mezquita]. No es suficiente decir: ‘los colonos han llegado [a la mezquita]’. Han venido, y no deben venir al Santuario (es decir, Monte del templo). Tenemos que evitar, de cualquier modo, que entren en el santuario. Este es nuestro Santuario…”.

El mismo Abbas que el 28 de octubre de 2015 decía ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU:

“…esta prolongada ocupación israelí de nuestra tierra. Luego de 67 años [es decir, desde la creación del Estado de Israel]…”.

Todo parece tan claro, que algunos estiman necesario oscurecerlo al punto de hacerlo desaparecer…

Difícil evaluar si es el desconocimiento o la voluntad, los que conducen a algunos periodistas a convertirse en una herramienta (involuntaria o voluntaria) de la estrategia de propaganda palestina.

Lo que sí puede decirse, es que yerran por mucho en sus valoraciones morales – que poco tienen que ver con la labor de informar sobre los hechos -, sean éstas explícitas o no.
Ernesto Garzón Valdés, filósofo argentino que fue profesor de filosofía del derecho en universidades de Argentina y Alemania, explicaba muy claramente:

“… cuando quien combate por la libertad de su pueblo utiliza el método terrorista, convierte una causa cuya legitimidad podría ser objeto de evaluación moral positiva en una empresa inexcusable. Dado que el terrorismo es un método de ejercicio de la violencia, toda persona o grupo de personas que lo utilice se transforma en terrorista, ocasional o permanente, en el respectivo ámbito de su actuación”.

Tan claro, que algunos estiman preciso ignorarlo…
Y, aún así, el terrorismo sigue siendo terrorismo, aunque se lo maquille detrás de eufemismos.

HEBREOS.Net
Autor: Marcelo Wio 
Fuente: RevistaMo