Opinión: Lo que los manifestantes anti-Israel no comprenden de la Declaración Balfour

La campaña emprendida por los palestinos y sus partidarios para exigir que Gran Bretaña se disculpe por la Declaración Balfour, un siglo después de su emisión, traiciona una vez más su fundamental incomprensión de cómo y por qué nació el moderno estado de Israel. Israel es el resultado de una acción judía deliberada, no de unos documentos extranjeros. Israel es un país trabajado y conseguido, no una tierra dada.

La declaración Balfour, la breve declaración escrita durante la niebla de la Gran Guerra por Lord Balfour para Lord Rothschild, en la cual se expresaba la opinión favorable del Gobierno de Su Majestad al establecimiento de un hogar judío en la tierra ancestral de los judíos, demuestra la notable manera en que el sionismo fue capaz, en unos pocas cortas décadas, de infundir a los judíos un espíritu soberano.

Se dan múltiples explicaciones sobre por qué en 1917 el ministro de Asuntos Exteriores británico emitió esa declaración a un judío prominente: por ejemplo, van desde el antisemitismo británico, a la filosofía religiosa británica y a los intereses de guerra británicos. Pero todos estos factores habrían sido irrelevantes en ausencia de una deliberada acción judía. Sin las dos décadas anteriores de activismo sionista para defender la autodeterminación judía en la Tierra de Israel y el espíritu sionista de Weizmann, quien utilizó sus conexiones y su poder de persuasión con ese fin, el antisemitismo británico, el filosemitismo religioso británico o los intereses de guerra británicos no habrían dado lugar a ninguna carta.

Además, sin la movilización colectiva judía en nombre de su autodeterminación y liberación, esta Declaración – junto con muchas otras promesas, cartas y declaraciones que fueron realizadas por las naciones poderosas hacia pueblos menos poderosos al final de la guerra -, todo ello habría quedado en nada.

Nada de lo que vino después, el establecimiento de un autogobierno embrionario de los judíos en su tierra, el mandato de la Liga de las Naciones para Palestina por el cual encargaban a los británicos la tarea específica de ayudar a los judíos en el establecimiento del hogar nacional en su tierra, la inmigración de judíos, la construcción de ciudades, pueblos y el desarrollo de la agricultura, las instituciones colectivas así como económicas, políticas y culturales, el establecimiento de un cuasi estado en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, el apoyo de mala gana de las Naciones Unidas después de la guerra al establecimiento de un estado independiente en parte de la tierra, y finalmente la creación de un estado independiente en parte de la tierra, nada de todo eso fue pre-ordenado de antemano.

Frente a una importante oposición diplomática, además de una violenta oposición árabe, con unos británicos que renegaron de sus promesas nada más que pusieron sus manos sobre la tierra, con poderosas fuerzas determinadas a evitar que los judíos alcanzaran la libertad, la igualdad y la soberanía, cada pequeño y frágil logró que consiguieron fue gracias al permanente compromiso de los judíos sionistas a la causa de la liberación nacional, un compromiso colectivo que requirió una gran movilización y un gran despliegue a nivel diplomático, narrativo y económico, además de habilidades militares, y en última instancia, una gran capacidad de permanecer centrados en el objetivo primordial de la soberanía e independencia, incluso al precio de las partes de la tierra con las que tenían un profundo vínculo histórico y una reclamación sancionada internacionalmente.

La idea de los judíos como jugadores activos de la historia – como dueños de su destino – todavía era desestimada por pueblos y civilizaciones que se han estructurado sobre la presunción de que los judíos debían permanecer en el cubo de basura de la historia. Para muchos de ellos, la posibilidad de que los judíos pudieran operar sobre la historia, tal como hacen los demás pueblos, en múltiples frentes – diplomático, económico y militarmente – sigue siendo tan fantasiosa para ellos que la historia de Israel sólo puede tener sentido y explicación por oscuras y sombrías motivaciones.

Para disgusto de aquellos que quieren devolver a los judíos “a su auténtico lugar“, el Estado de Israel se fundó treinta y un años después de la Declaración Balfour, precisamente porque los judíos sionistas confiaban en su destino como los demás. A través de sus acciones, desde 1917 en adelante, los judíos sionistas simplemente le dijeron a Gran Bretaña y al mundo: “Muchas gracias, Lord Balfour. Nosotros seguiremos desde aquí“.

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Fuente: SAFED – TZFAT
Autor: Einat Wilf