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Opinión: Lo que Israel no necesita de Trump

¿Qué suposiciones podemos hacer acerca de la política exterior estadounidense en los próximos cuatro años, especialmente con respecto a Oriente Medio? La primera, creo, es que el contraste entre las políticas de Trump y los del presidente Obama no será tan grande como la gente piensa.

Aunque Trump ha hablado de querer “patear el trasero de ISIS” y ha estado dispuesto a nombrar al Islam radical como la fuente de la amenaza terrorista contra Occidente, del mismo modo que Obama, se siente incómodo con usar el poder de Estados Unidos. Sus instintos neo-aislacionistas y su deseo de efectuar un acercamiento con Rusia representan un cambio respecto del tono de Obama. Pero la decisión de la actual administración de permitir a Rusia la libertad de acción en Siria ya le ha dado a Moscú lo que quería. No hay prácticamente nada que Trump pueda hacer para apaciguar a los rusos -incluyendo distanciar a Estados Unidos de los aliados de la OTAN en Europa del Este- que Obama no ha intentado ya con consecuencias desafortunadas.

Los aliados árabes como Arabia Saudita y Egipto, que deben reflexionar sobre un futuro con una Norteamérica que ya no está dispuesta a cumplir sus compromisos en la región, pueden preocuparse, pero si es así no será diferente de su actual dilema tras el Acuerdo nuclear de Irán.
Con respecto a Irán, dada la retórica de Trump, hay una expectativa de que habrá un cambio dramático en la política estadounidense. Pero incluso allí, las contradicciones en las posiciones de Trump tendrán que ser resueltas antes de que se aclare la situación. Trump ha denunciado correctamente el acuerdo nuclear. Pero eso no significa que lo rompa. Hacerlo también implicaría un conflicto con Rusia e Irán sobre Siria y la guerra contra ISIS. A menos que Trump esté dispuesto a dar prioridad a un conflicto con Irán por encima de su deseo de ser amable con Moscú y evitar futuros conflictos, el acuerdo nuclear permanecerá en su lugar.

¿Cuál es su política con respecto a Israel y los palestinos?
Barack Obama llegó a la presidencia no sólo creyendo profundamente en el imperativo de los EE.UU. de la intermediación de paz entre Israel y los palestinos, sino también pensando que la manera de conseguirlo era crear más distancia entre los EE.UU. y el estado judío. Él llevó a cabo esa política durante ocho años sin éxito. En sus últimos dos meses en el cargo, Obama puede tomar una oportunidad más contra los israelíes con una traición en las Naciones Unidas, reconociendo la independencia palestina sin requerirles que hagan la paz primero.

Por el contrario, aunque la comprensión de la política de Trump es escasa, él parece no tener tales ilusiones sobre la disposición de los palestinos a hacer la paz o el valor de la presión estadounidense sobre Israel. Nadie debería sorprenderse si algunas de sus promesas de campaña, como su voto de trasladar la embajada de Estados Unidos a Jerusalén, no se cumplen.

Puso nerviosos a los amigos de Israel con la charla de imparcialidad durante las primarias y su deseo de lograr lo que él llama un “acuerdo de bienes raíces.” Sin embargo, a diferencia de Obama, Trump no está obsesionado con la falacia de que, si se lo deja decidir su propio destino, Israel está condenado y que debe ser salvado de sí mismo. La inmensa mayoría de los israelíes ha decidido que más retiros territoriales deben esperar un cambio radical en la cultura palestina que conducirá a sus líderes para hacer la paz y reconocer la legitimidad de un estado judío. Obama y muchos críticos liberales judíos de Israel creen que Israel debería verse obligado a retirarse de Cisjordania y partes de Jerusalén a pesar de la posibilidad real de que esto pueda crear una nueva Gaza, donde ya existe un estado terrorista palestino independiente. Tan desagradable como el status quo puede ser para ambas partes, es mejor que un diktat internacional que debilitará a Israel y hará aún más probable una nueva ronda de derramamiento de sangre.

Habrá una intensa presión internacional sobre Trump para ajustarse a las posiciones de la administración última en presionar a Israel, pero su actitud atípica realmente puede traer una ruptura con décadas de políticas fallidas de los Estados Unidos. Dicho esto, Israel y los países árabes tendrán motivos para preocuparse si Trump continúa retrocediendo del compromiso en la región o si deja a Rusia la política hacia Irán.

HEBREOS.Net
Autor: Jonathan S. Tobin
Fuente: Commentary