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Opinión: La distorsionada lógica de la postura de EE.UU. sobre Jerusalém

La decisión de la Corte Suprema de EE.UU. de respaldar a la Administración del Presidente Barak Obama en la Disputa Pasaporte Jerusalén plantea una cuestión de lógica que va más allá de la controversia jurídica implicada en dicha decisión.

Los jueces de la Corte Suprema de EE.UU. se han pronunciado principalmente sobre la cuestión de si el Poder Ejecutivo o el Poder legislativo, según la Constitución de EE.UU., debe tener la autoridad única o primordial para decidir asuntos de este tipo en el ámbito de la política exterior.
La cuestión de si Jerusalén debe ser reconocida como una parte integral del territorio soberano de Israel ha sido secundaria.
Sin embargo, observando este asunto más ampliamente, no hay duda de que ésta es la cuestión principal, tanto política como jurídicamente, porque, para empezar, una respuesta lógica y racional a la misma habría convertido en innecesario a este caso legal.
La controversia surgió porque un niño nació en Jerusalén y sus padres querían que, en su pasaporte estadounidense, la palabra “Jerusalén” estuviera seguida por el nombre del país en el que nació: Israel. Éso era inaceptable para el gobierno de EE.UU. Jerusalén, así se afirmó, es un territorio en disputa y por lo tanto la ciudad, una parte de la misma, no debe ser mencionada como parte de Israel.

La capital de Israel es Jerusalén. El gobierno está ubicado allí; también lo están la Corte Suprema de Justicia y el Banco de Israel. De hecho, éstos se encuentran en Jerusalén Occidental, que es visto por la comunidad internacional como una parte integral del territorio soberano de Israel, incluso después de un futuro acuerdo de paz con la Autoridad Palestina.

Después de todo, tanto el gobierno de EE.UU. como la comunidad internacional en su conjunto consideran a las Líneas de Armisticio de 1949, también conocidas como las fronteras de 1967, que incluyen a Jerusalén Occidental, como las fronteras internacionalmente reconocidas de Israel.

Sin duda hay una disputa entre Israel y el resto de la comunidad internacional en cuanto al estatus de Jerusalén Oriental. La comunidad internacional se opone a la posición oficial de Israel según la cual Jerusalén Oriental es una parte integral de una ciudad unida bajo soberanía israelí. Según la misma, el estatus de Jerusalén Oriental, como el de la Margen Occidental, debe ser negociado entre Israel y la Autoridad Palestina con el objetivo de establecer un estado palestino junto a Israel.

Sin embargo, el gobierno de EE.UU. y la comunidad internacional aceptan explícitamente que Jerusalén Occidental es parte del territorio soberano de Israel y entienden implícitamente que los barrios judíos más allá del mismo (que forman parte de Jerusalén) permanecerían bajo gobierno israelí tras un acuerdo de paz.
¿Entonces por qué el gobierno de EE.UU. objetaría la adición de la palabra ‘Israel’ junto a la ciudad de Jerusalén? Si el gobierno de EE.UU. quisiera ser legalmente preciso podría declarar que reconoce, o al menos acepta, que Jerusalén Occidental es parte de Israel. Sin embargo, el gobierno de EE.UU. se niega a aceptar cualquier parte de Jerusalén como perteneciente a Israel.

Sin lugar a dudas, Jerusalén no estaba destinada a ser parte del Estado Judío según el Plan de Partición de las Naciones Unidas de 1947.
Sin embargo, hay otros territorios que no se suponía iban a ser parte del Estado Judío de acuerdo con el Plan de Partición de la ONU de 1947 que, como consecuencia de la guerra que se produjo tras el rechazo a apoyarlo por parte de los estados árabes y el liderazgo palestino, fueron incorporados al recién creado Estado Judío.
Estos territorios son vistos por la comunidad internacional como territorio soberano de Israel; así que ¿por qué no Jerusalén Occidental? Si las Líneas de Armisticio de 1949 son consideradas como la base para un futuro acuerdo entre Israel y la Autoridad Palestina, ¿por qué hacer una distinción entre, por ejemplo, Acre, Jaffa y Jerusalén Occidental?

Si lógicamente no se debería formular ninguna distinción, ¿cuál es el problema de reconocer, o al menos aceptar, que Jerusalén Occidental es una parte integral de Israel?
Incluso el argumento, presentado por la Administración Obama, así como por otros gobiernos en todo el mundo, que al pretender que Jerusalén – o al menos su parte occidental – no pertenece a Israel y por lo tanto no es la capital de Israel, se evita una posible crisis con el mundo árabe, no está justificado por la realidad. Después de todo, la mayoría de los estados árabes y musulmanes llamaron a una solución de dos estados basada en las fronteras de 1967. De acuerdo a la misma, Jerusalén Occidental debe permanecer dentro de la soberanía israelí. Así que… ¿Cuál es el problema, entonces, de reconocer, o al menos aceptar, que Jerusalén Occidental es parte de Israel?

El problema con la decisión de la Corte Suprema de EE.UU. radica en la posición original del gobierno de EE.UU. Si el gobierno de EE.UU. siguiera la lógica de su línea oficial, habría aceptado que Jerusalén Occidental es parte de Israel y por lo tanto este caso no habría llegado a la Corte Suprema.

*La foto del artículo: La Ciudadela de David y el Muro Otomano

Traducido para porisrael.org por José Blumenfeld para PorIsrael.org
Fuente: http://newjurist.com/the-distorted-logic-of-the-us-stance-on-jerusalem.html

Acerca del Autor
El Dr. Yoav J. Tenembaum es conferencista en el Programa de Diplomacia (Departamento de Ciencias Políticas) para graduados, Universidad de Tel Aviv, Israel. Uno de los cursos que enseñó es sobre Diplomacia y Resolución de Conflictos en la Historia Moderna, que pone mucho énfasis en el desarrollo del Derecho Internacional y su aplicación en la resolución de conflictos internacionales
Enseñó también sobre Diplomacia y Crisis Internacionales, La Formación de la Política Exterior y Toma de Decisiones, y otros. El Dr. Tenembaum ha dado conferencias extensamente sobre varios aspectos del conflicto árabe-israelí, en Israel, Sudamérica y Gran Bretaña. En varias ocasiones ha sido invitado a dar conferencias sobre el tema por el Centro de Estudios Internacionales de la Universidad de Cambridge