Opinión: Hipócritas

Varios elementos en el mundo árabe e islámico se hacen los ofendidos.

Advierten contra la violencia que estallará por “la humillación al Islam” y acusan a Israel de antemano por la responsabilidad “si hay víctimas” y el control de la situación “se va de las manos”.

También lanzan un ultimátum de 24 horas a Israel para que retire los detectores de metales colocados el domingo último en tres de los accesos a las mezquitas, advirtiendo respecto a las “terribles consecuencias” si ello no sucede, aunque esas consecuencias las estaría determinando la violencia que ellos mismos inciten.

De lo que no dicen ni una palabra, es de la razón por la que Israel, por primera vez en la historia, colocó esos detectores de metales: porque en el propio monte sagrado, tres terroristas usaron armas de fuego el viernes pasado 14 de julio, para asesinar a dos policías israelíes. De esa flagrante violación de la santidad de un sitio de oración, no los oímos hablar.

Hipócritas.

Pues es oportuno refrescar la memoria.

Fue a raíz del atentado del viernes último en el que tres terroristas asesinaron a dos policías israelíes con armas de fuego sobre el Monte del Templo que Israel tomó medidas de seguridad que los musulmanes calificaron de “provocación” y “cambio unilateral del status quo”. A juzgar por las imágenes que las agencias internacionales transmitieron en los últimos días, de musulmanes orando en la calle y mujeres llorando por “Al Aksa”, el ciudadano promedio del mundo debe haber creído que Israel les ha prohibido rezar en sus santuarios y que limita por la fuerza la libertad de cultos, contrariamente a lo que proclama por doquier, o en el mejor de los casos, que los quiere humillar al obligarlos a pasar por detectores de metales para ingresar a las mezquitas.

Pues la realidad es otra muy distinta. Y la hemos visto con nuestros propios ojos.

Las mezquitas de Al Aksa y el Domo de la Roca sobre el Monte del Templo-que los musulmanes llaman Haram al-Sharif- fueron cerradas a fines de la semana pasada por 48 horas a raíz del atentado en el que fue cometido un doble asesinato en la propia zona sagrada. El lugar se cerró no sólo a los musulmanes sino también a visitas de judíos y cristianos. Y todo, para inspeccionar y revisar, más que nada si hay armas en el Monte. Cabe recordar que en el pasado, en no pocas oportunidades fueron hallados depósitos de rocas y botellas incendiarias utilizados en disturbios en el lugar.

En la investigación policial ya se ha confirmado que los tres atacantes recibieron las armas de otra persona en el Monte del Templo, ingresaron a la mezquita de Al Aksa con las armas en una mochila, salieron luego de la mezquita con esa mochila en la espalda de uno de ellos y se cambiaron de ropa en algún sitio en el monte mismo, escondiendo las armas debajo de la ropa. Todo fue captado por las cámaras de seguridad que funcionan por toda la Ciudad Vieja, cuyas imágenes fueron armadas como rompecabezas por la policía israelí. Vimos la filmación.

El domingo al mediodía, se reabrió el Monte y se volvió a permitir el acceso al lugar a los musulmanes, por 3 de los 9 accesos por los que pueden normalmente entrar al lugar. Judíos y cristianos volvieron también a visitar el monte, aunque con ciertos altibajos y no en todos los horarios permitidos usualmente.

El gran cambio desde la reapertura, fue que la policía israelí, por decisión del Primer Ministro, colocó detectores de metales en los accesos, no junto a la puerta misma de las mezquitas, pero a varias decenas de metros de las entradas, como prevención de seguridad. Si bien varios cientos de musulmanes pasaron por los detectores con normalidad, las autoridades islámicas del Waqf, encargadas de la administración diaria del lugar , rehusaron terminantemente hacerlo, presionaron a la gente a que no lo haga, y aclararon que no darán el brazo a torcer.

Los detectores, claro está, son un cambio. Y a ojos de los musulmanes, al menos de parte de ellos, una ofensa.

Podríamos recordarles lo que es cierto: que hay medidas de seguridad en Meca y en el Vaticano, también detectores de metales. O que los judíos y todo aquel, sea de la religión que sea, que entra a la zona del Kotel, el Muro de los Lamentos, también tienen que pasar no sólo por detectores de metales sino por cintas de rayos x para que todas sus pertenencias sean inspeccionadas. Lo volvimos a hacer este miércoles al recorrer el lugar. También nuestra cartera, grabador, celular, todo, pasó por rayos X.

Pocos minutos después de pasar por esas medidas de seguridad, fuimos a la zona de la Puerta de los Leones, una de las tres abiertas. Unos 200 musulmanes oraron afuera y parte gritaban “Con sangre y alma te redimiremos Al Aksa”. Como si alguien la hubiera amenazado.

Entre la multitud, uno intentó el conocido canto “Khaibar Khaibar ya Yahud…”, que finalmente no terminó con la segunda parte también conocida: “yeish Muhamad sa yaúd”. O sea, el llamado a los judíos, mencionando a la tribu Khaibar de la época de Mahoma en Meca, a tener en cuenta que “el ejército de Mahoma volverá”.

Podríamos recordar, decíamos, varios elementos más de la situación. Como el hecho que aunque el Monte del Templo es sagrado para el pueblo judío, para respetar el delicado “status quo”, solamente los musulmanes pueden orar allí y los demás sólo visitar. Ya nos ha pasado que al subir al lugar como periodista, nos dijeron que podemos grabar, pero que mejor no tomar nota “para que no piensen que está rezando”. O que mientras los musulmanes tienen de rutina 9 entradas al Monte, los no musulmanes solamente una, la subida de los Mugrabim. O que mientras a todos los revisan exhaustivamente al subir al Monte, a los musulmanes nunca los revisaban. Nunca. Hasta ahora, cuando se mató a dos policías cerca de las mezquitas.

Pero el tema de fondo no es una explicación racional.

El problema de fondo es que el Islam hoy, al menos la interpretación más radical que se impone por estos lares, no reconoce no solamente los derechos religiosos judíos en el Monte del Templo, sino tampoco el vínculo judío con el lugar. No reconocen que allí haya existido el Templo Sagrado y alegan que “no hay pruebas”. No reconoce lo que sus propios antepasados dijeron siglos atrás, que la mezquita de Al Aksa y el Domo de la Roca fueron construidos en ese monte, porque sabían que era santo, ya que allí había estado el Templo de Salomón.

Ese es el problema de fondo. No van a aceptar que judíos los revisen, porque no reconocen sus derechos en el lugar, y ni siquiera hablamos de la soberanía política que está en manos de Israel.

La gran pregunta es qué durará más, la determinación israelí o el extremismo islamista. Lo recomendable, sería poder negociar. El Monte del Templo necesita diálogo. Debe ser un lugar de paz y de fe. Por ahora…no se ha hallado la fórmula para garantizarlo.

Autor: Ana Jerozolimski
Fuente: CCIU – HEBREOS.Net