El presidente (entonces primer ministro) de Turquía, Recep Tayyip Erdogan (derecha), con los líderes de Hamás Jaled Meshal (centro) e Ismaíl Haniyeh, el 18 de junio de 2013 en Ankara, Turquía. (Imagen: Oficina de Prensa del primer ministro de Turquía).

Opinión: El trasfondo del matrimonio a la fuerza de Turquía con Israel

Todo indica que a Turquía e Israel no les queda mucho para normalizar sus turbulentas relaciones diplomáticas. Según el ministro turco de Exteriores, Mevlut Cavusoglu, por ejemplo, a los antiguos aliados les quedan “una o dos reuniones” para la normalización.

Si, en todo caso, Ankara y Jerusalén se estrechan finalmente la mano tras seis años de guerra fría, será porque Turquía se siente cada vez más aislada internacionalmente, no porque tenga un sentimiento genuino de amistad hacia la nación judía.

Con toda probabilidad, la paz entre Turquía e Israel se parecerá a la definida por Ambrose Bierce en su Diccionario del diablo: “En asuntos internacionales, la paz es un periodo de trampas entre dos luchas”, a pesar de que el contexto parezca increíble (y maliciosamente) oportuno. El 29 de mayo se celebró una boda judía en una sinagoga histórica en la provincia noroccidental de Edirne por primera vez en 41 años. Pocos meses antes, en diciembre, el año judío 5776 pasó a la historia por ser posiblemente la primera vez que se celebró una ceremonia de encendido de las velas de Janucá en la musulmana Turquía; ceremoniafinanciada por el Estado.

Todo eso está muy bien, pero puede llevar a error.

Hay dos grandes problemas que probablemente serán un obstáculo para una auténtica normalización. Uno es Hamás y el otro es el antisemitismo aparentemente irreversible que devora a la mayoría de los turcos.

En un contundente artículo, Jonathan Schanzer ha recordado enfáticamente al mundo que aunque Saleh Aruri, alto miembro militar de Hamás, fue expulsado de su base segura en Estambul,

muchos otros altos cargos de la organización palestina siguen ahí. Su expulsión de Turquía parece ser el centro de las demandas de Israel, cuando las conversaciones sobre el reacercamiento están próximas a concluir.

Schanzer dice que hay diez líderes de Hamás que se cree disfrutan de asilo en Turquía, y menciona a otra media docena de militantes que están allí, entre ellos Mahmud Atún, que fue hallado culpable del secuestro y asesinato de un israelí de 29 años. También disfrutan de refugio seguro en Turquía tres miembros de las Brigadas de Ezedín al Qasam. Schanzer añade:

(…) muchos más (…) pueden ser fácilmente identificados en la prensa árabe y turca, y casi todos ellos tienen perfiles en Facebook y Twitter, donde suelen publicar comentarios sobre sus vidas en Turquía.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha afirmado más de una vez que Hamás no es una organización terrorista, sino un partido político legítimo. Ha mantenido innumerables encuentros con altos cargos de Hamás, incluido Jaled Mashaal, jefe de su buró político. Además, Erdogan planteó la idea de que el sionismo debería ser declarado un “crimen contra la humanidad”.

El presidente (entonces primer ministro) de Turquía, Recep Tayyip Erdogan (derecha), con los líderes de Hamás Jaled Meshal (centro) e Ismaíl Haniyeh, el 18 de junio de 2013 en Ankara, Turquía. (Imagen: Oficina de Prensa del primer ministro de Turquía).

El presidente (entonces primer ministro) de Turquía, Recep Tayyip Erdogan (derecha), con los líderes de Hamás Jaled Meshal (centro) e Ismaíl Haniyeh, el 18 de junio de 2013 en Ankara, Turquía. (Imagen: Oficina de Prensa del primer ministro de Turquía).

El antisemitismo, como hemos dicho, es el otro problema. Erdogan ha instilado deliberadamente sus opiniones antisemitas a una sociedad ya de por sí xenófoba, hasta que decidió guardar silencio (relativamente) cuando se dio cuenta, hace poco, de que la guerra fría de Turquía contra Israel era insostenible. Esto no significa que su opinión –o la de la sociedad turca– respecto a los judíos haya cambiado.

A principios de año, por ejemplo, uno de los principales asesores de Erdogan apareció en un medio progubernamental para atacar a sus rivales políticos diciendo que eran “soldados de los judíos”. Esta opinión no se limita a los altos cargos del Gobierno.

La primera boda judía celebrada en 41 años en la sinagoga de Edirne fue, sin duda, un feliz acontecimiento, tanto para la pareja judía turca como en términos políticos, pero no logró ocultar la fea cara de la moneda. A diferencia de en una boda turca normal (o, por ejemplo, en una boda judía en EEUU), se tomaron medidas de seguridad inusualmente rigurosas en el vecindario, que incluyeron el cierre de las carreteras que conducían a la sinagoga y el cacheo de los invitados, que tuvieron que pasar por un detector de metales a la entrada del templo. ¡¿Cierre de carreteras y un detector de metales para una boda?!

Hubo más. Los turcos expresaron felizmente sus sentimientos en las redes sociales. “Uno de mis mayores sueños es matar a un judío”, escribió un usuario de Twitter. “[Hitler] no lo hizo en vano”, escribió otro. La serie de Hitler seguía con “Fue un gran hombre”, “¿Dónde estás, Hitler?” y “Todos somos Hitler”.

Este es el trasfondo en un país donde por primera vez en 41 años una pareja judía se casó felizmente en una sinagoga; el mismo país que supuestamente va a normalizar sus relaciones con Israel.

Fecha: 21/06/16 (Previo a la firma del acuerdo entre Turquía e Israel)
Autor: Burak Bekdil:  Periodista turco. Escribe en Hürriyet Daily News y es miembro del Middle East Forum.
Fuente: Gatestone Institute