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Opinión: El Presidente Trump: Para Netanyahu se trata de un viaje a lo desconocido

Sólo cuando se levantó a las siete de la mañana, Netanyahu descubrió quién había ganado en los Estados Unidos. A pesar que el documento político de Trump parece haber sido, en parte, copiado de Netanyahu, el primer ministro es ambivalente con respecto al presidente electo. Con Clinton él sabía cómo trabajar pero con Trump es un completo enigma.

En la noche de la elección presidencial en Estados Unidos, hace cuatro años exactamente, se encendieron las luces en la residencia del primer ministro en la calle Balfour en Jerusalén. Netanyahu había invertido totalmente en el candidato republicano Mitt Romney y siguió en tiempo real los resultados que fluían desde los diversos estados. Ayer por la noche, Netanyahu renunció a esto. Se fue a la cama antes que cerrasen las urnas, y cuando se levantó, alrededor de las siete de la mañana, recibió una actualización de los resultados reales que indicaban la esperada victoria de Donald Trump.

Netanyahu se cuidó, como del fuego, durante el año pasado, de lo que podía haber sido visto como una intervención en la elección presidencial de los Estados Unidos. En primer lugar, Netanyahu ha aprendido la lección de apoyar tan claramente a un candidato como lo hizo con Romney en 2012 sólo para recibir a Obama por cuatro años más. En segundo lugar, hasta relativamente tarde en la campaña, el patrón de Netanyahu en EE.UU., el magnate de los casinos, Sheldon Adelson, se mantuvo a una distancia de Trump y apoyo a otros candidatos.

Netanyahu está aparentemente feliz por la victoria de Trump. Por primera vez en su carrera política desde que ocupa el cargo la Casa Blanca tendrá un presidente republicano. Si eso no es suficiente, el Senador y el Congreso también serán republicanos. Palabra tras palabra. Si pedimos prestado las palabras del éxito de Hanan Ben-Ari, Netanyahu no tiene “derecho a quejarse/ Todo ha salido gracias a Dios/ ¡nuestra vida es como fresas!”.

Incluso cuando leemos el documento oficial sobre políticas que distribuyeron hace dos semanas los asesores de Trump para los asuntos israelíes, Jason Greenblatt y David Friedman, descubrimos allí secciones que parecen haber sido copiadas directamente de la hoja de mensajes repartidas entre bastidores las vísperas de las elecciones de Netanyahu en 2015, cuando se volcó hacia la derecha, a la derecha y otra vez hacia la derecha. Escribieron allí que Trump cree que la solución de dos estados es imposible mientras los palestinos no reconozcan a Israel como un estado judío y mientras que no abandonen la incitación a la violencia. Otro documento establece que Trump no acepta el argumento que Israel está “ocupando” Cisjordania y que la retirada posible israelí se ejecutará hacia límites que serán definidos por ella como “defendibles”.

Las líneas de 1967 no fueron siquiera mencionadas en el documento sobre política de Trump y los asentamientos no se definen como un problema. Trump, dice el documento, estará encantado de ayudar a las partes a llegar a un acuerdo de paz, pero no presionará a las partes. Se exigen negociaciones directas sin condiciones previas y se opondría a cualquier movimiento en la ONU para imponer soluciones. La guinda del pastel la vemos en la forma de una promesa de Trump para reconocer a Jerusalén “como su capital, eterna e indivisible del estado judío”, enviando de vuelta la embajada de Estados Unidos allí desde su actual sede en las costas de Tel Aviv. ¿Cómo suele afirmar el Ministro de Defensa Avigdor Lieberman? Un paraíso pero más más…

Pero a pesar de todo esto, Netanyahu es bastante ambivalente acerca de Donald Trump. Una persona central en el sistema político que habló con Netanyahu en los últimos meses, dijo que el primer ministro sonaba un poco preocupado por la posibilidad que Trump ganase, sobre todo porque es un completo enigma y es un político impredecible. Hillary Clinton, su familia, el entorno y los principales donantes, se conocen desde hace más de 20 años, para mejor o peor. Él sabe cómo trabajar con ellos, cómo influir en ellos y cómo llegar a ellos haciendo ofertas y acuerdos. Trump sin embargo, es para Netanyahu un viaje hacia lo desconocido. Es imposible saber lo que realmente va a hacer cuando asuma el cargo y cuál será su política sobre la cuestión palestina, Irán o Siria.

Otro motivo de preocupación para Netanyahu por esta victoria de Trump es que refuerza el poder de los activistas de derecha en lo profundo de su gobierno y del Likud. Quienes le aconsejaron al presidente electo con respecto a Israel durante la campaña electoral son  personas cuyas posiciones se pueden colocar más hacia la derecha de Netanyahu. En algún lugar entre el ministro de Educación Naftali Bennett y el ministro de Agricultura Uri Ariel. Esto lo podemos apreciar en los inmediatos mensajes aparente exuberantes de la Vicecanciller Tzipi Hotovely cuando expresó su esperanza que Trump moverá la embajada a Jerusalén tan pronto como le sea posible y del Ministro de Educación y Presidente de Bait Hayehudi (La Casa Judía) Naftali Bennett y de la ministro de Justicia Ayelet Shaked, que declaró que la victoria de Trump es una oportunidad para que el gobierno de Israel anuncie la eliminación definitiva de la agenda de los dos estados.

Frente a estas cosas se destacó el mensaje minimalista y medido del primer ministro. Netanyahu, el conservador, y el que está a favor del status quo quizás en realidad no desea realmente promover el establecimiento de un estado palestino, pero tampoco tiene prisa en aplicar la plataforma del partido de Bennet y sacrificarse para ejecutar la anexión de Cisjordania. Si Clinton hubiese triunfado, Netanyahu podría continuar sacándose de encima a los colonos y a su lobby de la Knesset afirmando que la dura mano de América lo estaba presionando para así detener la presión intensa de estos, como lo hizo en los últimos años cuando Obama estaba en la Casa Blanca. Cuando el Presidente es Trump, quien expresó su apoyo a la construcción de asentamientos y quien va a designar el canciller Newt Gingrich, quien ha declarado que no existe un pueblo palestino, Netanyahu se quedará sin excusas o sin frenos, reales o imaginarios… por lo que su política real acerca de Cisjordania se podrá comprobar ahora más que nunca.

Esta mañana, en un acto en el Centro de Estudios para la Seguridad Nacional en Tel Aviv, recordó el embajador de Estados Unidos en Israel, Dan Shapiro, una multitud de cosas que dicen los candidatos presidenciales durante la campaña electoral se quedan, al final, fuera de la oficina oval. “¿Cómo dicen ustedes? Cosas que se ven desde aquí no se ven desde allí”, señaló. Si nos fijamos en la historia, Shapiro tiene razón. En los últimos 30 años, los gobiernos republicanos y demócratas han tomado más o menos las mismas políticas con respecto a los territorios y los asentamientos. Existe una posibilidad, posible, que el traslado la embajada a Jerusalén y la luz verde para la expansión de los asentamientos sean al final otra de las declaraciones vacías que desaparecen junto con el muro en la frontera con México. Si eso sucediese, no podemos saber que vendrá en su lugar.

HEBREOS.Net
Autor: Barak Ravid

Fuente: Haaretz
Traducción: Hatzad Hasheiní