Opinión: EL KKL: 118 AÑOS MEJORANDO A ISRAEL

Fundado en 1901, durante el Quinto Congreso Sionista en Basilea, cuando el proyecto de un estado judío estaba todavía en edificación, el KKL (Keren Kayemet le Israel) se abocó a la compra de tierras a efendis árabes con el fin de ganar un lugar para la realización del sionismo en su tierra ancestral. En efecto, a contramano de lo que postula la propaganda habitual, el KKL es una prueba concreta de la legítima actividad de los sionistas que no usurparon, sino que adquirieron en transacciones comerciales legales, la tierra sobre la cual establecer el Hogar Nacional Judío. Con el nacimiento del Estado de Israel, sus logros han sido enormes. Ha plantado más de 245 millones de árboles, ha creado 230 reservorios de agua, ha tornado habitable para la vivienda humana 280 mil hectáreas, ha preparado 100 mil hectáreas para el cultivo, ha construido alrededor de 7 mil kilómetros de caminos y ha establecido más de 800 centros de turismo y recreación. Con 46 oficinas de representación en el mundo, ha globalizado su sublime labor.

Su aporte al bienestar medio ambiental ha sido tan extraordinario que hasta la usualmente hostil ONU le ha concedido el estatus de ONG por sus contribuciones, en 2004. Cada día honra con su accionar el mandato hebreo de Tikun Olam, mejorando el hábitat en Israel y ayudando al país a ser un espacio más amigable ambientalmente.

Tuve la oportunidad de presenciar vívidamente sus gestiones, y sus resultados, durante una reciente visita a Israel, invitado por sus autoridades. El plan de recorrido se hizo al estilo israelí. Es decir, con el ethos de la tzavá. Un día ida y vuelta al norte, un día ida y vuelta al sur, un día ida y vuelta al centro y un día para un evento especial. El país es pequeño pero como hay mucho para visitar -el KKL lleva casi 120 años trabajando allí- la noche debe ser generosa y ceder varias de sus horas al día, lo cual es compensado con una hotelería de lujo, una generosa alimentación y una hospitalidad humana de excepción. Cuando llega el shabat, uno experimenta la súbita necesidad de agradecer a Dios que concedió al pueblo judío un día de descanso (¡y al KKL por respetarlo!).

Poniéndonos serios, de veras que sorprende la tarea que ha emprendido exitosamente esta organización. Por dar sólo un ejemplo de los varios que uno podría traer. Cerca de la frontera con Gaza, donde malhechores palestinos al servicio de Hamas han estado lanzando barriletes y globos incendiarios -quemando así en apenas seis meses 4 mil hectáreas de tierras arduamente laboradas por los israelíes por décadas, que pudieron vencer a las inclemencias del desierto y hacer florecer plantas- el KKL se hizo presente para restaurar la tierra carbonizada. Según estimaciones de los expertos del KKL, miles de árboles, algunos de los cuales tenían más de 60 años, plantados por los primeros pobladores judíos de la zona, sucumbieron a los incendios del último verano boreal. “Tuvimos incendios de horizonte a horizonte en la periferia de Gaza”, dijo Kobi Suffer, el director regional de la zona costera sur de la Autoridad de Parques y Naturaleza de Israel.

Históricamente, el área alrededor de Gaza era conocida como «las tierras baldías de Israel». El suelo, formado por el cieno transportado por el viento del Sahara, era considerado como demasiado pobre para la agricultura, por lo que los árabes-palestinos vendieron la tierra a los judíos a partir de las décadas de 1920 y 1930. El suelo, lleno de sedimentos, sella la corteza y no permite que la lluvia penetre, creando inundaciones repentinas que erosionan aún más su capa superior. Conforme explicó tiempo atrás a la prensa Talila Livshutz, la coordinadora comunitaria para el distrito sur del KKL, cuando los primeros pioneros judíos llegaron para construir los asentamientos de la zona de Eshkol próxima a Gaza, plantaron bosques de pinos y eucaliptos, para crear una zona de amortiguamiento verde alrededor de sus ciudades por seguridad, y también para recordar los bosques europeos que habían dejado atrás.

La plantación de árboles a lo largo de arroyos reduce la erosión causada por inundaciones repentinas, lo que permite que se acumule más suelo de calidad. Hoy en día, el área es una de las principales cuencas agrícolas de Israel, el resultado del riego por goteo (fabulosa proeza israelí) y una serie de enfoques agrícolas innovadores. Poco tiempo atrás, la prensa israelí informaba azorada un fenómeno natural de excepción: los incendios habían exterminado raíces invasivas que, al desaparecer, dieron lugar al nacimiento de miles de bellas flores rojas, conocidas como Kalaniot. (Nada que agradecer al Hamas por ello, desde ya). Actualmente, debido en buena medida a la tarea llevada a cabo por el KKL, gran parte del daño causado por los incendios no es evidente.

Este único ejemplo nos ayuda a entender la dimensión del emprendimiento ambiental que promueve el KKL. También fomenta desarrollos en el campo de la educación, el reasentamiento de los israelíes evacuados de Gaza en 2005, la promoción de un uso eficiente del agua, la integración a la sociedad de jóvenes provenientes de entornos familiares difíciles en Nazaret Ilit, la construcción de invernaderos de vanguardia, y tantísimos otros proyectos que mejoran la calidad de vida a la población israelí. Cuando cumpla 120 años de vida en 2021, el KKL podrá celebrar la ocasión con un muy bien ganado orgullo institucional; con la paradoja feliz de que, a pesar de ser el cumpleañero, es el KKL quien ha dado a Israel un regalo fenomenal.

Autor: Julián Schvindlerman