Opinión: El desafío de ganar sin guerra

En el momento de escribir estas líneas, no está aún claro si la nueva escalada provocada por el disparo de un misil Grad desde la Franja de Gaza hacia la ciudad israelí de Beer Sheba, capital del sur de Israel, es el comienzo de una nueva guerra. No se sabe si la reacción israelí al ataque será de una dimensión que justifique que se hable nuevamente de una conflagración de gran envergadura, de esas que preocupan al mundo, aunque no parece interesarle demasiado la constante ofensiva a distintos niveles contra la población pacífica del sur de Israel. La reacción israelí en general está en titulares. Las constantes provocaciones que pretenden hacer la vida imposible a la población israelí, mucho menos.

Y aún si se calma por varios días lo que pareció el miércoles ser una escalada, es sólo cuestión de tiempo hasta que volvamos al dilema de fondo.

Las guerras nunca son bienvenidas. Deben ser el último recurso y claro que la evaluación al respecto, acerca de cuándo se llegó al punto en el que no se puede más, no es una fórmula científica sino un análisis hecho por seres humanos, falibles por cierto. ¿Por qué? Porque en la guerra muere gente. Siempre. También gente que no quería matar. Es la cruenta dinámica de las guerras.

Por eso, nunca hay que apresurarse. Hay que agotar todos los recursos antes de proclamar que realmente ha llegado el momento.

La pregunta es cómo puede un Estado democrático lidiar con una situación que absolutamente nadie en el mundo occidental debe enfrentar, salvo Israel: tener de vecina a una entidad gobernada por terroristas que hacen apología de la muerte.

Israel actúa con contención. Tanta contención que hay no pocas críticas desde adentro-y no sólo de los sectores más conservadores del propio gobierno- por el hecho que tras medio año de globos incendiarios y explosivos como constante amenaza, de incendios y violencia prácticamente diaria contra la cerca fronteriza, parecería que se ha hecho lo suficiente.

A la violencia de siempre, a su agudización en los últimos meses, las tandas de cohetes y morteros cada tanto, los constantes ataques con globos incendiarios y explosivos y el cavado de túneles para adentrarse en territorio israelí, se sumó el miércoles de madrugada al lanzamiento de un misil que impactó en una casa particular en Beer Sheba.

Las vidas de los miembros de la familia se salvaron gracias a que al escuchar las alarmas, una madre y sus tres hijos se resguardaron en el refugio protegido. Al salir, vieron con horror el daño. Perdieron todo. En la casa de al lado, se desmoronó el balcón por lo fuerte del impacto tan cerca. Y varias esquirlas-cada una de las cuales pueden matar a una persona- dejaron marcas en la pared sobre las camas de los niños.

¿Milagros? ¿Casualidad? Cada uno optará por la definición que más adecuada le parezca. Lo seguro es que la intención de los terroristas que dispararon el misil era matar a toda esa gente que se salvó simplemente porque actuó con la disciplina civil necesaria, no subestimó la importancia de la alarma y entró al refugio.

Es eso, la actitud de la ciudadanía, el esfuerzo de Israel como Estado por proteger a su gente, lo que explica el hecho que en proporción a las intenciones de los terroristas, Israel sufre “pocas” víctimas.

Del otro lado, la situación es totalmente distinta. El esfuerzo de los grupos terroristas es matar israelíes, civiles y soldados, usando a su propia gente, a la exponen a riesgo de que muera, porque les sirven sus propios muertos para demonizar a Israel.

Dicho sea de paso, Hamas y Jihad Islámico intentaron desligarse del disparo hacia Beer Sheba, alegando que se oponen a ese tipo de acciones “porque sabotean los esfuerzos mediadores de Egipto para lograr el levantamiento del bloqueo”. El portavoz militar israelí Brig. Gral. Ronen Manelis respondió claramente que solamente Hamas y Jihad Islámico tienen ese tipo de misiles. Pero además, recalcó, Hamas gobierna Gaza y por ende carga con la responsabilidad por todo lo que allí ocurre.

Hamas sostiene continuamente que todas sus acciones son “protestas pacíficas”. Increíble, teniendo en cuenta las innumerables cargas explosivas lanzadas hacia la cerca y los soldados que la cuidan y los centenares de incendios provocados en campos agrícolas y dentro de algunos poblados. Y alegan que la meta es “levantar el bloqueo que sofoca a la población”. El argumento es que las limitaciones impuestas por Israel sumen a los palestinos de la franja en una difícil situación.

Lo que Hamas no explica es que Israel se vio obligado a imponer el bloque a Gaza años atrás debido a los recurrentes intentos de introducir armas por mar, y que a pesar de haberse retirado de Gaza en setiembre del 2005, Israel continúa introduciendo mercaderías y abasteciendo agua, electricidad, combustible, lo cual se interrumpe únicamente a raíz del incremento de la violencia, que en los últimos tiempos ha sido constante.

Lo que Hamas por supuesto no menciona, es su propia responsabilidad por la situación de la población, a la que no dedica ningún esfuerzo y a la que usa como arma de incitación contra Israel. En 11 años y medio desde que tomó el poder en junio del 2007, Hamas no ha construido ni una escuela y ni una clínica para la población, por dar solamente un ejemplo. Pero sí ha destinado sumas millonarias al cavado de túneles cuyo único objetivo puede ser atacar a Israel. De lo contrario ¿para qué necesitan túneles que se adentren en territorio israelí?

Desde octubre del 2017 hasta hace unos días, eran 15 ya los túneles descubiertos. Y ayer, al responder al misil hacia Beer Sheba, destruyó otros dos. Según estimaciones de Israel, cada túnel requiere un gasto de 3 millones de dólares. Fácil entender cuáles son las prioridades de Hamas.

La ruta del túnel de hace unos días fue descubierta por Israel como parte de los constantes esfuerzos tecnológicos, operativos y de Inteligencia desplegados por Israel para ubicar y neutralizar todos los cavados de Hamas que pueden resultar peligrosos para Israel. Al mismo tiempo, Israel prosigue con la construcción de un imponente obstáculo subterráneo destinado a “frenar” túneles.

Cabe señalar que algunos de los túneles fueron cavados muy cerca de los pasajes fronterizos por los que Israel provee abastecimiento a Gaza o permite el ingreso, por ejemplo, de palestinos de Gaza a hospitales israelíes.

El Teniente Coronel Jonathan Conricus, Jefe de Prensa internacional en la unidad del Portavoz de Tzahal, declaró:

“Debajo de la Franja de Gaza, existe una Gaza subterránea, una red de túneles equivalentes al ´Subway´. Lamentablemente Hamas no tiene intención de construir un servicio nuevo de transporte sino que utiliza esta red para su terrible estrategia de perpetrar ataques letales contra civiles israelíes. Hamas abusa de los recursos que deberían ser destinados a ayudar a los residentes de Gaza y los usa para construir una infraestructura militar ofensiva que busca violar la soberanía israelí y amenazar a los ciudadanos de Israel, sea mediante protestas violentas a lo largo de la cerca de seguridad o a través del disparo de morteros y cohetes hacia territorio israelí. Nosotros continuaremos cumpliendo la misión de proteger nuestro territorio”.

Más allá de los altibajos que haya, de los eventuales días de mayor calma o la escalada seria que quizás esté recién en sus comienzos, claro está que Israel, al atacar a Hamas, se está defendiendo.

Esperemos que el mundo no vuelva a cometer los errores de tantas otras veces, de juzgar a Israel injustamente cada vez que reacciona. Con ello no se ayuda a los palestinos sino que se da un premio al terror.

Autora: Ana Jerozolimski
Fuente: Anajnu Chile