Opinión: EE.UU.- Invitación del Congreso a Netanyahu causa el enojo ¿justificado? de Obama

Es adecuado y apropiado y, casi, esencial para nuestra misma seguridad, que el Vocero, John Boehner, extendiese una invitación, al Primer Ministro israelí Benjamin “Bibi” Netanyahu, para hablar en el Congreso sobre Irán y sus esfuerzos por desarrollar armas nucleares y misiles para dispararlos a cualquier parte del mundo.

La invitación tiene un apoyo bi-partidario porque, muchos miembros de ambas partes del pasillo, reconocen la amenaza fundamental a la paz mundial que, un Irán armado de manera nuclear, plantea.

Como Winston Churchill en los años treinta con la Alemania nazi, Netanyahu hizo sonar la alarma sobre las ominosas actividades nucleares y terroristas de Irán. Es un mensaje que muchos de Europa e, incluso, segmentos de EEUU (en particular en la Administración Obama), no quieren escuchar. El presidente dejó en claro su intenso desagrado por el primer Ministro de Israel y su rechazo a quedarse quieto en relación al deseo de Obama de concluir un acuerdo, como el de Neville Chamberlain, con Teherán.

En una flagrante interferencia en la elección de otro país, los agentes de Obama trabajan duro en Israel para ayudar a hacer caer al valiente Primer Ministro. El Congreso necesita escuchar, de primera mano, la verdad acerca de lo que Irán está haciendo y las terribles implicancias de sus actividades. Gracias al liderazgo de EEUU, las sanciones más duras, impuestas durante años, tomaron un atajo, desde el punto de vista político perjudicial, para la economía iraní. Los mullah acordaron reunirse con EEUU y Gran Bretaña, Francia, Rusia, China y Alemania para llegar a un acuerdo para hacer que, Irán, dé marcha atrás a sus ambiciones nucleares.

La agenda de Irán era simple: aliviar las sanciones y, luego, con un tratado plagado de lagunas, hacer que, en conjunto, sean removidas. El problema básico es que la Administración Obama quiere un acuerdo (cualquier acuerdo) con Teherán y, las otras partes de las conversaciones, están queriendo ir, juntos, a fin de enganchar los contratos de negocios con Irán, no conscientes de las implicancias que tendrán que, un régimen radical, esté en posición, cuando quiera, de obtener la bomba. Los apaciguadores sostienen que la contención funcionará con un Irán armado de manera nuclear, tal como lo estuvo la vieja Unión Soviética durante la Guerra Fría y, por tanto, no hay nada de qué preocuparse.

Israel y otras naciones de Medio Oriente lo saben mejor. El gobierno iraní, a pesar de la inmensa corrupción de muchos de sus líderes, es un régimen revolucionario. Sus acciones demostraron que, la retórica de sus representantes, es más que solo aire caliente. Irán es el terrorismo central. Respalda y provee de armas a Hamas, Hezbollah y toda clase de organizaciones terroristas islámicas. Si, de modo tacito, EEUU admite su conformidad a que Irán se convierta en un poder nuclear, otros países lo seguirán, creando sus propios misiles nucleares, incluyendo a Turquía, Arabia Saudita y Egipto. Esa clase de proliferación incrementa las opciones de una guerra nuclear. Vimos, en 1914, cómo el entonces centro de la civilización se sumergió en una guerra catastrófica. Incluso, durante la Guerra Fría, Washington y Moscú llegaron al borde de un holocausto nuclear durante la Crisis Misilística en Cuba. (El Presidente John Kennedy fue, durante aquellos tensos días, consciente de cómo, los acontecimientos en 1914, se les escapaban a los líderes europeos). Con misiles nucleares en tantas manos inestables, un desastre pasa a ser, casi, una certeza. Más aun, el conocimiento difundido de cómo hacer la bomba caerá a manos de terroristas, siendo éste el motivo por el que, EEUU, debe evitar, en primer lugar, esa proliferación nuclear. Irán, de manera peligrosa, desarrolló, un misil balístico intercontinental que puede alcanzar no solo a Israel sino, también, a Europa. No pasarán muchos años antes que los mullah puedan dirigir sus misiles con cabeza nuclear contra EEUU.

No sorprende que, las actuales negociaciones, no cubran el desarrollo de misiles de Irán. Otro factor que Obama y sus seguidores, con mentalidad de apaciguamiento, ignoran, con toda intención, es la amenaza existencial que Irán plantea a Israel. Dado el tamaño deI Estado judío, no hay lugar para el error. Un Irán armado, de manera nuclear, pondrá a los líderes israelíes en una situación de peligro.

Israel es un aliado crucial de EEUU, estratégica y moralmente. Es la única democracia durable en el Medio Oriente. Con solo 8 millones de personas, Israel sobrepasó a la Unión Europea, con una población de más de 400 millones en alta tecnología, rivalizando con Silicon Valley. Nació de las cenizas del Holocausto. La destrucción de Israel significaría, en última instancia, el fin de la civilización occidental; la podredumbre moral que permitiría ese hecho sería imposible de superar. No es solo Israel que está horrorizado por lo que Irán hace. Cuando, hace poco, Israel casi toma acción preventiva contra Teherán (2012), los países, como Arabia Saudita, estaban visiblemente abiertos en su apoyo a las acciones militares israelíes que pudieran destruir o dañar las instalaciones nucleares de Irán.

El Presidente Obama es tan poco consciente o siente que, en su cosmovisión, esas cosas no importan demasiado. Irán sabe que Obama quiere, con desesperación, un acuerdo. Se imagina que, cuanto Obama más rechaza aceptar la disposición a rendirse, más concesiones ofrecerá. Y, por el contrario, un acuerdo será una rendición. Para todos los intentos y propósitos, Irán tendrá permiso para hacer un dispositivo nuclear cada vez que lo desee. Obama y el Secretario de Estado, John Kerry, proclamarán que, si Teherán va y hace la bomba, EEUU tendrá mucho tiempo para detenerlos, antes que los iraníes puedan, en verdad, hacerla. Tonterías. Ya se cruzó un umbral muy difícil en el enriquecimiento de uranio. Los mullas se están moviendo y avanzando en el frente del plutonio. Teherán bloqueó, de modo descarado, a la Agencia Internacional de Energía Atómica el acceso a sus instalaciones nucleares. El Congreso está considerando la legislación, propuesta por el Senador Robert Menendez (D., NJ) y el Senador Mark Kirk (R., III), que podría imponer sanciones severas a Irán si no se alcanza un acuerdo hasta la fecha límite del 30 de junio. Dos veces antes, las fechas tope de negociación fueron extendidas. Esto podría significar, para Irán, “poner” o “callar”.

Naturalmente, Obama se opone. No quiere que nada afecte el peligroso curso de abyecto apaciguamiento de un régimen del mal. El presidente, casi una rareza, presionó al PM británico para jugar el rol de lobista no- registrado para llamar a los senadores a bloquear el proyecto de ley de Menendez-Kirk. Lo que lleva al por qué el Vocero John Boehner está dentro de sus límites al extender esa invitación a Netanyahu.

Ese trascendental tratado con Irán, tal como fue deseado por Obama, debe, bajo la Constitución, ser ratificado por el Senado de Estados Unidos. Obama pisoteó, una vez más, la Constitución haciendo leyes y cambiándolas a voluntad y no quiere ninguna participación del Congreso porque, el debate resultante, mostraría , de manera peligrosa, el miserable acuerdo que hizo. Robert Menendez declaró: “Cuanto más escucho de la Administración y sus citas, más suena como los puntos de discusión que vienen, de modo directo, desde Teherán”.

Cuando el Presidente Obama declaró, en su discurso del Estado de la Unión, que Irán “detuvo el progreso de su programa nuclear y redujo sus reservas de material nuclear”, las carcajadas podían oírse, a viva voz, desde toda agencia de inteligencia en el mundo.

El Congreso es una rama separada del gobierno. Escuchar, en directo, de Netanyahu está dentro de sus prerrogativas, en especial en un tema tan crítico. De paso, allá en 2011, el Vocero Boehner intentó coordinar una invitación con la Casa Blanca. Obama dio a Boehner el dorso de la mano, ignorando esta cortesía.

Fuente: Revista Forbes
Autor: Steve Forbes – Presidente y Director a cargo de Forbes Media
Traducción: CIDIPAL