humor

Humor: Rezongón

En un caluroso, sofocante y polvoriento tren, desprovisto de agua y
apretujado de pasajeros, viajaba Mordejai, un anciano judio, frente a un
forastero.

-“Oy”- Dijo Mordejai por nonagesima vez durante el trayecto -“Me muero
de sed”.

El forastero hizo muecas de desagrado de tanto escuchar la misma
queja de Mordejai.

-“Que tremenda sed tengo”- Repitio nuevamente Mordejai, con voz
enronquecida de tanto quejarse.

Al forastero se le crispaban los nervios y estaba apunto de estallar
al oir otra vez la queja de Mordejai.

-“Oy. ¡Que sed tengo y no hay agua en este tren!”. Exclamo nuevamente
Mordejai.

En ese instante el tren se detuvo frente a una estacion de
ferrocarril. El forsastero se bajo del tren y corrio a la estacion. Al
poco rato regreso con un vaso grande lleno de agua fresca y se la paso a
Mordejai, gritandole:

-¡Aqui tiene, beba!.

-Gracias- Dijo Mordejai y se bebio toda el agua que contenia el vaso.

En cuanto el tren continuo su marcha, el forastero se acomodo en su
asiento dispuesto a disfrutar de la tranquilidad que bien se la habia
ganado, durante todo el resto del viaje.
Pero al poco rato la quietud fue rota por un profundo suspiro de
Mordejai, quien exclamo en lata voz:

-Oy. ¡Que sed tenia!