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Europa demuestra que la solución de un estado es una ilusión

Europa no se está cayendo a pedazos, y tampoco la Unión Europea. Pero algo está pasando allí.

Una mayoría del 55% en Escocia votó en contra de separarse de Gran Bretaña. El reino permanecerá unido. Pero los crecientes sentimientos nacionales, después de cientos de años de unidad, apuntan hacia la dirección hacia la que se encamina el continente.

Desde la Segunda Guerra Mundial, y como resultado de las lecciones de esa guerra, ha habido dos tendencias contradictorias en Europa. Por un lado, una enorme ola de intercambio de población, con el propósito de crear estados nación que fueran lo más homogéneos posibles.
Winston Churchill declaró hacia el final de la guerra, “No habrá mezcla de poblaciones que causen interminables problemas… Habrá un cambio radical. No estoy alarmado ante la perspectiva del desenredo de la población, ni estoy alarmado por estas grandes transferencias”.

Y eso es exactamente lo que ocurrió. Decenas de millones de personas pasaron por la difícil experiencia del desarraigo, antes de la guerra y durante la guerra, y más de 20 millones de personas lo experimentaron en los cinco años posteriores a la guerra. Fue un capítulo más en el cumplimiento del concepto de autodeterminación, que es parte principal de la Carta de las Naciones Unidas.

La otra dirección, completamente diferente, fue la creación de una Europa unida. La idea se materializó. La Unión Europea y el Acuerdo de Schengen comenzaron el trabajo de borrar las fronteras. La nacionalidad fue retrocediendo en favor de la era post y multi nacional y la apertura de las puertas a la inmigración.
La idea de un “nuevo Medio Oriente” extrajo una parte significativa de su fuerza de los procesos que tienen lugar en Europa. Si funciona allí, ¿por qué no puede funcionar también entre Egipto, Jordania, Siria, Líbano e Israel?

Pero la alegría fue prematura. Las decisiones acerca de una unión económica y de cancelar la necesidad de visas no condujeron a sentimientos similares entre las decenas de millones que también se apegaron a la autodeterminación e identidad nacional.

Una Yugoslavia democrática y multiétnica podría haber encajado bien con la Unión Europea. Eso no sucedió. Yugoslavia se dividió en siete nuevas entidades nacionales basadas ​​en una mayoría étnica – un proceso que fue acompañado por vastas limpiezas étnicas.
Sucedió antes en Checoslovaquia, que se dividió en dos estados nación, sin derramarse una sola gota de sangre. Y sucedió, por supuesto, en la Unión Soviética, que se dividió de acuerdo a sus componentes étnicos y nacionales.

Esto no ha terminado, porque pronto puede haber un referéndum en Cataluña, donde muchos quieren separarse de España. Voces similares se oyen en Italia – desde el norte rico y sólidamente establecido – y también en Bélgica, donde viven dos comunidades, flamencos y valones.
También está sucediendo en la parte oriental de Europa. Un visitante de otro planeta no podría entender la real diferencia entre ucranianos y rusos. Pero hay una diferencia, y se están desangrando por su causa.

En la zona más occidental, entre Ucrania y Polonia, hubo un intercambio de población de 1,4 millones de personas después de la Segunda Guerra Mundial. Eso es desagradable. Pero las cosas han estado tranquilas desde entonces. En el este eso no sucedió. El resultado es un levantamiento y una demanda por independencia.

¿Hay ahí una lección para Medio Oriente? Europa tiene una cultura compartida, valores compartidos y generalmente la misma religión. Y, no obstante, el deseo de autodeterminación está floreciendo de nuevo. En Medio Oriente, la situación es peor. Siria e Irak se caen a pedazos, y nadie les está ofreciendo un referéndum a las comunidades que buscan la autodeterminación. Los sunitas no se llevan bien con los chiítas, y los kurdos no se llevan bien con los árabes.

A pesar de todo eso, hay gente, en la derecha y en la izquierda, que está tratando de imponernos un gran estado judío-árabe. No está funcionando en el continente unido. Indudablemente no funcionará en el dividido Medio Oriente.

Fuente: Yediot Ajaronot
Traducción: José Blumenfeld para PorIsrael.org