HebreosNet - Series Especiales - Manuscritos del Mar Muerto - Una vision de conjunto IV

HebreosNet

Manuscritos del mar Muerto

Una visión de conjunto IV

 

 

El Profesor Ben Zion Wacholder del Hebrew Union College en Cincinatti, Ohio,es un anciano de 67 años, de pelo cano y casi ciego.

Ha dedicado gran parte de su vida profesional al estudio de los manuscritos del Mar Muerto y ha escrito un libro sobre ellos. En un encuentro de investigadores en noviembre de 1990, en el que Wacholder presentó un trabajo sobre un texto particular de los manuscritos del Mar Muerto, un colega hizo una pregunta cuya respuesta, sospechaba Wacholder, podría estar en un fragmento no publicado. Wacholder regresó a Cincinnati y, con la ayuda de Martin G. Abegg, un estudiante que preparaba su tesis doctoral - y apasionado por la informática -, recreó los fragmentos de los textos no publicados a partir de la concordancia utilizando el ordenador del discípulo.

Wacholder y Abegg estaban tan satisfechos con el resultado que comenzaron a realizar otras transcripciones de los textos preparadas por el equipo de edición en la década de 1950, pero que se habían mantenido en secreto, excepto en la medida en que habían servido de base para la concordancia. Después de pensarlo concienzudamente, Wacholder y Abegg decidieron dar a conocer el resultado de su trabajo al mundo académico en general. Se llegó a un acuerdo con la Biblical Archaecology Society para publicar en fascículos las transcripciones reconstruidas con la ayuda del ordenador - el primero de ellos apareció el 4 de septiembre de 1991.

La noticia de la publicación de los textos reconstruidos con ordenador ocupó al día siguiente la primera página de The New York Times, The Washington Post, el Baltimore Sun y otros periódicos. Pronto se publicaron editoriales de aprobación en estos periódicos y en otros. «Debemos aplaudir al señor Wacholder y al señor Abegg por su trabajo», decía The New York Times. «El comité [del equipo oficial de edición], con su obsesión por el secreto y su erudición de capa y espada, ha agotado hace ya mucho tiempo su credibilidad tanto entre los estudiosos como ante el gran público. Parece que los dos investigadores de Cincinnati son conscientes de lo que el comité ha olvidado: que los manuscritos y su información sobre las raíces comunes del cristianismo y el judaísmo rabínico pertenecen a la civilización, no a unos pocos profesores recluidos.»

Ni el equipo de edición, ni la Israel Antiquities Authority, ni su comité asesor de los manuscritos aceptaron esta opinión sumamente difundida. Por el contrario, reaccionaron con su furor habitual. Strugnell acusó a Wacholder y Abegg de haber robado el trabajo de los investigadores. Un miembro del comité asesor de los manuscritos calificó la publicación como «piratería intelectual». Uno de los jefes de edición acusó a la editorial de haber violado el derecho internacional y amenazó con emprender acciones judiciales. Mientras tanto, sin conocimiento de la Biblical Archaecology Society, la Huntington Library de San Marino, California, estaba preparando su propia sorpresa. Esta biblioteca poseía una serie de negativos de los fragmentos de los manuscritos que había recibido de una filántropo de California, llamada Elizabeth Hay Bechtel, quien había fundado el Ancient Biblical Manuscript Center en Claremont, California. Más de diez años antes había conseguido enviar a un fotógrafo a Jerusalén para que fotografiara los manuscritos - o, mejor dicho, para que fotografiara fotografías de los manuscritos - por motivos de seguridad: de esta forma, se tendría a disposición una serie de negativos en caso de que los originales sufriesen algún daño. La señora Bechtel tenía previsto que los negativos fueran depositados en su Ancient Biblical Manuscript Center.

No obstante, antes de que esto sucediera, tuvo una disputa con el director del centro, el profesor James A. Sanders. Después tuvo lugar una lucha por el control del centro en la que la señora Bechtel salió perdedora, pero conservó los manuscritos. Como se estableció en el acuerdo posterior a la disputa, la señora Bechtel dio una parte de los negativos al Ancient Biblical Manuscript Center, pero guardó otra parte para ella. El centro se comprometió por escrito, en un acuerdo con la Israel Antiquities Authority, a no permitir que nadie pudiera ver su serie de negativos sin el permiso expreso del investigador a quien se había asignado su publicación. La señora Bechtel no firmó ningún acuerdo de este tipo. Depositó su serie de negativos en la Biblioteca Huntington. Falleció en 1987, dejando sus negativos de los manuscritos a la biblioteca. En 1990 fue nombrado un nuevo director de la biblioteca, William A. Moffett, que es un hombre independiente con una actitud sensata en favor de la libertad intelectual. Cuando tuvo noticia de los negativos de la señora Bechtel y de la controversia en torno al monopolio de los textos ejercido por el equipo de Jerusalén, anunció que todos los estudiosos tendrían acceso al archivo de la Biblioteca Huntington. Esta declaración fue publicada el 22 de septiembre de 1991, en un titular que ocupaba tres columnas en la parte superior de la primera página de la edición dominical de The New York Times: «El monopolio sobre los manuscritos del Mar Muerto ha concluidos. De nuevo hubo un aplauso universal excepto de la Israel Antiquities Authority, de su comité asesor de los manuscritos y del equipo oficial de edición -. De éstos vino la reacción ya predecible: acusaciones por haber transgredido el acuerdo, conducta no ética, acción inmoral, robo del trabajo de los estudiosos y amenazas de pleitos. No obstante, la Biblioteca Huntington no estaba dispuesta a dejarse intimidar. Por otra parte, en ese momento no disponía del equipo de administración necesario para responder a la avalancha de solicitudes de acceso a los negativos. Entonces la Antiquities Authorlty y el equipo de publicación de los manuscritos intentaron que la Biblioteca Huntington revocase su decisión negociando una definición de acceso restrictiva. Después de haber amenazado a la Huntington con un proceso judicial, la Antiquities Authority y el jefe de edición, Emanuel Tov, convocaron una reunión en Jerusalén para el 4 de diciembre de 1991, a la que invitaron a las instituciones que poseían negativos de los manuscritos. (Además de la Huntington y del Ancient Biblical Manuscript Center, hay otras dos instituciones que poseen negativos de manuscritos no publicados: el Hebrew Union College - cuya serie es parcial - y el Oxford Centre for Postgraduate Hebrew Studies, que había obtenido recientemente una copia por medio de una fundación británica que financiaba los trabajos de edición del equipo oficial.) Si bien la Antiquities Authority y el equipo oficial de edición «estuvieron en principio de acuerdo en facilitar el libre acceso a las fotografías de los manuscritos», también expresaron su inquietud por el hecho de «que se dificultara, por causa de nuevos acuerdos, el trabajo de los estudiosos que en los últimos años habían asumido la publicación de los textos». En posteriores negociaciones con los invitados, resultó claro cuál era el objetivo de quienes querían conservar el monopolio: estaban dispuestos a autorizar el acceso a los manuscritos a otros especialistas, pero a condición de que éstos se comprometieran expresamente a no publicar lo que vieran. Una vez que la Biblioteca Huntington se negó a participar en esa reunión y quedó claro que no se sometería a las restricciones que la Antiquities Authority y el equipo oficial de edición trataban de imponer, la Antiquities Authority y el jefe de edición Emanuel Toy intentaron tomar la delantera: anularon la reunión y anunciaron en una conferencia de prensa que permitían a todos los investigadores el libre acceso a los manuscritos. Pero detrás de esta declaración se encontraban las mismas restricciones. El profesor James M. Robinson de la Claremont Graduate School, director del Institute for Antiquity and Christianity, dijo que la declaración de la Israel Antiquities Authority era una «cortina de humo»; otros dijeron que era un «subterfugio». Pues el anuncio estaba acompañado de un comunicado de prensa que informaba de que todo estudioso que solicitara la consulta de un texto no publicado tenía que firmar una declaracion en la que certificara la consulta era solo para realizar investigaciones personales y no para la preparacion de la edicion de un texto.- En otras palabras: se podia consultar, pero no se podia imprimir lo que se viera.-

  a.. Ben Zion Wacholder, The Dawn of Qumran, Cincinnati, Hebrew Union College Press, 1983.
  b.. The New York Times, 7 de septiembre de 1991.

Pagina Principal Enviar un eMail