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Cabe dividir los manuscritos del Mar Muerto en dos grupos: textos bíblicos
y textos no bíblicos. Entre el veinte y el veinticinco por ciento de
los documentos son textos bíblicos.
Están representados todos los libros de la Biblia hebrea, al menos por
un fragmento, excepto el Libro de Ester. Sea coincidencia o no lo sea,
éste es el único libro de la Biblia hebrea que no menciona el nombre
de Dios.
A los estudiosos les resulta más fácil tratar con los textos bíblicos
que con los no bíblicos, aunque sólo se hayan conservado pequeños
fragmentos de un libro.
El texto bíblico se conoce por copias posteriores que proporcionan una
suerte de estructura en la que es posible encajar los fragmentos de Qumrán.
También es cierto que esto se puede aplicar a algunos de los textos no
bíblicos como, por ejemplo, el Libro de Henoc y el Libro de los
Jubileos, que ya conocíamos previamente.
Pero muchos de los textos no bíblicos eran completamente desconocidos
antes de su descubrimiento en las cuevas de Qumrán y a menudo es difícil
reunir los fragmentos de esos textos en un orden significativo. Los
textos no bíblicos son de una variedad notable y cabe subdividirlos de
diferentes formas; por ejemplo, por el género literario: himnos y
salmos, comentarios bíblicos, literatura sapiencial, textos legales,
una carta, pseudoepígrafos ( textos de tipo bíblico, con frecuencia
falsamente atribuidos a un gran personaje de los tiempos antiguos como,
por ejemplo, Henoc o Noé. [Pseudoepígrafos» es el término
protestante equivalente a «apócrifos» en la terminología católica.]
) , una referencia a un tesoro escondido.
Otra forma de subdividirlos consiste en determinar si se trata de textos
«sectarios» o no, es decir, si representan los conceptos y las ideas
del grupo religioso particular que reunió esta biblioteca.
Parece que algunos textos -los sectarios- reflejan las normas y las
creencias de un único grupo o secta de judíos, llamado por los
investigadores «secta de Qumrán».
Mas, ¿quiénes formaban esta secta? Según la respuesta habitual, eran
los esenios, mencionados no sólo por Flavio Josefo, sino también por
Plinio el Viejo (23-79 d.C.) y Filón (c. 20 a.C.- 50 d.C.). Pero otros
estudiosos ponen en tela de juicio esta identificación.
" Los que ponen en entredicho la identificación esenia sostienen
que, al parecer, los textos llamados sectarios son incoherentes con la
doctrina esenia tal como está reflejada en otras fuentes independientes
y ni siquiera están de acuerdo entre ellos. Por ejemplo, ¿cómo
compaginar las afirmaciones militantes, incluso belicosas, de algunos
textos de Qumrán con la idea común de que los esenios eran pacifistas?
Hay otras cuestiones que afectan a las construcciones de Qumrán. ¿Qué
relación tienen con los manuscritos? ¿Fueron éstos escritos en ellas?
¿Pertenecía la biblioteca a esos edificios o fueron otras personas -
que quizá tuvieran alguna relación con la comunidad de Qumrán o tal
vez no - quienes llevaron los manuscritos a las cuevas?
El padre Roland de Vaux, de la École Biblique et Archéologique
Frangaise de Jerusalén, que dirigió las excavaciones de Qumrán entre
1951 y 1956, murió en 1971 sin haber escrito un informe final de los
trabajos arqueológicos. De Vaux, padre dominico, consideraba las
construcciones como una suerte de monasterio.
El profesor Norman Golb, de la Universidad de Chicago, cree que fueron
una fortaleza militar.
Los estudiosos que preparan actualmente el informe final de las
excavaciones basándose en las notas dejadas por De Vaux sugieren que el
lugar pudo haber sido una residencia de invierno, una plantación en el
desierto, destinada a jerosolimitanos ricos y quizá poderosos.
El lugar contenía muchos depósitos de agua.- Pero eran todos ellos
cisternas de agua potable? Se empleaban algunos para los baños? Si este
es el caso, estaban destinados a baños rituales?
De Vaux excavo una parte de un gran cementerio contiguo al lugar y
encontró los restos de 2 mujeres y un niño entre las casi mil
sepulturas.-
Eran simplemente siervas o destruye este dato la teoría según la cual
los monjes que vivian en Qumrán eran célibes y todos los miembros de
la comunidad eran varones?
Los siete grandes rollos intactos de la cueva 1 fueron publicados en un
periodo razonable, poco despues de pasar a manos de los eruditos –
israelíes y norteamericanos.-
Con el paso de los años se publicaron también los textos fragmentarios
de otras cuevas ( y los de la cueva l ), excepto los textos
fragmentarios de la cueva 4.
Pero los problemas planteados por los textos de la cueva 4
desacreditaron finalmente todo el proyecto de publicación.
La cueva 4 presentó un problema especial desde el principio. Como
sucedió con la mayoría de los hallazgos, fueron también los beduinos
quienes la descubrieron.
Resultó ser la más rica de todas las cuevas, con más de quinientos
manuscritos diferentes, pero todos ellos hechos jirones. En medio de
aquella confusión no se recuperó ni un solo manuscrito intacto.
Con todo, este descubrimiento representaba más de las cinco octavas
partes de los textos de Qumrán - aproximadamente quinientos, de un
total de unos ochocientos manuscritos. Si bien el número de manuscritos
distintos encontrados en la cueva 4 está en torno a los quinientos, el
número de los fragmentos es mucho mayor: entre diez mil y cien mil según
las estimaciones, aunque el cómputo más frecuente considera que los
fragmentos hallados en esta cueva fueron quince mil.
En efecto, constituye un rompecabezas gigantesco - o más exactamente
quinientos puzzles diferentes en los que falta el noventa por ciento de
las piezas. Pero pudo haber sido aún peor. Si los beduinos que
descubrieron la cueva 4 hubieran vendido los fragmentos a diferentes
personas en el mercado de antigüedades, hubiera resultado imposible
reunir los fragmentos en un solo lugar, y los estudiosos no habrían
podido nunca trabajar con las piezas recuperadas de los rompecabezas.
A fin de evitarlo, se llegó a un acuerdo con los beduinos a principios
de la década de 1950, consistente en comprarles los fragmentos de la
cueva 4 a un dinar jordano por centímetro (5,60 doláres de entonces).
El dinero para comprar los fragmentos lo aportó un grupo de escuelas
llamadas «nacionales» -es decir, escuelas extranjeras de Jerusalén
oriental dedicadas a la investigación arqueológica y bíblica -.
Entre los colaboradores se encontraban los franceses, los
norteamericanos, los ingleses y los alemanes. También el Vaticano
proporcionó fondos. Se acordó que, una vez fueran reunidos los
fragmentos en documentos distintos y, después de publicados, se
distribuyeran los originales entre las diferentes escuelas nacionales
que habían proporcionado los fondos para comprarlos.
De esta forma el contenido del descubrimiento no se desperdigó y fue
reunido en lo que a la sazón era un museo privado en Jerusalén, el
Palestine Archacological Muscum (actualmente Museo Rockefeller).
Para trabajar con los textos, se reunió un equipo internacional de jóvenes
investigadores bajo auspicios jordanos, ya que entonces Jordania
controlaba lo que actualmente llamamos Cisjordania, donde se encontraron
los manuscritos, y también Jerusalén oriental, donde se reunió el
contenido de las cuevas. El equipo no debía incluir ningún Judío y se
encomendó al padre De Vaux la tarea de reunirlo. El miembro alemán del
0. Claus Hunzinger, dimitió pronto, dejando un equipo de siete jóvenes
investigadores, la mayoría de ellos religiosos católicos que
comenzaron a trabajar reuniendo la piezas de los puzzles.
El trabajo se realizó en una larga sala del museo que llamaban
Scrollery («sala de los rollos»). Actualmente consideraríamos
horribles algunas de las condiciones en que trabajaron, pero era otra época.
Apenas se hicieron esfuerzos por impedir el deterioro de los fragmentos.
No se estableció ninguna documentación de los fragmentos originales en
su estado primitivo. Algunas fotografías muestran a los jóvenes
investigadores - el mayor de ellos tenía treinta y dos años -
trabajando en una sala con las ventanas abiertas y el sol entrando a
raudales, con los fragmentos en las manos mientras fumaban. Cuando
se esforzaban por reagrupar los fragmentos en documentos distintos y por
localizar fragmentos que podían servir para unirlos, todos ellos se
sentían libres para desplazar los fragmentos bajo las láminas de
cristal.
A finales de la década de 1950 el equipo de estudiosos había
completado en gran parte la tarea de reunir los fragmentos. Digo «completado
en gran parte» porque la tarea de reunir los fragmentos no terminará
nunca; siempre será posible mejorarla.
La generación siguiente de investigadores encontrará siempre nuevas
conexiones. De hecho, el equipo actual de estudiosos continúa mejorando
el trabajo de la generación precedente. Una vez que los miembros del
equipo original reunieron los fragmentos de esta forma en documentos
distintos, se distribuyeron los quinientos textos diferentes entre ellos
para publicarlos.
Como vemos en retrospectiva, fue un acto de enorme orgullo y avaricia.
Resulta claro que asumieron más trabajo que el que podían realizar en
toda su vida.
Sólo un investigador del equipo, el inglés John M. Allegro, publicó
su lote completo, pero su trabajo es tan deficiente que un artículo que
lo corrige es más largo que la publicación original. No obstante,
Allegro publicó efectivamente los textos, cosa que no se puede decir de
ningún otro de los miembros del equipo.
A finales de la década de 1950 el equipo consiguió transcribir los
textos copiando simplemente los caracteres de una forma fácilmente
legible, como se haría para estudiar un documento escrito con mala
letra o con el estilo del siglo XVIII.
En el caso de los fragmentos de Qumrán a menudo es difícil descifrar
los caracteres - no tanto porque al principio fueran difícilmente
legibles, sino por los estragos del tiempo.
Una vez que los trabajos de transcripción estuvieron casi concluidos,
se asignó a otros cuatro jóvenes investigadores la tarea de preparar
una concordancia de los textos no bíblicos, estableciendo la lista de
todas las palabras del texto indicando el documento en el que aparecían,
la columna, la línea y las palabras contiguas. Esta concordancia se ha
convertido en un instrumento inapreciable para todos los que han
emprendido el trabajo de traducir y comprender estos textos hebreos y
arameos ordinariamente difíciles.
Ésta es la historia del equipo de la cueva 4 hasta aproximadamente
1960.
Durante los tres decenios siguientes este grupo llegó a publicar menos
de un centenar de los quinientos textos - es decir, el veinte por ciento
de la parte que se les había asignado -.
Los cuatrocientos textos no publicados representan aproximadamente la
mitad del número total de los manuscritos de Qumrán. De acuerdo con
una convención del mundo de los eruditos que no está escrita en
ninguna parte -y ni siquiera se menciona por escrito-, el estudioso a
quien se asigna la publicación de un texto tiene un control total sobre
él. Puede tenerlo tanto tiempo como desee antes de publicarlo. Los
interesados pueden verlo sólo con su autorización. A nadie más se le
permite divulgar el texto.
El equipo de la cueva 4 afirmó estos «derechos de publicación» con
creces.
Algunos de los miembros del grupo original murieron y «legaron» sus «derechos
de publicación» a colegas de su confianza que, a su vez, ejercieron el
derecho de excluir a otros y rechazaron las peticiones presentadas por
estudiosos exteriores para consultar diferentes textos. Algunos miembros
del equipo «dieron» incluso textos a sus discípulos que preparaban
sus tesis doctorales, mientras excluían a investigadores más
reputados.
Con el paso de los años aumentó el descontento de los estudiosos
excluidos. En 1977, uno de ellos, el profesor Geza Vermes de Oxford,
hizo esta predicción actualmente célebre: el proyecto de publicación
de los manuscritos del Mar Muerto se convertirá en «el escándalo académico
por excelencia del siglo xx». Diez años después, Vermes comentó que
lo que había previsto se había hecho realidad.
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