Orígenes de la Comunidad Judía Cubana

Este, un envío de Mario S., es apenas una ínfima muestra de la tan variada información que reciben quienes están suscriptos a la Lista "Hebreos".

 

Los judíos que llegaron a Cuba, a comienzos del siglo XX, fueron los primeros que se asentaron en esa isla de las Antillas. Durante los 400 años en que  Cuba fue una colonia de España (hasta 1898), no se permitió la inmigración judía y la presencia de judíos no fue posible, pero existen evidencias históricas sobre el asentamiento de judíos y su aporte al
desarrollo económico de la isla. Se sabe de judíos que fueron juzgados por la Inquisición, entre los siglos XVI y XVIII.

Con el andar de los años, los judíos se asimilaron a la población católica, pero en muchas familias se preservaron indicios de su origen judío. Sin embargo, no existe continuidad histórica entre los judíos que residían en Cuba en la época colonial y aquellos otros que inmigraron en el siglo XX.

La colectividad judía cubana estaba compuesta en los años ‘20 de tres grupos de inmigrantes: los más antiguos llegaron de Estados Unidos, en su mayoría de origen rumano que entraron en Cuba tras la guerra entre España y los Estados Unidos (1898).
Se trataba de un grupo numéricamente pequeño (a comienzos del siglo XX totalizaba unas 100 familias), que pertenecía a la capa económico-social alta. Sus  miembros acentuaban su identidad norteamericana y casi todos tendían a separarse de la sociedad judía general.

El segundo grupo lo formaron los sefaradíes, el tercer grupo, cuantitativamente el mayor, consta de judíos de Europa Oriental que emigraron a Cuba como consecuencia de las leyes fijando cuotas de inmigración, que redujeron las posibilidades de ingresar en los Estados Unidos. Esos judíos, llegados por millares al puerto de La Habana a comienzos del siglo XX, no pensaban asentarse definitivamente en Cuba. Su deseo era continuar viaje a los EE.UU. y emigraron a esa lejana y desconocida isla tropical, sólo por su proximidad a las costas de Florida. Muchos siguieron viaje a los Estados Unidos, tras cierta permanencia en Cuba; otros eligieron construir allí sus hogares.

Ese grupo era considerado como el grueso de la colectividad. Los investigadores que se ocuparon de la historia de los judíos de Cuba, tomaron en cuenta  sobre todo a los procedentes de Europa Oriental y dedicaron muy poca atención a los sefaradíes.
En esta serie pondremos mas enfasis en la inmigracion sefaradi,especialmente en los años ‘20, y examinaremos hasta qué punto pusieron su sello en la colectividad judía general de la isla.

Los judíos de Europa Oriental propendían, como se ha dicho, a ver a Cuba sólo como una estación de paso en el camino hacia los Estados Unidos. Los primeros sefaradíes,en cambio, no viajaron a Cuba por falta de alternativa, sino que la eligieron voluntariamente, en un tiempo en que las puertas de los EE.UU. aún permanecían abiertas para ellos. Aún más, hubo judíos sefaradíes que emigraron a Nueva York antes de la Primera Guerra
Mundial pero, al enterarse de los prodigios de Cuba, donde los negocios eran excelentes y "los dólares crecen de los árboles", abandonaron Nueva York y se trasladaron a las Antillas.

La época comprendida entre los albores de la independencia de Cuba (1902) y el año 1920, fue testigo del rápido florecimiento de la industria azucarera, cuyos productos gozaban de una demanda cada vez mayor en el mercado mundial, especialmente en el período de la Primera Guerra Mundial.
El precio del azúcar, que se elevo enormemente, promovió el progreso económico en todos los aspectos de la vida. Esos años, conocidos en la historia de Cuba como los de "las vacas gordas", atrajeron a una corriente de inmigrantes, en su mayoría de España y
de las Antillas. Entre los inmigrantes llegados de los Estados Unidos y del Imperio Otomano, había también judíos.

Los primeros judíos sefaradíes llegaron en los años iniciales del siglo, pero la tendencia migratoria del Imperio Otomano se percibió sobre todo en 1909, después que los Jóvenes Turcos impusieron coactivamente, a la población no musulmana, el deber de prestar servicios en el ejército.

Entre los inmigrantes de Siria que llegaron en esos días , que constituyeron la base de la comunidad sirio-libanesa que se formó en Cuba, había muy pocos judíos, a pesar de la gran emigración judía de Siria a los países de América Latina. Los judíos de Siria que llegaron a Cuba en ese período (directamente o después de la revolución mexicana de 1910) prefirieron viajar a Nueva York o a México, donde se consolidaron fuertes comunidades de oriundos de Siria. A la inversa, la emigración de Turquía a Cuba fue en su mayor parte judía, antes que nada por la semejanza entre el idioma ladino y el español.

La mayoría de los judíos sefaradíes que se asentaron en Cuba, procedían de Turquía europea, en especial de dos comunidades pequeñas: Silivria (Silivri) cerca de Estambul, Kirklisse (Kilklarehi) cerca de Edirne y también de Chorlu (cerca de Silivria), de Estambul y de Edirne. En 1904, Silivria contaba con 1.200 judíos y Kirklisse con un millar.

Las grandes penurias de la población judía en los tiempos de las guerras de los Balcanes (1912), y la Primera Guerra Mundial, provocaron la salida de los judíos de Turquía, tendencia que llegó a su punto máximo en los años ‘20. Las dificultades para emigrar a los Estados Unidos en ese período, convirtieron a los emigrantes jóvenes,que se habían ido por miedo a la conscripción militar, en puntas de lanza que indicaron por dónde se orientaría la amplia inmigración.

Lamentablemente, la emigración masiva de los judíos a Cuba se inició durante
la crisis económica que azotó a la isla, por el pronunciado despeñaniento de
los precios del azúcar en el mercado mundial. Un informe presentado en 1925
por Harry Viteles,sobre la situación de los inmigrantes judíos, calculaba el
número de sefaradíes en 2.700,de los cuales 700 eran veteranos y 2.000
llegados después de 1922.
Según el autor del informe, la situación de los sefaradíes era mejor que la
de los ashkenazíes, pues su adaptación fue más fácil y los veteranos se
habían organizado para acudir en ayuda de los recién llegados.

Pero también a los sefaradíes "veteranos", que perdieron de repente todos sus
bienes,no les resultaba fácil hacer frente a las penurias de los nuevos
inmigrantes y trataron de suspender la ola inmigratoria. En el informe anual
de "Chevet Ahim" (organización comunitaria de los sefaradíes en Cuba)
correspondiente a 1924, se puede leer (transcripción textual):

          "Por ser el año 1924 el año de inmigrantes hebreos sefaradim que
          por su cantidad fue necesario tomar las medidas más urgentes para
          no dejar en el desamparo a nuestros hermanos que tocaban las
          puertas de nuestra asociación, inmigrantes que ya no eran jóvenes
          aventureros en busca de riquezas, eran familias y chiquillos que
          huían a la miseria que con motivos del cambio de régimen en los
          países balcánicos buscaban refugio en las libres Américas y entre
          éstas, Cuba; la ola inmigratoria era tal y en su mayoría necesitados,
          que la ‘Chevet Ahim’ tuvo que enviar cartas aclaratorias a los
          Grandes Rabinatos de Constantinopla, Adrinanopla y Bulgaria, por
          ser éstos los países de donde emigraban, y que nuestras cartas fueron
          leídas en todos los templos el día Sábado por orden del Gran
          Rabinato, y publicadas en los periódicos de Constantinopla..."

Los judíos sefaradíes comenzaron su derrotero como vendedores ambulantes,
buhoneros. En parte se quedaron en La Habana, donde recorrían casa por casa
ofreciendo mercancías a plazos: Quien desembarcaba del buque, tenía un
pariente o amigo que le preparaba para la buhonería". Muchos se dirigieron a
las ciudades del interior, a los centros comerciales rurales y a las
centrales (fábricas de azúcar), transportando sobre la espalda mercancías
pesadas: colchas, sábanas, frazadas,vestidos de mujeres, ropa de hombre, ropa
interior, calzados, etc. Los buhoneros sefaradíes desempeñaron un papel
importante al introducir la idea del crédito en la vida comercial de Cuba.

El crecimiento de los nuevos centros azucareros (en las provincias de
Camagüey y Oriente) influyó en las propensiones migratorias de los judíos
sefaradíes.
Paralelamente a la comunidad sefaradí de La Habana, se formaron dos
concentraciones en las ciudades del interior: una en Camagüey (donde se
radicaron muchos procedentes de Silivria) y otra en Santiago de Cuba, que
concentró a los judíos de Edirne. Pero una considerable parte de la población
sefaradí se diseminó por muchas pequeñas ciudades y aldeas, donde llevaban su
vida aislados o en grupos muy pequeños en medio de la población nativa.

Los primeros vendedores ambulantes, que prosperaron sobremanera en los
negocios,abrieron comercios que sirvieron de puntas de lanza para la
absorción de otros inmigrantes, llegados con posterioridad. Los dueños de
comercios vendían productos a plazos a sus paisanos, que salían a ofrecerlos
por las calles de La Habana y en las aldeas del interior.

La crisis económica que azotó desde 1929 hasta 1933, afectó también a la
población sefaradí en Cuba. La mayoría se dedicaba al comercio. En el
interior, casi todos los sefaradíes vivan con relativa holgura y sin
diferencias socio-económicas importantes. En La Habana, en cambio, había
hombres de negocios muy acaudalados, que no le iban en zaga a los
comerciantes ashkenazíes. Entre los hijos resaltaba la tendencia a las
profesiones académicas (sobre todo en La Habana), pero muchos sefaradíes
continuaron viviendo en La Habana Vieja, residencia de los primeros
inmigrantes judíos: aún en la época en que la mayoría de la colectividad
prosperó económicamente,había una gran capa de vendedores ambulantes judíos
sefaradíes en la capital y en las ciudades del interior.

La buhonería caracterizó también a una parte de los inmigrantes judíos
llegados a Cuba,pero la diferencia entre ashkenazíes y sefaradíes en la
economía, resaltaba sobremanera. Los ashkenazíes prefirieron concentrarse en
La Habana. no en las ciudades de la provincia. La buhonería fue para ellos
una etapa transitoria, hasta poder adquirir un comercio o abrir una empresa
privada (o hasta la emigración a los EE.UU.).
Hacia mediados de los años ‘30 disminuyó mucho el número de vendedores
ambulantes ashkenazíes. En cambio, un gran número de sefaradíes continuaron
ocupados en ese trabajo hasta la revolución de Castro (1959).

El trabajo de buhonero no reflejaba necesariamente una falta de éxito
económico. A algunos, el trabajo "en la calle" les permitía disponer de más
tiempo y llevar una vida más cómoda.El estilo de vida de los buhoneros en los
años ‘40 y ‘50, difería de los años ‘20. En vez de transportar las mercancías
al hombro, muchos ambulantes adquirieron automóviles; en vez de ir de una
casa a otra, establecieron círculos de clientes fijos; y en vez de vender
frazadas y ropa interior, ofrecían joyas y relojes. Lo que se conservó
invariable fue el principio de la venta a plazos y la incertidumbre de
una subsistencia insegura.

La organización sefaradí, en un comienzo, no quiso encerrarse en si misma,
sino que estaba dispuesta a admitir a todos los judíos que quisieran
incorporarse. Los primeros judíos de Europa Oriental se sintieron más cerca
de los sefaradíes de "Chevet Ahim" (a pesar de las diferencias de idioma y
mentalidad) que de los "norteamericanos" del "United Hebrew Congregation",
que los miraban como parientes pobres. Las relaciones mutuas que se crearon a
comienzos de la inmigración, entre sefaradíes y ashkenazíes,pusieron su sello
en la historia de la comunidad, especialmente en dos aspectos: el
sionismo y la educación judía.

En un estudio histórico sobre la trayectoria de la comunidad judía de Cuba,
el poeta idish Eliézer Aronowski describe a "Chevet Ahim" como organización
que cultivó, junto al credo religioso, el ideal sionista, y la denomina: "La
cuna del sionismo de Cuba".

En enero de 1924, "Chevet Ahim" fundó la primera escuela judía diaria en
Cuba: la "Teodoro Herzl". El primer año estudiaron en ella 125 alumnos. En
horas de la mañana se dictaban clases según el programa oficial cubano y por
la tarde, asignaturas judías: hebreo, Biblia, historia judía e idish (a los
niños ashkenazíes, cuyo número sobrepasó muy pronto al de los sefaradíes). La
apertura de la escuela fue factible por las contribuciones de "Chevet Ahim" y
una recaudación de fondos emprendida por el Rabino Maya en las comunidades
sefaradíes de los Estados Unidos.

En octubre de 1924 se fundó en La Habana la Unión Sionista de Cuba (la
primera en la isla) que habría de unificar a todas las corrientes del
sionismo y evitaría divisiones de carácter partidista, superfluas si se tiene
en cuenta el alcance reducido de la colectividad y sus peculiaridades
transitorias. Entre los activistas más notables de la Unión Sionista, cabe
mencionar a varios dirigentes de la comunidad sefaradí, entre ellos
al Rabino Guershon Maya.

En esa época, la actividad de los ashkenazíes en La Habana (exceptuados los
comunistas) se centraba en el "Idisher Tzénter" (Centro Israelita de Cuba),
institución cuyo presupuesto era cubierto por los judíos de los EE.UU. y que
abarcaba casi todas las tareas asistenciales, culturales y sociales. El
Centro Israelita ejerció presiones sobre la comunidad sefaradí, para que le
transfiriera la administración de la escuela.

En octubre de 1926, la Unión Sionista se incorporó como sección autónoma al
Centro Israelita y en enero de 1927, "Chevet Ahim" le transfirió la escuela.
Pero la fusión no fue afortunada. La escuela adquirió un matiz idishista y
secular. Los sefaradíes abandonaron la Unión Sionista y sacaron a sus hijos
de la escuela.

La cooperación entre la Unión Sionista y el Centro Israelita (administrado en
ese entonces por un representante de la "Hias"), no duró mucho tiempo. Tras
una crisis ideológica y organizativa, los sionistas se apartaron y formaron
de nuevo la Unión Sionista con los sefaradíes. La escuela "Teodoro Herzl"
reabrió sus puertas como institución conjunta de la Unión Sionista y los
sefaradíes, y "Chevet Ahim" se convirtió en el lugar de reunión de los
sionistas.

En 1927 visitó Cuba un emisario de la Confederación Mundial de las
Comunidades Sefaradíes (el Rabino Shabtái Djaén) y esa visita dejó una
impresión inolvidable; los sefaradíes vieron en su personalidad un nexo con
el mundo sefaradí y con el  sionismo.
Tras la visita del Rabino Djaén se fundó la "Unión Mundial de Judíos
Sefaradíes, La Habana, Cuba," y se llevó a cabo una campaña en favor de la
Confederación Mundial Sefaradí, cuyos frutos fueron enviados a Jerusalem. Ese
organismo no perduró mucho tiempo, por el hecho que el centro mundial de la
Confederación rompió sus vínculos.
Parece que el episodio fue sólo aislado, que no hubo otros casos en que se
formaran organizaciones sionistas separadas. En la práctica, la actividad
sionista sefaradí de Cuba, en los años ‘20 y ‘30, se llevaba a cabo
coordinadamente con la de los ashkenazíes, aunque sus fuentes ideológicas
eran diferentes.

La concepción sionista de los sefaradíes se basaba en la fe religiosa. El
periódico "El Estudiante Hebreo" publicó una serie de artículos sobre el
sionismo, escritos por sefaradíes, en los cuales resaltaban en especial el
elemento emocional de amor a Sión como deber religioso y acentuaban el fuerte
nexo entre el judaísmo y el sionismo.

Animado por un espíritu similar, José Cohen predicó el estudio de la lengua
hebrea,viéndola como la llave de acceso a los tesoros de la Torá y de la
tradición judía, así como también para el renacimiento cultural, que es uno
de los valores primordiales del sionismo

Esta concepción influyó en el contenido de los estudios hebreos impartidos en
la escuela "Teodoro Herzl", sometida a la influencia del Rabino Guershon
Maya y cuyas lecciones de hebreo incluían clases de religión judía.

La cooperación entre sefaradíes y ashkenazíes en la Unión Sionista se
expresaba, entre otras cosas, en la activa participación de los sefaradíes en
el comité directivo. En una asamblea de protesta multitudinaria, contra los
desmanes de 1929 en la Tierra de Israel, pronunciaron discursos conmovedores
el rabino sefaradí, el rabino ashkenazí y líderes de ambos sectores.

En una campaña por el Keren Kayemet Leisrael, que se realizó en 1935, la
Unión Sionista tropezó con la acérrima oposición de los círculos no
sionistas; el apoyo del Rabino Maya y de varios activistas sefaradíes
contribuyó al primer éxito del sionismo en una campaña de fondos cumplida en
la colectividad judía. Pero luego, la influencia sefaradí fue decayendo.

La retirada gradual de los sefaradíes de la actividad sionista, en un
Contexto compartido con los ashkenazíes, no se debió a brechas ideológicas,
sino a los cambios organizativos operados en el sionismo, que se adecuaban a
los oriundos de Europa Oriental pero ignoraban las necesidades sefaradíes.

La actividad de la Unión Sionista en sus primeros años, tenía un carácter
social más que ideológico y su contenido sionista era muy limitado. Las
actividades se realizaban en español, lo que suscitaba el disgusto de los
ashkenazíes. Cabe señalar que, en los primeros años de actividad de la Unión
Sionista, la influencia de la izquierda judía era muy grande en la
colectividad y los sefaradíes, los más veteranos y consolidados entre
ellos, constituyeron un sostén significativo para los elementos sionistas.

La incorporación de dirigentes jóvenes, egresados de los movimientos
juveniles sionistas de Europa, dio impulso al desarrollo del Movimiento
Sionista en Cuba, aunque debilitó el status de los sefaradíes. La
organización tasó a su propia sede y se formaron los movimientos "Hejalutz"
y "Hashomer Hatzair", que funcionaron sobre una base puramente idishista. La
juventud sefaradí se organizó en el contexto de la "Macabi" yen la práctica,
quedó al margen de la corriente principal del sionismo cubano.

Los activistas sefaradíes continuaron actuando en el comité directivo de la
Unión Sionista y manejaron la Campana Unida pro Israel en el Sector sefaradí.
pero su influencia en el movimiento disminuyó sobremanera. El gran desarrollo
que caracterizó al Movimiento Sionista de Cuba en la época de la Segunda
Guerra Mundial, no repercutió mucho en los sefaradíes, que se encerraron en
sí mismos. Con respecto a ellos, el auténtico despertar del sionismo comenzó
poco antes de la restauración del Estado de Israel, pero entonces los
sefaradíes fundaron sus propios marcos organizativos.

Otro campo de cooperación entre sefaradíes y ashkenazíes, fue la arena
estudiantil. En 1928, un grupo de colegiales y estudiantes fundó el Círculo
de Estudiantes Hebreos,con el objeto de ayudar a los jóvenes carentes de
medios que manifestaran deseos de continuar con sus estudios. De los 12
judíos que estudiaban en ese entonces en la Universidad de La Habana, ocho
eran sefaradíes. El Círculo de Estudiantes Hebreos actuaba en el contexto del
"Idisher Tzénter", que puso a su disposición instalaciones deportivas y una
sala de conferencias y de celebraciones, pero la mayoría de los activistas
eran sefaradíes. La organización se granjeó muchas simpatías en la
colectividad sefaradí y contaba con el auspicio del Rabino Maya. Sus miembros
se sentían como pioneros de avanzada en la elevación del nivel espiritual de
la colectividad en Cuba y en la unificación de los ashkenazíes y los
sefaradíes; también acentuaron el carácter supracomunitario de la
organización. El periódico "El Estudiante Hebreo", empero, sirvió de vocero
especial de los sefaradíes.

El Círculo de Estudiantes Hebreos tuvo que disolverse cuando el tirano
Machado clausuró la Universidad y los colegios secundarios (1930). Después de
la revolución de 1933, volvieron a abrir sus puertas los institutos de altos
estudios y, en el intento de reanudar la organización, no fueron incluidos
los sefaradíes, cuyo número en esos días era menor que el de los ashkenazíes.

Cabe señalar que uno de los promotores del Círculo de Estudiantes Hebreos
(David Peres) dedicó su vida a la preparación de alumnos judíos para que
ingresaran en los colegios secundarios y en la Universidad, y ejerció una
considerable influencia en el nivel de instrucción de los sefaradíes.

Según parece, los marcos conjuntos de sefaradíes y ashkenazíes existieron
mientras los sefaradíes percibían que aún los rodeaba la aureola de ser los
primeros. Pero cuando el número de ashkenazíes pasó a ser mayor, los
sefaradíes se replegaron y se vieron marginados de la actividad compartida.
Ese fenómeno no se debía a ningún tipo de lucha por la hegemonía, sino al
paulatino retiro de los sefaradíes, que valoraban la mayor capacidad de los
ashkenazíes y no aspiraban a competir con éstos por la prevalencia.

Una descripción característica de esa trasferencia, la proporcionan las memorias de un residente ashkenazí en Santa Clara: "Cuando los judíos de Europa Oriental
comenzaron a asentarse en Santa Clara, encontraron allí un considerable número de
judíos sefaradíes. El Centro actual lo fundaron nuestros ‘turcos’, nombre que damos
aquí a los sefaradíes. Pero gradualmente, los judíos de Europa Oriental los desplazaron del gobierno. No lo hicieron por la fuerza, no, sino que las cosas se produjeron en forma natural, pues es bien sabido que nuestros judíos son más diestros y conocen mejor el quehacer en el mundo. Pero no hubo ningún tipo de riñas. Al contrario, vivimos en paz y armonía con nuestros ‘turcos’..."

En comparación con los ashkenazíes, el punto de partida de los sefaradíes había sido
preferible: tenían más afinidad cultural que sus hermanos de Europa Oriental con la
población cubana y contaban con una ventaja especial desde el punto de vista
lingüístico, pues pasaban sin problemas del ladino al español. Muchos habían llegado a Cuba con el propósito de asentarse en la isla y no tuvieron que enfrentar el traumático proceso de la renuncia al "sueño norteamericano", que acompañara a los inmigrantes ashkenazíes. Los sefaradíes comenzaron a consolidar su infraestructura organizativa en el periodo de la abundancia, de modo que durante la crisis económica, a comienzos de los años ‘20, poseían los instrumentos primordiales para hacer frente a la ola inmigratoria y a los problemas de ayuda social.

A diferencia de los sefaradíes, los ashkenazíes constituían un grupo heterogéneo y su cauce organizativo estaba lleno de escisiones ideológicas y sociales. La aclimatación fue un proceso muy difícil pero, no obstante, pusieron de relieve una notable capacidad de adaptación y a pesar de las dificultades idiomáticas y a los rasgos de sus semblantes, que los hacían parecer muy diferentes y raros, se equipararon muy pronto con los sefaradíes en sus constantes progresos en la escala económica; se mudaron a barrios de residencia espléndidos, su desarrollo organizativo se ramificó y se hizo colorido.

La influencia de los sefaradíes en el desarrollo de la colectividad judía de Cuba, se
percibió especialmente en los años ‘20. En ese tiempo pusieron los cimientos de la
educación judía en la isla, crearon la infraestructura organizativa en las ciudades delinterior y desempeñaron un papel central en la consolidación del Movimiento Sionista.

 Pero en el proceso de rápido crecimiento de la población judía, los sefaradíes se
 quedaron rezagados. Eso se debió a la desigual relación de fuerzas entre ambas
 comunidades. Dicho proceso no supo de luchas por el predominio en los organismos, sino que se caracterizó por el renunciamiento de los sefaradíes y por su retiro a un marco comunitario cerrado.

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