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Recordando la única emergencia que el Dr. David Applebaum no pudo atender

Cuando aquel 9 de setiembre del 2003 comenzaron a llegar los heridos, como tantas otras veces en aquellos terribles años de la segunda intifada, el personal médico en el servicio de Emergencia en el hospital Shaarei Tzedek de Jerusalem, no entendía por qué su jefe, el Dr. David Applebaum, aún no estaba allí. Él que siempre estaba donde más se lo necesitaba. Que aún siendo un judío religioso, viajaba en shabat al hospital cuando se lo precisaba, porque salvar vidas era lo primero. Él que ya había arriesgado la suya propia atendiendo a heridos bajo balaceras…

Esta vez no pudo. El Dr. David Applebaum, Director de la Urgencia en Shaarei Tzedek y fundador del servicio de atención de emergencia TEREM que se extendió por todo Israel, fue uno de los cuatro muertos en el atentado terrorista que sacudió la calle Emek Refaim cuando el suicida detonó la carga explosiva que llevaba oculta entre sus ropas.

La tragedia se vio multiplicada inconmensurablemente, al confirmarse que otra de las cuatro víctimas era Nava, la mayor de las hijas mujeres del médico-la tercera de seis hijos-, que la noche siguiente iba a contraer matrimonio. Padre e hija salieron juntos a conversar un poco, la última noche antes de la boda. Estaban ya saliendo y alguien de la familia llamó a pedirles que lleven algo determinado del Café Hillel donde sabían que estaban sentados. Y por teléfono, se oyó la explosión.

El pavor no los paralizó y desde la casa, los llamaron. Una y otra vez. Nadie atendía. “Papá debe estar atendiendo, salvando vidas, como siempre”, se dijeron algunos de sus hijos. Pero la pesadez del corazón no vaticinaba nada bueno. Corrieron al hospital. Al ver a la familia, todos preguntaron por el doctor. “Lo precisamos. ¿Dónde está?”, preguntaron. “Nosotros también lo estamos buscando”, respondió Devra, su esposa.

También el personal de la Emergencia comenzó a entender que algo terrible que esta vez les tocaba de cerca, se agregaba a la tragedia generalizada de esos oscuros años de terrorismo. Pidieron a la familia que espere en un cuarto. Iban y venían corriendo…Mientras atendían a los heridos, iban captando la dimensión de la tragedia.

Uno de los hijos mayores del Dr. Applebaum , jefe de la unidad de trauma en el servicio de emergencia que había creado su padre, se acercó llorando a su madre. “¿Quién”, preguntó ella. “Los dos, mamá. Los dos”.

 

No alcanzamos a traducir todo el informe. Desde el punto de 1 minuto y 35 segundos, se puede ver las imágenes de lo ocurrido cuando el atentado y de las escenas en el Hospital Shaarei Tzedek al confirmarse la muerte del jefe del Servicio de Emergencia. Quien sale con rostro serio a notificarlo a la prensa, es el Dr. Iohanan Halevy, en aquel entonces Director del Hospital.

El Dr. David Applebaum , nacido en Estados Unidos y radicado en Israel en 1982, siempre combinó el estudio de la  Torá, la vida de acuerdo a la observancia religiosa, con su carrera médica, que ejercía con pasión. En la familia se sentaban todos juntos a mirar la serie televisiva ER (Emergency Room) y también a hablar sobre la Parashá de la semana y sus enseñanzas.

Nava conoció a su prometido Janan Sand cuando tenía 17 años. Él era un año menor. Ambos activaban en un grupo religioso de ayuda social. Al año de encontrarse, estaban comprometidos pero decidieron postergar el casamiento por dos años.

Nava y Janan. Él colocó el anillo en la tumba de Nava. Janan contrajo matrimonio 7 años después de la muerte de Nava y parte de la familia Applebaum asistió a su boda.

 

Nava optó por hacer dos años de Sherut Leumi (Servicio Nacional), una alternativa al servicio militar que adoptan a menudo jovencitas religiosas, aportando en dicho marco a la sociedad. Durante esos dos años, trabajaba con niños con cáncer, apoyando, alegrando, inspirando esperanza. Ya tenía decidido estudiar Química en la Universidad Hebrea de Jerusalem, para tratar de hallar una cura al cáncer.

La noche antes del casamiento, Nava y su padre salieron al Café Hillel. No iban a demorarse mucho, dijeron a todos en casa, casi al terminar esa jornada previa a la gran noche que tanto emocionaba a la familia. Cerca de las 23.20, el guardia que cuidaba la entrada de la pizzería adyacente al Café Hillel, notó que un hombre que pasaba por allí, llevaba un bulto extraño debajo de su camisa. Le gritó que se detenga pero el hombre siguió. El guardia, Alon  Mizrahi, fue uno de los cuatro muertos cuando segundos después, el terrorista Ramez Abu Salim de Hamas detonó la bomba.

Ese atentado se convirtió en uno de los grandes símbolos de la intifada. El médico que estaba dedicado a atender heridos de los numerosos atentados suicidas en la ciudad, fue finalmente él mismo víctima de una de las bombas. Y su hija, abocada a ayudar a otros, murió junto a él. Ambos fueron sepultados al día siguiente en el cementerio de Har HaMenujot en Givat Shaul, a la entrada de Jerusalem. Miles participaron en el funeral, incluyendo muchos que no los conocían personalmente.

El médico que recibió un galardón de la Kneset por atender heridos bajo fuego en el centro de Jerusalem, dejó no sólo recuerdos de su singular personalidad y su dedicación sino también pruebas de lo fuerte de su ejemplo. Dos de sus hijos son médicos y una de sus hijas mujeres, paramédica.

Hasta ahora, quien entra al piso de la urgencia en el hospital Shaarei Tzedek, o va a alguna de las sucursales de TEREM, verá una foto grande del Dr. David Applebaum. La verán los numerosos pacientes judíos y árabes que reciben tratamiento por igual, como siempre. Es una señal de continuidad, un digno legado. Un legado que los terroristas jamás lograrán entender.

FUENTE: SEMANARIO HEBREO JAI
Ana Jerozolimski
(09 Septiembre 2019 , 19:06)