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Abbas: Destruir a Israel por etapas

El Presidente de la AP Mahmoud Abbas no permitirá que los refugiados palestinos (descendientes de los refugiados de la guerra árabe contra Israel en 1948) en Siria se refugien en la Margen Occidental, diciendo que “es mejor morir en Siria que renunciar a su derecho al retorno” a Israel.

Publicado originalmente bajo el título, “¿Volver o Morir?”

Ante el sufrimiento de su propio pueblo, el liderazgo palestino, recientemente, decidió no ayudar. La Autoridad Palestina (AP), el presidente Mahmoud Abbas, rechazó un acuerdo con Israel, negociado por las Naciones Unidas, que permitiría a los refugiados palestinos que viven en Siria reasentarse en la Margen Occidental y Gaza. Abbas declaró inequívocamente que “rechazamos eso y dijo que es mejor que mueran en Siria que renunciar a su derecho de retorno”. La Organización para la Liberación de Palestina también ha descartado una acción militar para ayudar a los 18.000 o más refugiados que se encuentran atrapados en el campamento de Yarmouk, cerca de Damasco.

Abbas a los Refugiados palestinos de Siria: Ir a Israel o ‘Morir en Siria’, pero no serán recibidos en los territorios que controla la Autoridad Nacional Palestina.

La respuesta a sangre fría de Abbas revela algo fundamental acerca de la sociedad y la identidad palestina. Mucho más que territorio, la cuestión clave israelí-palestina es la idea de un “derecho de retorno” palestino – la creencia en un derecho legal y moral de los refugiados palestinos y, lo más importante, el de sus descendientes de todo el mundo, para volver a los hogares ancestrales en [partes de Israel] lo que antes era la Palestina del Mandato. Esta creencia es tan vital para la identidad nacional palestina que sus líderes prefieren que mueran antes que renuncien a ese derecho y tengan la oportunidad de vivir.

La Resolución 194 (III) de la Asamblea General de las Naciones Unidas de diciembre de 1948, supuestamente codifica este “derecho”. Sin embargo, una mirada más cercana revela que es condicional: “los refugiados que deseen regresar a sus hogares y vivir en paz con sus vecinos deben ser autorizados a hacerlo a la mayor brevedad posible, y… debe pagarse indemnización por los bienes de los que decidan no volver”. La resolución también insta a las Naciones Unidas “a facilitar la repatriación, el reasentamiento y la rehabilitación económica y social de los refugiados y el pago de la indemnización”.

Es interesante que todos los estados árabes en la ONU en la época (Egipto, Siria, Líbano, Irak, Arabia Saudita y Yemen) votaron en contra de la resolución, porque la misma aceptaba implícitamente la partición de la Palestina del Mandato que reconocía el derecho de los judíos a un estado. Pero el texto real de la resolución ha sido irrelevante desde el comienzo; la identidad palestina ha cristalizado en torno al sueño de un incondicional “derecho de retorno”, como lo ha expresado la propaganda palestina al mundo.

Desde 1948, el “derecho de retorno” ha sido repetido innumerables veces y se ha arraigado profundamente en la cultura palestina. El propio Abbas declaró que “el derecho de retorno es una decisión personal… ni la AP, ni el estado, ni la OLP, ni Abu Mazen [Abbas], ni ningún líder palestino o árabe tiene derecho a privar a alguien de su derecho a regresar”. Puesto de esta manera, ¿qué palestino sería el primero en violar una norma cultural?

Más sorprendente aún es el grado en que este derecho imaginario ha sido adoptado en otros lugares. Un ejemplo, de muchos, es el American Friends Service Committee, un destacado arquitecto del movimiento de boicot, desinversión y sanciones contra Israel, que aboga por la “implementación del derecho al retorno de los refugiados, la igualdad y la justicia para palestinos e israelíes”. Esto simplemente significa el fin de Israel como un estado judío, difícilmente la igualdad o la justicia para ambos pueblos. Tal deshonestidad sobre esta demanda palestina fundamental prolonga la crisis.

Así, también, lo hacen los funcionarios de alto rango de UNRWA que defienden el “derecho de retorno” palestino en los discursos y las páginas web oficiales, por no hablar a través de la generalizada promoción en las escuelas de la UNRWA. ¿Cómo sirve a la causa de la paz promover la afirmación de que los palestinos tienen derecho a regresar a los lugares en Israel una vez ocupados por sus padres, abuelos o incluso bisabuelos?

Además, señalar, aunque con cuidado, que es improbable que alguna vez vuelvan a estos lugares viola un código de silencio. Tal fue el caso con el ex portavoz de la UNRWA Andrew Whitley. En un discurso de 2010 ante un grupo árabe-estadounidense, dijo, “Reconocemos, como creo que muchos lo hacen, aunque no es una posición que expresamos públicamente, que el derecho de retorno al territorio de Israel es improbable que se ejerza en una medida apreciable o significativa… No es una cuestión políticamente aceptable, no es que UNRWA aboga públicamente, pero no obstante es conocido su rodeo del tema”.

UNRWA condenó rápidamente a Whitley, diciendo que “inequívocamente se distancia de las declaraciones”, y el propio Whitley se retractó, diciendo: “Expreso mis sinceros arrepentimiento y disculpas por cualquier daño que mis palabras puedan haber hecho a la causa de los refugiados palestinos y por cualquier infracción que pude haber cometido… Definitivamente no es mi creencia que los refugiados deban renunciar a sus derechos fundamentales, incluido el derecho de retorno”.

La declaración de Abbas lleva ese “derecho” todavía un paso más adelante. Ha dicho efectivamente que es una obligación para los palestinos morir en lugar de volver, en las circunstancias equivocadas, trasladándose a los territorios de la propia Autoridad Palestina y renunciar al deseo de establecerse en lo que hoy es Israel. La centralidad del “derecho de retorno” para la identidad palestina, junto con el concepto de “resistencia” como un medio para restaurar tanto la “justicia” y el “honor” han frustrado, de modo fidedigno, cualquier consideración de reasentamiento. Ahora Abbas ha establecido plenamente la idea de muerte antes que deshonor, o incluso la posibilidad de vida bajo el gobierno de la Autoridad Palestina.

No sólo nunca ha habido dos soluciones al problema palestino, repatriación y reasentamiento. Si bien al principio Israel ofreció aceptar cantidades significativas de palestinos, entre los palestinos siempre ha estado políticamente fuera de cuestión algo menos que una restauración completa. Ahora que los palestinos se están muriendo, las barreras se han elevado mucho más.

El editor de Al-Jazeera, Mehdi Hasan, escribió recientemente: “Ha llegado el momento, para aquellos de nosotros que afirmamos preocuparnos por el pueblo palestino y su lucha por la dignidad, la justicia y la nacionalidad, hacer que nuestras voces sean escuchadas”, pero añadió que “Nuestra indignación selectiva es moralmente insostenible. Muchos de nosotros, que hemos elevado nuestras voces en apoyo de la causa palestina, inexcusablemente hemos hecho la vista gorda ante el hecho de que decenas de miles de palestinos han sido asesinados por compatriotas árabes en las últimas décadas”. Esa crítica se aplica primero y principalmente al liderazgo palestino.
Asaf Romirowsky es un colega en el Middle East Forum. Alexander Joffe es un Fellow Shillman-Ginsburg del Middle East Forum. Son co-autores del libro Religión, Política y los Orígenes del Socorro para los Refugiados de Palestina (Palgrave Macmillan, 2013).

Autores: Alexander H. Joffe y Asaf Romirowsky
Traducido para porisrael.org por José Blumenfeld

http://www.meforum.org/5245/abbas-refugees-syria