La parashá Vaetjanan es una continuación de la histórica lección que Moshé inició la semana pasada.
Él desafía al pueblo a estudiar historia, antropología, religiones comparadas, entre otras, y a encontrar otra fe que afirme algo remotamente comparable con las afirmaciones de los judíos. Las Diez Plagas, la Apertura del Mar y la Revelación en el Sinai, donde una nación entera (de millones de personas) se convirtió en profetas y “escucharon a Dios hablar y vivieron” (Deuteronomio 4:33). Además de una caminata de 40 años en un desierto desolado con milagros impresionantes ocurriendo constantemente para toda la nación judía.
Para simplificar exageradamente por un minuto, la alternativa de creer en algo que no sea una tradición consistente traspasada de generación en generación, sugiere absurdamente que en un momento específico de la historia judía todos se juntaron y unánimemente conspiraron tener un Seder de Pesaj para conmemorar un evento que nunca ocurrió. Imagina:
“Niños, vengan siéntense alrededor de la mesa y coman un poco de matzá”.
“Pero papi, ¿por qué es esta noche diferente a las otras noches?”.
“Porque Dios nos sacó de Egipto”.
“Entonces, ¿Cómo puede ser que no hayamos comida matzá el año pasado?
¿Cómo es posible que nuestro abuelo nunca haya comido matzá?”.
Lo absurdo de este escenario es una prueba de la verificación histórica de la Torá.

Moshé describe su angustia mientras continúa suplicando continuamente a Dios para que le permita entrar a la Tierra de Israel. El Talmud pregunta: ¿Por qué Moshé deseaba tanto entrar a la tierra? Porque ansiaba cumplir con las mitzvot que sólo se pueden realizar en la Tierra de Israel.

“Has comenzado a mostrarme Tu grandeza”, le dijo Moshé a Dios. El mayor profeta que existió y el único que recibió toda la Torá directamente de Dios. A la edad de 120 años le dijo a Dios: “Recién has comenzado a enseñarme”.
Esto aplica a todo tipo de sabiduría. Con cada nuevo descubrimiento, los científicos se dan cuenta de lo poco que saben. Un gran sabio comparó el logro de su vida, haber aprendido toda la Torá, con un pequeño perro que corre hacia la orilla del mar y bebe un trago de agua. Esa es la proporción que este sabio tomó de la Torá. Sin embargo, nunca debemos desalentarnos. Los Sabios nos enseñan, “No se te pide que la termines, pero tampoco puedes descuidar tu estudio de Torá“. (Avot)

Los filósofos a través de las décadas han debatido sobre la idea de “Devekut” la capacidad de unirnos a Dios. Una escuela afirmaba que era imposible aferrarse a Dios en la existencia física y que sólo después de la muerte era posible hacerlo. Otra opinión era que incluso en este mundo ciertos individuos muy espirituales tienen el potencial de unirse al Infinito. La tercera escuela fue incluso más lejos, afirmando que es posible que cualquier persona se acerque a Dios, pero que esto requiere muchos años de intensa meditación y esfuerzo.
La Torá nos sorprende al estar en desacuerdo con las tres opiniones. Dice: “Y ustedes que se unen a Dios están vivos” (no sólo después de la muerte)… “todos ustedes” (no sólo ciertos individuos)… “hoy” (no sólo después de años de esfuerzo) (Deuteronomio 4:4).

Moshé enfatiza repetidamente un tema muy importante: El propósito de la Tierra de Israel. En la década de 1950, los judíos Yemenitas que llegaron a Israel a través de la operación “Alfombra mágica” eran casi todos religiosos. Los judíos seculares vieron esto como una amenaza social y política e hicieron un esfuerzo por secularizarlos, tal como está bien documentado. Su posición era que a pesar de que los símbolos judíos habían sido necesarios para mantener la identidad judía en Yemen, en tierra israelí ya no eran necesarios.
Contrasta esto con Moshé que enfatizaba que el propósito de la tierra era proveer el “lugar ideal para cumplir con las mitzvot”.
Se ha dicho que alguien que vive una vida de Torá en la diáspora es como un huevo sin su cáscara. Aún tiene la clara y la yema, pero no está completo sin su cáscara. Una vida de Torá en Israel es completa, el huevo con su cáscara. Israel sin Torá, sin embargo, es como una cáscara sin el huevo

Moshé proclama (Deuteronomio 4:6) que las naciones del mundo van a apreciar la sabiduría del pueblo judío y a reconocer su origen Divino. Esa es la grandeza de nuestra nación. Cuando los judíos reniegan de su judaísmo, la consecuencia es el desprecio por parte de los no judíos. Alemania, que tenía gran cantidad de asimilación, vio el mayor arrebato de antisemitismo de la historia.
Cuando un niño judío va a una escuela pública en Iom Kipur, sus amigos no judíos no lo respetan por eso. Cuando Sandy Koufax se rehusó a jugar en la Serie Mundial en Iom Kipur, fue admirado por sus principios.

La Torá compara la esclavitud judía en Egipto a un “horno de hierro” utilizado para refinar el oro. El tremendo calor del horno purifica el metal de sus imperfecciones y queda oro puro. Así la esclavitud egipcia hizo al judío, en su subconsciente profundo, sensible al sufrimiento de la humanidad. Cuando los refugiados marítimos de Camboya no tenían dónde ir, el ex Primer Ministro Menajem Begin dijo: “Que vengan a Israel. ¡Nosotros entendemos lo que se siente cuando nadie te quiere!”.

Moshé predijo que a medida que pasara el tiempo, el pueblo se deterioraría y comenzaría a adorar ídolos. Esto causaría que fueran exiliados y siempre serían minoría en las tierras en las que se encontraran. Adorarían madera y piedra (posiblemente una referencia a la cruz de madera y a la piedra de la Meca, símbolos de las religiones que convirtieron judíos por la fuerza). Sin embargo, eventualmente los judíos se arrepentirían y retornarían a Dios. Esto suena como una historia contemporánea de los judíos antes de que ocurrieran los eventos.

La Torá nos desafía a encontrar otra fe que proclame una “Revelación Divina Nacional”. Considerando que muchos conceptos de la cristiandad y del Islam fueron tomados del judaísmo (incluyendo “ama a tu prójimo”), parece extraño que el concepto fundamental – revelación nacional – no fuera adoptado. ¿Por qué no afirman otras religiones que el ser Divino se dirigió a sus grandes profetas en frente de las masas?
La respuesta es que nadie puede basar una religión en una afirmación obviamente falsa. Sólo los judíos proclaman que hubo una revelación a las masas, porque sólo ellos tienen la tradición histórica que lo comprueba

Moshé repasa los eventos que llevaron a la revelación en el Monte Sinai y los Diez Mandamientos (ver parashá Itró), enfatizando el hecho de que se está dirigiendo a aquellos que están a punto de entrar a la tierra. Los Diez Mandamientos pueden verse como principios generales que abarcan los otros 603 mandamientos (Rabino Saadia Gaón).
“Honra a tus padres así como te he ordenado” – pero “no” si ellos contradicen la Torá. En Éxodo no dice esto, porque los judíos aún no recibían la Torá.
“No codicies el campo de tu amigo”. Esto no fue mencionado en Éxodo, porque el pueblo judío aún no tenía campos.

Shemá Israel

Moshé proclama las seis palabras que han permanecido en los labios del pueblo judío a través de todas las generaciones.
Dos veces al día, los judíos recitan el Shemá, y a la hora de acostarse cada madre judía pone las pequeñas manos de su hijo sobre sus ojos y recita junto a él el Shemá. Los judíos viven con el Shemá y mueren con el Shemá.
Aquí hay una explicación simplificada del Shemá:

Escucha Israel” – De esta manera, me uno en espíritu con el pueblo judío.
El Eterno es nuestro Dios” – el Amo de todo el universo, Él es el Dios del pueblo judío y el Amo de todo el poder.
El Eterno es Uno” – el Amo de todo, es único en el cielo y en la tierra y en las cuatro esquinas de la tierra. En el futuro, todos van a reconocer Su Unicidad.

Yo acepto sobre mí el Reinado de Dios y acepto sobre mí Su yugo (incluso si no tengo ganas de seguirlo hoy), acepto incluso a dar mi vida por la Unicidad de Dios

Se nos ordena: “Ama al Eterno tu Dios“. ¿Cómo se puede ser ordenado a sentir una emoción?
Enfócate en las cosas que te llevan a sentir esa emoción. Al meditar en las cosas positivas que hemos recibido de Dios, no acercamos a ese amor.

Con todo tu corazón” – todos tus deseos deben estar dirigidos a Dios.
Con toda tu alma” – debes estar listo a sacrificar tu vida por Dios, si fuera necesario.
Con todas tus fuerzas” – todo el dinero y todos los bienes son de Dios y están dedicados a Él.

Para la mayoría de las personas, el dinero no es algo por lo que arriesgarían su vida. Otros arriesgarían su vida por un solo dólar o por conseguir fama.
¿Cómo se hace para amar a Dios? “Que estas palabras de Torá estén en tu corazón”. Al enfocarnos en la Torá, reconocemos la grandeza de Dios y llegamos a amarlo.

Enséñalas a tus hijos” – esto nos indica que debemos enseñar lo que es verdaderamente importante en la vida: la cercanía a Dios
Habla sobre ellas constantemente” – el estudio constante de la Torá hace que un judío tenga una relación íntima con Dios.
Ponte Tefilin y ten una Mezuzá en tu puerta” – cuidar estas mitzvot nos conecta a Dios para siempre.


En la parashá de esta semana, Moisés reitera al pueblo judío los Diez Mandamientos que oyeron en el Monte Sinai. Moisés le dice al pueblo judío que:

Seis días trabajarás y harás todas tus labores. Pero el séptimo día es Shabat para el Eterno, tu Dios…” (Deuteronomio, 5:13-14)

Dios ordenó que, además de reposar en el séptimo día, los judíos debían completar todas sus labores al término de los seis días anteriores. Descansar en el séptimo día es un concepto que ciertamente podemos entender, pero no existe ninguna persona entre nosotros que sienta que realmente terminó con todo su trabajo cada viernes por la tarde. Incluso tenemos una “lista mental” de tareas para hacer inmediatamente después de nuestro día de reposo ordenado. Dios nos hizo trabajadores, así que ¿cómo es posible comprender el mandamiento de concluir todo nuestro trabajo al final de la semana?

La respuesta – si tú lo permites – puede ser uno de los conceptos más liberadores que has experimentado en tu vida. Cuando Dios nos ordena concluir todo nuestro trabajo, tenemos que entender a que tipo de “trabajo” Dios se refiere. “Nuestro trabajo” es “nuestro esfuerzo” – que es lo único que podemos controlar. Y Dios, (y sólo Dios), es el que controla el resultado de nuestro esfuerzo. Así que cuando Dios nos ordena concluir todo nuestro trabajo, Él se refiere a hacer todo nuestro esfuerzo.

Y ese es el poderoso mensaje que cambia vidas. Por un lado, la cantidad de cosas que tenemos que hacer NUNCA termina. Pero eso no importa, porque lo único que Dios exige de nosotros es el esfuerzo que ponemos en estas tareas. Por lo tanto, Dios nos dice que durante seis días a la semana, tenemos que hacer el esfuerzo necesario para marcar una diferencia. Después de eso, nuestro “trabajo” ha terminado. En el séptimo día, Dios quiere que tomemos un respiro y quiere que dejemos de poner esfuerzo.

Una vez que entiendes este concepto, ya no te sientes abrumado, sobrecargado, o estresado. Ya no sientes el peso de la montaña de trabajo que está constantemente frente a ti. Por cierto, si sientes que no tienes el control, eso significa que simplemente pasas demasiado tiempo preocupándote por los resultados – los cuales no puedes controlar o dictar. Cuando te enfocas sólo en tu esfuerzo y no en el resultado, ciertamente estás en camino hacia una vida equilibrada y feliz.

Haz tu parte durante seis días, poniendo en el esfuerzo adecuado, y a continuación, relájate y recuerda quién tiene realmente el control. Comprender y vivir con esta realidad te liberará de la ilusión que la mayoría de nosotros llamamos “vivir la vida”, y te permitirá entrar en lo que algunos llaman “el paraíso”.

(Extraido de aishlatino.com)

Artículos relacionados:

    [Selección automática]
  1. Parashá Vaetjanán Continuando con su crítica al pueblo, Moshé le recordó cómo...
  2. Parashá Tetzavé Resumen de la parashá Hashem ordenó a Moshé que construyera...
  3. Parashá Pedir disculpas No importa si estoy en lo correcto o...
  4. Parashá Vaiakhel- Pekudei Resumen de la parashá Parashá Vaiakhel Moshé transmitió a los...
  5. Parashá Vaerá Hashem Se reveló a Moshé como el Señor cuyas promesas...