Los Israelitas alcanzaron las exuberantes llanuras de Moab: un hermoso oasis comparado con el húmedo desierto en el que habían estado vagando por 40 años. Descansaron un poco y se sentían bien.
Los Moabitas (descendientes de Lot, el sobrino de Abraham) y los Midianitas sacaron ventaja de esta situación y se dieron cuenta que su guardia estaría baja.
Entonces, implementaron el plan del malvado profeta Bilam (Números 31:16) de inducir a los judíos al pecado. Bilam dijo: “Su Dios es un Dios moral. Si puedes lograr que los judíos sean inmorales, entonces Dios se va a deshacer de ellos”.
Nuestra parashá relata el método que implementaron los Moabitas para hacer caer a los judíos:

Los Moabitas enviaron a sus mujeres más bellas, lideradas por una princesa Midianita, a seducir a los hombres judíos al pecado. Pusieron tiendas en la orilla del campamento para vender preciosas prendas de lino a las cuales los judíos se habían acostumbrado en Egipto. Afuera de las tiendas, señoras mayores las vendían a precios caros, mientras que al interior de las tiendas estaban las mujeres más bellas, “vestidas para matar”, vendiendo las mismas prendas muy baratas.

Existen dos formas de violar la prohibición de la Torá de idolatría:
A) Al hacer uno de los actos que normalmente se hacían en el Sagrado Templo en frente del ídolo – por ejemplo, sacrificios animales, libaciones, incienso o inclinándose.
B) Haciendo cualquier acto en el que normalmente el ídolo es adorado – a pesar que sea un acto loco o desagradable. Por ejemplo Markulus era adorado al tirarle piedras. Baal Peor era adorado al defecar en frente de él. Esta ideología glorifica las ideas de “volver a la naturaleza”, de “no tener vergüenza” y de fatalismo.

Las hermosas mujeres primero ofrecían a los hombres judíos un vaso gratis de vino (antes del decreto rabínico contra el vino no casher), y luego, cuando los hombres estaban un poco bebidos, las mujeres les ofrecían sus cuerpos con la condición de que defecaran frente al ídolo de Baal Peor. ¡Y los hombres judíos lo hicieron!

Cuando algunos de los hombres cedieron ante la tentación, la idolatría se empezó a esparcir entre los judíos. Entonces, el “atributo de justicia” de Dios entró en juego contra toda la nación.

En el sistema legal de la Torá no existen las “brigadas de policía” para atrapar a los que infringen la ley. Si dos hombres adultos son testigos de un crimen, tiene la obligación de advertir al infractor y exigir que sea llevado a la justicia. Cuando estos “ciudadanos policía” no cumplen con su obligación, Dios se enoja con toda la nación.

Las cortes empezaron a colgar (después de muertos) a algunos de los malhechores, la mayoría de la tribu de Shimón. Sin embargo, la plaga de muerte ya había comenzado.

En este momento, la tribu de Shimón estaba perdiendo hombres, entonces ellos corrieron donde Zimri, su príncipe, pensando que él podría hacer un esfuerzo para detener la plaga. La princesa Midianita fue llevada donde Zimri y este la llevó delante de Moshé. Zimri preguntó: “¿Ella está permitida? Y si la respuesta es no, entonces, ¡¿por qué estaba Tzipora (que también era Midianita) permitida para ser tu esposa?!”.

Zimri tomó descaradamente a la princesa y la llevó a su tienda en frente de toda la nación. Fue una profanación pública del nombre de Dios.
A pesar de que tener relaciones públicamente con una no judía no se considera una ofensa capital, en un sentido moral, es considerado una traición en contra del pueblo judío. Había una tradición de Sinai que alguien que presenciara este acto y fuese celoso del honor de Dios y del pueblo judío, tendría permitido matarlo en ese preciso momento.

Pinjas era nieto de Aarón. Pero él no era Cohen porque Aarón, sus hijos y su futura progenie fueron santificados en un punto particular de la historia bíblica. En ese momento, Pinjas había sido excluido porque era nieto (no “hijo”) y había nacido antes de que tomara efecto la asignación de los
Cohanim (y él no “nació de un Cohen”).

Pinjas estaba muy perturbado al ver la catástrofe pública de Zimri, y le preguntó a Moshé: “¿Acaso no nos enseñaste esta ley?” A lo que Moshé respondió, “Aquel que lee la carta debe ser el que cumple sus órdenes”.
Pinjas separó la hoja de su lanza del mango y la escondió debajo de su manto. Tomando el mango como un bastón para caminar, ¡golpeó a la puerta de la tienda exigiendo su turno también! Al entrar, rápidamente rearmó su lanza y atravesó con ella a Zimri y a la princesa Midianita (justo en el punto de conexión de ellos). Luego procedió a levantarnos en el aire con su lanza y los mostró a la gente que estaba afuera de la tienda.

Este celoso acto de Pinjas, detuvo la plaga que ya había cobrado la vida de 24,000 judíos.
El pueblo estaba enojado porque Pinjas había matado a un Príncipe de Israel (que obviamente podía justificar sus actos). Ellos ridiculizaron el linaje de Pinjas, que descendía de Yosef e Itró, así como de Aarón. Dijeron que este acto debía ser resultado de su linaje de Itró, que adoraba todo tipo de idolatrías.

Este fanatismo (que llevó a Pinjas a atravesar a Zimri y a la princesa Midianita), sólo estaba permitido cuando se realizaba sin segundas intenciones. Pero algunas personas afirmaron que Pinjas estaba influenciado, dado que el linaje de su madre era de Midian.
Dios proclamó que por el contrario, este acto era el resultado del linaje de Pinjas proveniente de Aarón (que amaba y buscaba la paz), y que no había sido con segundas intenciones. Algunas veces uno debe pelear y matar por la paz.

Dios le dio a Pinjas el “Pacto de Paz” e instaló a él y a sus descendientes en el sacerdocio para siempre. En este punto Pinjas se convirtió en Cohen y eventualmente en Sumo Sacerdote.
De acuerdo a la tradición, Pinjas vivió muchos años y es identificado con el Profeta Elías que profetizó en el tiempo de los reyes judíos y subió al cielo en una carroza. Elías anunciará la llegada del Mashiaj, ¡que traerá la paz al mundo para siempre!

Después de la plaga, se realizó un segundo censo. (El primer censo había sido al comienzo de los 40 años, y éste al final). Cuando un pastor vuelve a su ganado, los vuelve a contar, entonces, antes de la muerte de Moshé era apropiado hacer un segundo censo.

Cada familia es mencionada con una letra “hei” en el comienzo y una “yud” al final. Estas son las letras del nombre de Dios, atestiguando que ellos eran hijos de sus padres y no de los egipcios que los calumniaron (reclamando que ellos eran los padres). La letra “hei” (simbolizando la mujer) viene antes de la “yud” (simbolizando al hombre), para demostrar que sólo en el mérito de las mujeres justas salieron los judíos de Egipto.

Las Hijas de Tzlafjad
Nuestra parashá contiene otra ley omitida por Moshé, para que otro judío pueda tener el mérito de enseñarla al pueblo judío. Tzlafjad tenía 5 hijas y ningún hijo. Las hijas le preguntaron a Moshé, “Si las mujeres son consideradas descendientes al igual que los hombres, ¿por qué no podemos recibir la porción de nuestro padre en la Tierra de Israel?”.

Esto no era una demostración de “liberación femenina”. Las hijas sabían que cuando hay hijos, ellos reciben primero los derechos de herencia (y mantienen a las hijas con esos bienes hasta que ellas se casan, a menos de que no haya suficiente para todos, en cuyo caso las hijas reciben y ¡los hombres mendigan!) Ellas sólo preguntaron por el caso en el que no hay hijos, para que la herencia de su padre no se perdiera y ellas pudieran también recibir una porción en la tierra.

Dios estuvo de acuerdo con el pedido de las hijas, y desde ese momento en adelante, se estableció la ley que cuando un hombre muere sin tener hijos, entonces las mujeres heredan de su padre. (La idea de que las mujeres posean propiedad era revolucionaria y no había sido escuchada hasta ese momento, incluso, en el mundo Occidental no había sido escuchada hasta hace muy poco).

Los Sabios contrastan a los hombres que querían regresar a Egipto con estas mujeres que deseaban fuertemente una porción en la Tierra de Israel.

En la parashá de esta semana, Dios le mostró a Moisés la Tierra de Israel y le dijo que no le permitiría liderar al pueblo judío hacia la Tierra. Moisés dijo de inmediato:
“Que Dios… instale un hombre sobre la asamblea… que los lidere… para que la asamblea no sea como un rebaño que no tiene pastor”. (Números 27:16-17)

Cuando Dios le dijo a Moisés que no podría conducir al pueblo judío hacia la Tierra de Israel, su respuesta instintiva no estuvo enfocada en su propio destino, sino más bien en asegurarse de que los judíos tuvieran a alguien que los condujera. Esta es la razón por la cual Moisés fue uno de los grandes líderes que han existido.

La capacidad de enfocarse en las necesidades de los demás cuando las cosas “se tornan difíciles” y no en las necesidades propias, es la verdadera definición de liderazgo. Ser un líder no es sobre el reconocimiento o los elogios que recibes, sino sobre enfocarte constantemente en las necesidades específicas de los que te siguen. Por lo tanto, si por una u otra razón ya no eres capaz de liderarlos, pondrás automáticamente sus temores y preocupaciones como tu enfoque principal.

El mundo está lleno de innumerables casos de líderes que dejaron sus cargos, y así mismo, dejaron de preocuparse por las personas por las cuales efectuaban su trabajo. Esto nos hace pensar si es que alguna vez se preocuparon realmente por ellos. La verdadera cara de un líder se revela cuando él sale de su posición de liderazgo y uno puede ver si aún se preocupa por todas las personas que creyeron en él, en su visión y en sus sueños.

El poderoso mensaje que Moisés nos enseñó a todos es que debemos luchar contra el impulso de tomar las caídas y los descensos personalmente. Seguro que habrá tiempo para pensar en el impacto de cómo estas situaciones nos afectarán personalmente. Pero en aquel momento, tu preocupación debe enfocarse en los que confiaban en ti.

El hecho de enfocarse en los demás cuando tu ego, tu autoestima, y tu valor propio están en juego, sin duda requiere de mucha fuerza interna. Pero es precisamente esta reacción la que marca la diferencia entre un buen líder y un gran líder.

(Extraido de aishlatino.com)

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