Iaacov había llegado a la edad de ciento cuarenta y siete años. Se aproximaba el fin de sus días. Llamó pues, a Iosef y le hizo prometer que lo sepultara en Canaán, el lugar del eterno descanso de sus padres, y no en Egipto.
Tiempo después se le informó a Iosef que Iaacov estaba enfermo y fue a visitarlo con sus dos hijos, Efraim y Menashé. Iaacov le dijo a Iosef que Efraim y Menashé serían contados entre sus propios hijos. Cada uno de ellos sería cabeza de un shévet (tribu), al igual que los hijos de Iaacov. Iosef acercó a sus hijos a Iaacov y éste los besó y abrazó.

Iaacov extendió la mano derecha y la colocó sobre la cabeza de Efraim (el más joven), y la izquierda sobre la cabeza de Menashé. Iosef pensó que era incorrecto que la mano derecha de su padre estuviera sobre la cabeza de Efraim; entonces le levantó la mano, le explicó que Menashé era el mayor y que en consecuencia, su mano derecha debía estar sobre su cabeza. Iaacov rehusó cambiar la posición, profetizando que Menashé se convertiría en una gran nación, pero que el shévet Efraim seria aún mayor

Iaacov llamó a todos sus hijos junto a su lecho, habló a cada uno de ellos y los bendijo. Estas famosas bendiciones, conocidas como “Birkat Iaacov” (bendiciones de Iaacov), están llenas de profecías sobre el futuro de cada shévet, y de descripciones de los atributos y características de cada uno de ellos.

Iaacov ordenó a todos sus hijos que lo sepultaran en la Mearat Hamajpelá, que Abraham le había comprado a Efrón.
Iaacov terminó de dar las instrucciones a los hijos, juntó los pies en la cama y “retornó a su pueblo”.
Iosef cayó sobre el padre, lloró y lo besó. Luego ordenó a los médicos que lo embalsamaran, cosa que hicieron.
Los egipcios observaron duelo por Iaacov durante setenta días. Iosef recibió permiso de Faraón y él, sus hermanos y todos los miembros de sus familias, junto con los ancianos de Egipto, pudieron ir a Canaán a inhumar a Iaacov en la Mearat Hamajpelá, como él les había instruido.

A su regreso a Egipto, los hermanos de Iosef, temerosos de que éste tratara de vengarse, buscaron su perdón por las malas acciones pasadas. Sin embargo, Iosef les aseguró que no había en él ánimo de venganza, los calmó y les dijo que apoyaría a ellos y a sus hijos.
Antes de su muerte, Iosef hizo jurar a los hijos de Israel que llevarían sus restos consigo cuando Hashem los condujera de regreso a la Tierra Prometida.
Iosef murió a la edad de ciento diez años y su cuerpo fue embalsamado y colocado en un féretro.

(Extraído del libro “Lilmod ULelamed” de Edit. Yehuda)

Las Bendiciones de Efraim y Menashe

Jacob, consciente de que está a punto de morir, reúne a sus 12 hijos para que reciban una bendición.
Pero en primer lugar Jacob llama a dos de sus nietos, los hijos de Yosef, Efraim y Menashe, para que reciban una bendición. Pero, ¿por qué Jacob le da prioridad a los nietos por sobre los hijos para recibir una bendición?
Los comentaristas explican (y todos los abuelos lo saben) que la alegría de tener nietos es incluso más grande que la alegría de tener hijos. ¿Por qué es esto?
La mayoría de las criaturas del mundo tienen relaciones padre-hijo, ya sea una madre protegiendo a sus cachorros o una madre alimentando a sus pequeños polluelos. Sin embargo, sólo entre los seres humanos existe el concepto de los nietos, el concepto de trascender más allá de una sola generación. Este efecto es producto de nuestra alma espiritual que tiene sus raíces en el infinito. Ser un abuelo, por lo tanto, nos conecta profundamente a nuestra singularidad como seres humanos.

Hay más profundidad en la bendición de Jacob.
Una de las costumbres más bellas de la vida judía es que los padres bendicen a sus hijos al inicio de la cena de Shabat el viernes por la noche. Las niñas reciben la bendición: “Que Dios te haga como las matriarcas Sarah, Rivka, Rajel y Lea”. Los niños por su parte, son bendecidos “para que sean como Efraim y Menashe”.
¿Qué pasó con los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob? ¿Por qué fueron elegidos Efraim y Menashe en lugar de ellos como los personajes principales de esta importante tradición?
Efraim y Menashe fueron los primeros hermanos judíos que no pelearon. Los dos hijos de Abraham, Isaac e Ishmael, no se llevaban nada de bien, y su desacuerdo constituye la base del conflicto árabe-israelí hasta el día de hoy.
La generación siguiente, los dos hijos de Isaac, Jacob y Esav, fueron tan polémicos que Esav trató repetidamente de matar a Jacob y les encargó a sus descendientes que hicieran lo mismo. Y la generación siguiente, los hijos de Jacob, vendieron a Yosef como esclavo en Egipto.
Efraim y Menashe representan la ruptura de este patrón. Esto explica por qué Jacob invirtió a propósito sus manos, bendiciendo primero al joven Efraim antes que a Menashe, el hermano mayor. Jacob deseaba enfatizar el hecho de que entre estos dos hermanos, no existía ninguna rivalidad.

Con este pensamiento los padres bendicen a sus hijos hoy en día. Ya que no existe mayor bendición que la paz entre hermanos. En las palabras del Rey David: “Que tan bueno y agradable es para los hermanos sentarse juntos en paz”. (Salmos 133:1)

El rabino Shimshón Rafael Hirsch (Alemania, Siglo XIX) ofrece otra explicación de por qué los niños judíos han recibido a lo largo de los siglos la bendición de Efraim y Menashe:
Las primeras generaciones de judíos, Abraham, Isaac y Jacob, criaron a sus hijos principalmente en la Tierra de Israel. La Tierra Santa es el entorno más acogedor para un judío, el Talmud informa que “incluso el aire de Israel te hace sabio”. En cierto sentido, ser judío en Israel es muy fácil.
Sin embargo, debido a la hambruna, Jacob y toda su familia se trasladó a Egipto. La generación siguiente crecería rodeada de paganismo y de inmoralidad. El verdadero desafío era saber si el judaísmo sobreviviría en medio de todas las distracciones de la vida de la diáspora.
A lo largo de los siglos, los padres judíos han rezado para que sus hijos sean capaces de resistir las tentaciones del exilio, para que sean capaces de mantener una fuerte y orgullosa identidad judía.
Y no es una tarea fácil. Por ejemplo, frente a la realidad de la temporada navideña, el camino fácil es relegar la identidad judía a un segundo plano.
Es por eso que los padres deben luchar constantemente contra la marea haciendo hincapié en los valores judíos. Las herramientas más eficaces son las experiencias de alto impacto como por ejemplo las escuelas judías y los viajes de estudio a Israel.
Al fin y al cabo, ¿cómo puede un padre medir su éxito?
Mucho más que los hijos, los nietos ponen de manifiesto las bases y la dirección futura de la línea familiar. De ahí el dicho popular: “La cuestión no es si usted tiene hijos judíos, es si usted tiene nietos judíos”.

¿Cuál fue el resultado con Efraim y Menashe? A pesar de las grandes probabilidades de asimilación, ellos crecieron en Egipto y mantuvieron su adhesión a los ideales y a las prácticas de la Torá. Y esta es la razón por la cual nosotros bendecimos a nuestros hijos y pedimos que sean como ellos.

(Extraido de aishlatino.com)

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