En su viaje desde Beer Sheva hasta Jarán, Iaakov llegó hasta el monte de Moriá y durmió allí toda la noche. En una visión entre sueños observó ángeles que ascendían y descendían por una escalera apoyada sobre la tierra, cuya parte superior llegaba hasta el cielo.
Hashem apareció entonces ante Iaakov y le prometió que la tierra sobre la que estaba descansando le sería entregada a él y a sus descendientes, y que él retornaría a su hogar bajo Su protección. Al despertar, Iaakov ungió y consagró la piedra que había colocado bajo su cabeza como un altar a D-s. Prometió que cuando regresara al hogar de su padre ofrecería al Señor un décimo de todas las posesiones que El le otorgara y que regresaría a rezarLe en el altar recientemente consagrado.
Iaakov llegó a un pozo de agua en un campo situado en los umbrales de Jarán. Observó que tres rebaños de ovejas y sus pastores se habían concentrado alrededor del pozo y estaban sentados, ociosos. Iaakov se acercó a ellos y les preguntó: “¿De dónde son uds.?”
“Somos de Jarán”, fue la respuesta
“¿Conocen a Lavan, el hojo de Najor?”, continuó Iaakov.
“Lo conocemos. Y allí esta Rajel, su hija, viviendo con las ovejas”, señalo uno de los pastores.
“El día es largo aún; no es momento de reunir a las ovejas. ¿Por qué no les dan uds. agua y las llevan a pastorear al campo?”, preguntó Iaakov.
“No podemos, hasta que no se reúnan los rebaños y todos los pastores juntos hagamos rodar la piedra de encima del pozo. Recíen entonces podremos darles agua a las ovejas”, explicaron los pastores.
Mientras estaban conversando, Rajel se acercó con las ovejas de su padre. Cuando Iaakov la vio se acercó al pozo, hizo rodar la pesada piedra con una sola mano y le dio de beber a las ovejas de Laván.
Entonces dio a conocer a Rajel su relacion familiar.
Ella fue presurosa a avisarle al padre la llegada del visitante. Lavan dio la bienvenida a Iaakov, quien estuvo de acuerdo en trabajar para él como pastor durante siete años, para poder casarse con Rajel, de quien se había enamorado.
Lavan consintió, pero después que los siete años hubieron transcurrido, engaño a Iaakov sustituyendo a Rajel por Lea bajo el palio nupcial. Su excusa por esta engañosa maniobra fue que Lea era mayor y, en consecuencia, debía casarse primero. Iaakov no tuvo alternativa y aceptó la situación. Poco después se casó también con Rajel, pero bajo la condición de que trabajara otros siete años para Laván.
Hashem vio que Lea no era tan bien querida como Rajel. Por lo tanto, hizo que aquella tuviera hijos, en tanto que Rajel permanecía estéril. Aquella dio a luz a los primeros cuatro hijos de Iaakov: Reuvén, Shimón, Leví y Iehudá. Rajel, al no tener hijos, siguió el ejemplo de la abuela de Iaakov, Sará, y le ofreció a Iaakov su sirvienta Bilha como esposa. Bilha le dio a Iaakov sus dos hijos siguientes, Dan y Naftalí.
Lea observó que había dejado de tener hijos y tambíen le dio a Iaakov su sirvienta Zilpa como esposa. Zilpa concibió a Gad y Asher. La propia Lea dio a luz a dos hijos, Isajar y Zevulún. Tambíen fue madre de una hija llamada Dina. Luego Hashem recordó a Rajel, escuchó sus plegarias y dispuso que engendrara a otro hijo, al que llamó Iosef.
Con la ayuda de Hashem, Iaakov se convirtió en un hombre muy rico. Al advertir los celos de los hijos de Laván y la actitud fría de éste, decidió que era tiempo de abandonar el lugar.
En ausencia de Laván, Iaakov tomó a a sus esposas, sus hijos y sus rebaños y emprendió viaje rumbo a su hogar.
Antes de que salieran, Rajel, sin que Iaakov lo supiera, robó los ídolos del padre. Ella suponía que de esta forma evitaría que practicara la idolatría. Tres días más tarde, Lavan fue informado de la partida de Iaakov, salió a perseguirlo y lo alcanzó en la montañas de guilad.
Hashem se apareció ante Laván en la noche durante un sueño, y le advirtió que no tratara de influir sobre Iaakov pra que regresara a Jarán. Laván echó en cara a su yerno el haber partido tan precipitadamente y lo acusó de robar los ídolos. Iaakov negó el robo pues ignoraba que Rajel era culpable, y declaró que cualquiera que hubiera robado los ídolos moriría. Lavan conmenzo una busqueda metódica entre todas las pertenencias de Iaakov, pero Rajel los habían escondido bien yla busqueda de Lavan resultó infructuosa. Entonces Iaakov y Lavan se separaron despues de cerrar un acuerdo de paz.
Iaakov y su comitiva continuaron su camino. En su viaje el patriarca encontró angeles del Señor en un lugar al que denomió Majanaim (grupos).
En esta parasha se menciona el nacimiento de los shvatim (tribus). Ellos son: Reuven, Shimon, Leví, Iehuda, Isajar, Zevulun, Dan, Naftalí, Gad, Asher, y Iosef. El nacimiento de Biniamin es mencionado en la parashat Vaishlaj.
(Extraído del libro “Lilmod ULelamed” de Edit. Yehuda)
El Mayor Logro
En la parashá de esta semana llega el momento en que Iaacov desea casarse, por lo tanto, él parte a la casa de su tío Laban para encontrar una esposa. Cuando Iaacov llega y conoce a su prima Rajel, decide que ella es la mujer para él. Iaacov está tan cautivado que se compromete a trabajar para su tío Laban durante siete años antes de ganar el derecho de contraer matrimonio con Rajel. De hecho, la Torá nos informa que la emoción de Iaacov fue tan grande que los siete años “le parecieron sólo como unos pocos días” (Génesis 29:20).
El día designado finalmente llega, y Laban invita a toda la ciudad a la fiesta. Todo el mundo está celebrando. Todo el mundo excepto Lea, la hermana mayor de Rajel, que aún sigue soltera con un futuro incierto. Iaacov, que no se caracteriza por ser ingenuo (recordemos la forma en que inteligentemente le arrebató la primogenitura a su hermano Esav), sospechaba que Laban podría tratar de casar a Lea, su hija mayor, esa noche en lugar de Rajel.
Dado que la novia lleva un velo que cubre su rostro, Iaacov establece una “contraseña secreta”, con el fin de garantizar que en realidad su amada Rajel esté debajo de la jupá.
Entonces, ¿qué ocurre? Como la novia está cubierta con un velo, nadie sospecha que Laban ha hecho un intercambio, y es realmente Lea la que está bajo la jupá.
Por lo tanto, ¿qué esperaríamos nosotros que sucederá a continuación? Cuando la novia se ubica bajo la jupá, Iaacov se acerca a ella y le dice: “Está bien, dime la contraseña secreta”. Y Lea, que no conoce la contraseña se queda ahí, de pie, estupefacta. ¡La artimaña se confirma! Iaacov levanta el velo y revela el engaño del Laban. La multitud sorprendida, respira profundamente. Deshonrada, Lea escapa de la habitación llorando.
Pero eso no fue lo que ocurrió. En cambio, cuando Lea se ubicó debajo de la jupá, ella dijo la contraseña correcta. ¿Por qué? Porque Rajel, su hermana, le dijo qué decir. Rajel sabía la terrible vergüenza que sufriría Lea si el engaño hubiera sido revelado en aquel momento. Por lo tanto, con el fin de evitarle la vergüenza a su hermana, Rajel estaba realmente dispuesta a renunciar al marido por el cual ella había esperado pacientemente ¡durante siete años! (véase el Talmud, Megila 13b).
Imagínate, te comprometes para casarte, pero debido a diversas circunstancias debes programar la boda con siete años de antelación. Finalmente, el gran día llega. ¿Podría ocurrir algo que te impidiera seguir adelante con tus planes? ¿Podrías considerar la posibilidad de abandonar todo para evitar que otro ser humano sea humillado?
Rajel alcanzó la grandeza, ya que ella estaba dispuesta a hacer precisamente eso.
Lo siguiente aparece en el Midrash (Génesis Rabá 82:10 y Pesikta Eijá Rabasi 24):
¿Por qué Iaacov enterró a Rajel junto a la carretera de Belén, y no en Hebrón, al igual que las demás matriarcas? Porque él preveía que en el futuro los judíos pasarían por Belén al ser exiliados. Iaacov deseaba que Rajel sintiera la angustia de aquellos judíos y orara por ellos.
1000 años después, ocurrió que los judíos colocaron un ídolo en el santuario, y Dios quiso destruir el Sagrado Templo para siempre. Las almas de cada uno de los patriarcas y de cada una de las matriarcas suplicaron a Dios para evitar que los judíos fueran condenados a permanecer en un exilio perpetuo. A cambio de la promesa de Dios, ellos ofrecieron todos sus méritos: su fe, su devoción y su auto-sacrificio. Abraham trató de persuadir a Dios en base al mérito de haber traído el monoteísmo al mundo. Pero Dios dijo que no sería suficiente.
Entonces Isaac rogó a Dios por el mérito de haberse ofrecido voluntariamente para ser sacrificado en el Monte Moriá. Sin embargo, también fue rechazado como insuficiente. Iaacov, Moisés y otros presentaron sus méritos. Pero ninguno fue suficiente.
El alma de Rajel se presentó entonces ante Dios. “Amo del Universo”, comenzó, “Esperé siete años para casarme con mi amado Iaacov. Cuando el momento de la boda finalmente llegó, mi padre ideó un plan para intercambiarme por Lea. Me di cuenta de que ella sería avergonzada de descubrirse el engaño, por lo tanto, tuve compasión y le di la contraseña. Superé mis propios sentimientos y no tuve celos. Permití que un rival entrara en mi casa. Así que si yo fui capaz de hacerlo, Dios, con mayor razón Tú también puedes aceptar que hayan puesto un ídolo, un rival dentro de Tu casa”.
Inmediatamente, la compasión de Dios se despertó. Él dijo, “No llores por el exilio, Rajel, ya que por tu mérito regresaré a los hijos de Israel en el futuro a su tierra una vez más” (ver Jeremías, Capítulo 31).
En el mundo secular, a menudo, sólo los “grandes” logros llaman la atención. Sólo los líderes mundiales, las estrellas de cine y los magnates aparecen en las portadas de las revistas y son glorificados como símbolos de poder e influencia.
Pero esa no es la realidad. Porque si usted le pregunta a 100 personas, “¿quién fue la mayor influencia de su vida?”, ninguna de ellas mencionará al atleta que obtuvo una medalla de oro en las olimpiadas o al Presidente de los Estados Unidos. Por el contrario, nuestros padres y nuestros profesores son los que nos han moldeado y nos han formado. Y no a través de revelaciones sorprendentes. Sino que, simplemente, debido a que han demostrado atención y compasión por nosotros, día a día.
Y esta es la lección que Dios nos está enseñando al aceptar la oración de Rajel por encima de todas los demás.
En la vida, podemos heredar muchas cosas de nuestros antepasados: condiciones médicas, color de cabello, dinero. En el judaísmo se dice que también heredamos ADN espiritual.
Cuando Rajel y otros demuestran un carácter que va más allá de las expectativas humanas, eso queda arraigado por toda la eternidad. Metafísicamente, ese código genético es heredado por cada uno de nosotros, otorgándonos el potencial innato de alcanzar esas alturas. Nosotros tenemos un gran poder, de lealtad, sinceridad, y una verdadera preocupación por los demás. Nuestra tarea consiste en llevarlo a la realidad
(Extraido de aishlatino.com)
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