El primer Iom Kipur

Después de la entrega de la Torá, Moshé permaneció en el Cielo por cuarenta días, aprendiendo la Torá directamente de Hashem. Al fin de los cuarenta días, Hashem le entregó a Moshé dos lujot (tablas) de zafiro. Sobre ellas, El había grabado los Diez Mandamientos.

Antes de ascender al Cielo para recibir las lujot, Moshé aseguró al pueblo que regresaría en cuarenta días, y designó a su hermano Aharón y al hijo de Miriam, Jur para estar a cargo de los Bnei Israel. Era el dieciséis de Tamuz, el último de los cuarenta días
De acuerdo con sus cálculos, los cuarenta días ya habían pasado dado que incluyeron en el total el día de la partida de Moshé. En realidad, Moshé debía llegar el diecisiete de Tamuz.

El pueblo le demandó a Aharón un líder. Su intención era hacer una imagen sobre la cual la shejiná (presencia divina) de Hashem residiera. Aharón consintió por su gran amor por Klal Israel, a fin de salvarlos de la destrucción. Las mujeres y la tribu de Leví se negaron a participar y contribuir con oro, y por ello fueron recompensados.
El pueblo fundió oro dentro de un fuego y con magia formaron un becerro.

Cuando Moshé retornó al pie de la montaña y vio lo sucedido, decidió romper las lujot, razonando que el juicio de Hashem a Klal Israel seria más duro si ellos estaban en posesión de las lujot. Si ellos no tuvieran las lujot, su castigo sería más leve. Hashem condenaría su deslealtad mucho más si ellos poseyeran las lujot que si nunca las recibieran.

En el tiempo cuando las lujot fueron destrozadas, fue decretado que Klal Israel debía en lo sucesivo estudiar Torá en medio de condiciones de pobreza, dolor, esclavitud, y exilio. Pero por sus esfuerzos en mantener la Torá a pesar de todas sus dificultades, su recompensa será doblada y triplicada en el tiempo del Mashíaj.

A la mañana siguiente, Moshé informó al pueblo que retornaría al Cielo para rogar a Hashem perdonarlos, ya que la intención era borrar a todo el pueblo. Moshé primero eliminó el eguel y sólo entonces pidió a Hashem perdonarlos.
El diecinueve de Tamuz, Moshé ascendió al Cielo una vez más. Permaneció allí por cuarenta días, hasta el veintinueve de Av, para suplicar a Hashem perdonar a los Bnei Israel.
Después de cuarenta días de plegaria incesante, Hashem finalmente accedió a perdonar a Klal Israel no en su propio mérito, sino a causa de sus grandes ancestros.

Moshé ascendió a Har Sinai (monte Sinaí) en Rosh Jodesh (primer día del mes de) Elul y permaneció en el Campo Celestial por cuarenta días.
El diez de Tishrei, Hashem perdonó a Klal Israel por el becerro de oro. El le entregó a Moshé las segundas lujot.
Hashem designó este día como un día de perdón para todas las futuras generaciones, el día de Iom Kipur.


Uno de los calificativos de Iom Kipur es “Iom Norá“, que normalmente traducimos como “Día de Temor”, pero posee otro significado también, es un día de elevación espiritual y con un brillo particular frente al resto del año.
Durante veinticuatro horas dejamos de lado el materialismo, se prohibe comer, beber, lavarse y calzar zapatos de cuero a pesar de tratarse de elementos básicos para el funcionamiento de nuestro cuerpo.
La Torá no busca el sufrimiento del individuo en ningún caso y tampoco lo hace con las prohibiciones del día de Kipur.

Intentemos analizar el sentido de este día. De cada ser humano depende encontrar el equilibrio entre el instinto v el raciocinio para que el cuerpo reciba sólo lo que la mente permite, para lograr así la integridad que la Torá reclama.
Cuando este equilibrio ideal no funciona debido a la falta de control, la persona cae en el pecado y correspondería que retorne inmediatamente a la normalidad por intermedio de la Teshuvá, arrepintiéndose de lo que sucedió y tomando el compromiso de no repetir los errores en el futuro. Pero lamentablemente, en determinadas circunstancias se han perdido las riendas hasta tal punto que la mente apoya lo que el instinto le reclama con argumentos falsos basados en sus propios intereses. Se formulan preguntas sin intención de encontrar respuestas, sólo por la pregunta en sí misma, para así justificar actitudes sobornadas por el instinto que lo controla y maneja a su antojo y placer.

¿Cómo nos liberamos? Nuestros Jajamim nos aconsejan: no debemos luchar contra el instinto en su terreno con la esperanza de poder vencerlo, ya que lo más probable es que tropecemos. La inteligencia radica en esquivarlo: un buen capitán de un barco es el que lo conduce por un mar calmo y sereno y no el que se introduce en un lugar lleno de témpanos y los elude. De esta forma, quizás la mente recupere su lugar para poder volver al equilibrio adecuado.
Es el sentido de Kipur, en donde privamos al cuerpo de elementos necesarios para su desarrollo con la esperanza de que la parte espiritual recupere su lugar perdido.

Debemos replantear nuestra existencia. No se nos reclama ser como nuestros Patriarcas o como Moshé Rabenu, sólo que seamos como podemos y debemos ser.
La Torá nos enseña que la Mitzvá de hacer Teshuvá es sencilla y fácil de concretar: “está cercana a ti mucho, en tu boca y en tu corazón para cumplirla” (Debarim 30).

El acostumbramiento a los pecados destruye a la persona y le impide su Teshuvá.
El Talmud comenta en nombre de Rab Huná: “cuando la persona comete un pecado y lo vuelve a repetir, queda permitido para él. ¿Puedes pensar que sea permitido para él?”
La respuesta es: no, el sentido es que para él se transformó en algo permitido.
¿Por qué Rab Huná no comentó en forma directa que al repetir una transgresión la persona considera como si la misma fuera permitida para él?. La explicación es que lo presentó en esa forma para que aprendamos un consejo para salir del acostumbramiento: escuchar algo que llame la atención por parecer poco creíble como en este caso.
De esta forma, podremos reaccionar de nuestras malas costumbres.

En los días entre Rosh Hashaná y Iom Kipur, Hashem nos viene a visitar como está escrito: “busquen a Di-s cuando se encuentra, llámenlo cuando está cerca” (Ieshaiá 55), o sea específicarnente en estos días. Es el momento de clamarle a Di-s: “¡vuelve Tú a reinar sobre nosotros con favor y piedad”.
Es el significado del versículo: “De todos vuestros pecados, delante de Di-s se purificarán” (Vaikrá 16), ya que la única purificación posible es cuando estamos en estos días delante de Hashem.
Si no es ahora, ¿cuándo será?. Debemos aumentar nuestras oraciones, Tzedaká y Teshuvá para que nuestro Padre piadoso se apiade de nosotros.

Debemos aprovechar este regalo Divino llamado Iom Kipur, recordando lo que dijo Rabí Akiba en la Mishná: “Ma mikvé metaher et hatemeim, af Hakadosh Baruj Hu metaher et Israel“.
O sea: “de la misma forma que el baño ritual purifica a los impuros, también Hashem purifica a Israel”.
Nuestros sabios explican que para recibir la purificación del mikve, se debe sumergir en ella sin que nada separe entre el cuerpo y el agua. Igualmente, si queremos recibir la purificación Divina de Iom Kipur, debemos sacar el pecado de nuestro cuerpo que nos aleja del Creador, para alcanzar así un año lleno de bendiciones y prosperidad. Amén.

(Extraido de tora.org.ar)

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