Si un israelita capturaba a una prisionera de guerra en una batalla fuera de Canaán, no podía tomarla en matrimonio inmediatamente.
Antes ella debía raparse la cabeza, cortarse las uñas, quitarse el vestido de cautiverio y llorar a sus padres durante un mes; todo esto para que no resultara atractiva para el judío.
Luego, si éste aún deseaba casarse con ella, podía hacerlo; de lo contrario, tampoco podía tratarla como esclava.
El primogénito debía heredar una porción doble, incluso si su madre no era amada por su padre.
Un hijo rebelde (por ejemplo: uno que hubiera robado, o comido y bebido una cierta cantidad de carne y vino pese a la advertencia de que no lo hiciera) debía ser apedreado.
Al cuerpo de un hombre que hubiese sido colgado no debía dejárselo en esa posición toda la noche, sino que debía ser inhumando ese mismo día.
Todos los objetos perdidos deben ser devueltos a sus dueños legítimos.
Aquel que formula una promesa debe cumplirla.
Por razones de seguridad, se debe construir una baranda alrededor de cada techo.
Está prohibido usar Shaatnez (tejido con mezcla de lana y lino).
Debe usarse tzitzit (flecos) en “los cuatro bordes del manto con que te cubres”.
Un esposo que hubiera acusado falsamente a su esposa de haberle sido infiel antes del matrimonio pero después del compromiso, debía ser azotado y pagar una multa. Si la acusación era cierta, la esposa debía ser apedreada.
Si una mujer cometía adulterio, ella y su amante debían ser ejecutados.
Un hombre no debía casarse con la esposa de su padre. También se prohibieron los matrimonios con integrantes de las naciones de Amón y Moav.
Cuando un esposo tiene motivos para el divorcio, el matrimonio debe disolverse según el procedimiento legal del guet (ley de divorcio).
Si la mujer se casa de nuevo y se convierte luego en viuda o divorciada, no puede volver a casar con su primer marido.
Si un hombre casado muere sin dejar hijos, su hermano debe casarse con la viuda y heredar sus propiedades. De este modo, la línea genealógica del hermano fallecido no desaparecerá con él.
Si el hermano rehusa casarse con la viuda, será sometido a la ceremonia de jalitzá, por negarse a perpetuar el nombre del hermano.
Se prohibe cobrar intereses a los judíos. Si un judío le presta dinero a otro, no debe tomar como garantía nada que sirva al prestatario para su mantenimiento.
Si el tomador del préstamo es pobre, el que presta debe devolver la prenda de garantía antes del anochecer, si fuera necesario.
A un trabajador contratado se le debe pagar a la terminación del trabajo.
Se formula una advertencia a los comerciantes y hombres de negocios en general, a fin de que sean extremadamente escrupulosos. No deben utilizar balanzas defectuosas, ni tratar de engañar en el peso o la medida al cliente.
Finalmente, se recomienda a los judíos que recuerden en todo momento las acciones pérfidas de Amalek, que atacó a los bnei Israel cuando estaban debilitados. Ellos debían borrar el recuerdo de Amalek de la faz de la Tierra.
(Extraído del libro “Lilmod ULelamed” de Edit. Yehuda)
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