El periodo que comienza con Rosh Jodesh Av es llamado los “Nueve Días”.
Durante este tiempo, observamos un nivel más estricto de duelo, de acuerdo con el dictamen Talmúdico (Taanit 26): “Cuando el mes de Av comienza, reducimos nuestra alegría”.
El noveno día del mes de Av es el día más triste del calendario judío. Año tras año, reflexionamos sobre nuestra condición en la diáspora y sobre lo que este largo, al parecer infinito exilio, se supone que debe enseñarnos, mientras esperamos la largamente ansiada redención.
Hay una anécdota interesante registrada sobre el encuentro entre el profeta Jeremías y el famoso filósofo griego Platón. Jeremías estaba guardando luto por la destrucción del Primer Templo en Jerusalem, y Platón se involucró con él en una conversación.
Impresionado con la gran sabiduría de Jeremías, Platón le preguntó, “Yo no entiendo cómo un sabio de tu estatura puede derramar lágrimas tan amargamente por algo que ya fue. Sin duda, lo que es pasado ya acabó, tu preocupación ahora debe ser solamente por el futuro, y sobre cómo puedes influenciarlo. ¿Qué utilidad puede haber en todo ese llanto?”.
Jeremías respondió, “No puedo dar una respuesta apropiada a tu pregunta lógica, porque no la vas a entender”.
¿Acaso Platón estaba equivocado? Y ciertamente ahora, 2500 años después, ¿no es tiempo ya de centrarnos en el presente y en el futuro, y dejar que el pasado sea pasado? ¿Nunca podemos olvidar? Después de todo este tiempo, ¿cómo podemos pasar tres semanas de cada año yendo hacia un luto cada vez mayor, culminando en un día de ayuno y tristeza?
De hecho, una de las mayores bendiciones que Dios no da es la habilidad de olvidar memorias dolorosas. “Dios ha decretado sobre una persona fallecida que debe ser olvidada desde el corazón” (Sofrim 21).
Si no fuese posible olvidar, si el dolor de perder un pariente o un amigo cercano permaneciera siempre tan inmediato como cuando la pérdida recién ocurrió, quedaríamos inmovilizados, imposibilitados de continuar con la vida. Es una bendición que mientras que siempre llevamos en la memoria a alguien querido que partió, somos capaces de quitar el dolor de la pérdida del primer plano de nuestra conciencia.
Sin embargo, esta regla general no aplica aquí, como fue expresado por el famoso verso en Salmos: “¡Si te olvido, oh Jerusalem, que mi mano derecha sea olvidada!”. ¡Estamos llamados a no olvidar nunca!
Los sabios, al instituir las leyes pertinentes a estas tres semanas, se aseguraron de que como mínimo durante un largo período del año, y durante muchos otros ayunos durante el año, (sin mencionar las peticiones en nuestras tres plegarias diarias), recordemos constantemente y nunca olvidemos el luto por Jerusalem
El Templo en Jerusalem fue destruido por muchas razones, algunas más conocidas que otras. Pero esto nunca fue concebido como su destino final. El día que perdamos la esperanza de que el Beit Hamikdash sea reconstruido, ese será el día en que su destrucción será realmente irreversible.
Ésta es una idea tan básica que debe permear todo lo que nos interesa en la vida. El problema más importante es el exilio, nuestra distancia con Dios y su Sagrado Templo en Jerusalem. Independientemente de cuánto crecemos en nuestras vidas espirituales como judíos, tendremos un gran bache en nuestras vidas espirituales mientras “estemos exiliados de nuestra tierra, y no podamos cumplir nuestras obligaciones en tu gran Casa Sagrada…”
Nuestro doloroso anhelo de reunirnos con Dios y de reconstruir el Templo son los ladrillos del eventual edificio. Cada lágrima derramada y cada suspiro por su ausencia es otro elemento en la construcción.
Por esto, dice el Rebe de Slonimer, el período de las tres semanas entres el 17 de Tamuz y Tishá be Av es un período de llanto, pero es un período positivo: un llanto que es parte del proceso de reconstrucción. Un llanto de esperanza, de anhelo por un futuro mejor – una expresión desde las profundidades del alma que nunca será satisfecha y complacida en nuestra búsqueda espiritual hasta que hayamos alcanzado la Teshuvá (arrepentimiento) completa, volver a la cercanía con Dios que una vez fue y que aún es potencialmente posible.
Debemos con seguridad enfrentar la vida con una actitud alegre y confiada. Debemos darnos tiempo para disfrutar nuestro crecimiento, para celebrar nuestra judeidad, y para cantar con regocijo por ser afortunados al formar parte de la construcción de nuestras vidas espirituales interiormente, tanto como en la de nuestras familias y comunidades.
Pero debemos también tomarnos un tiempo para lamentar un poco interiormente, por el potencial que hay, que todavía no está siendo completado. Sólo de este modo podremos continuar creciendo y podremos mirar hacia adelante, hacia el día en que nuestro santuario interno sea reconstruido completamente, anunciando el tiempo del Mesías, rápidamente en nuestros días.
Durante los Nueve Días:
1. Evitamos comprar cualquier objeto que nos traerá gran alegría.
2. Suspendemos las mejoras del hogar, plantar árboles y flores.
3. Evitamos litigios con no-judíos, ya que la suerte es desfavorable en esta época.
4. Nos abstenemos de consumir carne (incluidas las carnes de ave) y vino.
Estos alimentos son símbolos del servicio del Templo, y son generalmente expresiones de celebración y alegría.
En Shabat, la carne y el vino están permitidos. Esto aplica también a cualquier otra seudat mitzvá – por ejemplo, en un Brit Milá o en la finalización de un tratado de Talmud.
El vino de Havdalá debe ser entregado a un niño para que lo tome.
5. Nos abstenemos de vestir ropas recién lavadas, o de lavar cualquier prenda.
Si la “frescura” ha sido quitada de la prenda antes de los Nueve Días, puede ser vestida.
Ropas frescas pueden ser vestidas para Shabat.
La ropa de niños pequeños, la cual se ensucia frecuentemente, puede ser lavada durante los Nueve Días.
Las ropas no pueden ser lavadas incluso si se hace como preparación para después de Tishá BeAv, o incluso si lo hace un no-judío.
Si una persona no tiene ropa limpia, puede lavar lo que necesita hasta el Shabat anterior a Tisha BeAv
6. No nos bañamos por placer.
Está permitido bañarse para remover suciedad o transpiración, o por razones médicas. Esto puede realizarse solamente con agua fría (en las regiones donde es invierno se puede usar agua tibia).
El cuerpo debe ser lavado por partes, en vez de todo al mismo tiempo.
Bañarse en agua tibia está permitido el día viernes en honor al Shabat.
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1 Respuesta
Samy
23rd julio 2009 a las 9:21
1Queridos amigos:Me es muy grato leerlos cada semana ya que ayudan a gente como yo con poca educacion judia, a aprender. Nisiquiera sabia que existian estos 9 dias. Les doy las gracias por enseñarme !!!!!!
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