DISCURSO PRONUNCIADO POR MEMORIA ACTIVA EN LA PLAZA LAVALLE EN EL 9 ANIVERSARIO DE LA MASACRE EN AMIA.
A 9 años del maldito lunes 18 de julio de 1994 nuestra bronca y nuestro dolor por todos aquellos que fueron asesinados en la AMIA, siguen de pie, intactos.
A 9 años de tanta muerte, un nuevo escenario político se nos presenta a los argentinos.
Por primera vez en 9 años un gobierno nacional parece asumir la causa AMIA como un tema de estado.
Esto demuestra:
-Que siempre fue posible asumir la causa AMIA como un tema de estado, ¿por qué nadie lo hizo antes?
-Que siempre fue posible abrir los archivos de la causa AMIA que se mantuvieron secretos, ¿por qué nadie lo hizo antes?
-Que no se traiciona a la patria por decir la verdad ante los tribunales de nuestro país permitiendo que los agentes de la SIDE testifiquen, ¿por qué nadie lo hizo antes?
-Que hoy puede haber una unidad especial de investigación descubriendo hechos que sucedieron hace 9 años y que muchos intentaron sepultar, ¿por qué nadie lo hizo antes?.
-Que hoy el Presidente de la Nación se comprometiera con Memoria Activa a abrir toda la información de todos los organismos del estado, significa que siempre fue posible, ¿por qué nadie lo hizo antes?.
Qué tristeza la de los argentinos, que todas las cosas que deberían ser normales nos sorprenden y nos atemorizan. No le creemos nada a nadie. No confiamos en nadie, no creemos en promesas. Nos robaron hasta la esperanza. Vivimos resignados.
Somos un triste producto de décadas de corrupción, muerte, corporaciones, mafias, pobreza, tristeza y la más absoluta impunidad.
Aun en este contexto e inmersos en esta realidad, cómo cambian las cosas, la vida y la mirada cuando esas muertes de las que hablamos y vemos por televisión golpean la puerta de nuestra casa.
La vida nos sentenció a muerte el 18 de julio de 1994 y desde entonces nuestras vidas tomaron un rumbo desconocido, incierto.
Tuvimos que salir a la calle a exigir justicia por nuestros muertos. Tuvimos que aprender, sin escuela y sin deseo, a lidiar con el enemigo. A escribir discursos, a hablar en público, a contestar una entrevista de radio, a preparar charlas y conferencias; a desarrollar acciones políticas y públicas.
Muchos suponen que uno debe escribir y decir cosas serias. Alguna gente piensa que uno (que no es escritor ni periodista ni nada de eso) puede escribir artículos y vomitar pensamientos serios y políticos como si fuera algo tan sencillo.
Tenemos el terrible trabajo de ser familiares de las víctimas.
Hasta nos encontramos en la necesidad de aprender de los intrincados y oscuros recovecos de la justicia
Nos obligaron a denunciar al estado argentino ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, y hoy está claro cuánta razón teníamos.
Nos intentaron aislar, nos amenazaron, nos acusaron, nos mintieron, nos vendieron, nos usaron, nos dividieron, pero no lograron callarnos.
468 semanas en esta plaza es mucho tiempo. Nuestras vidas cambiaron para siempre y ya nunca más volveremos a ser los mismos.
Lograron que comprendiéramos el valor de estar juntos, de agruparnos. Éramos y somos diferentes, nos unía y nos une el dolor, la muerte y la voluntad de encontrar la verdad y la justicia.
Entendimos que tal como lo hicieron las madres, las abuelas, los periodistas, las familias catamarqueñas, los vecinos de Santiago, los trabajadores, los desocupados, y tantos otros, debíamos unirnos para enfrentar la impunidad.
Y pese a que entre todos sumamos muchos, qué solos nos sentimos casi siempre.
Fueron años de denuncias en soledad frente a los poderosos. Hoy nos invade una sensación paradojal, no nos alegra comenzar a comprender porqué ocurrió la masacre en AMIA ni la confirmación de tantos años de denuncias.
De pronto se confirman las pruebas de que el estado argentino y sus fuerzas de seguridad sabían, con anterioridad al 18 de julio, que el atentado iba a ocurrir. Y ya no hablemos de la embajada de Israel, con sus veintipico de muertos y cero verdad.
No solamente Wilson Do Santos lo había alertado, sino que el embajador argentino en Líbano envió a la Cancillería de nuestro país un facsímil con la información.
No hay dudas del camino que esta información recorrió, no hay dudas de que llegó a donde debía llegar: a las fuerzas de seguridad, a los servicios de inteligencia y seguramente al ex Ministro del Interior Carlos Ruckauf y al ex presidente Carlos Menem. Y aún así volaron la AMIA.
Desde 1997 venimos acusando a Menen, a Duhalde y su maldita policía, a Ruckauf, a Anzorreguy de encubrir la conexión local.
Hoy, más que nunca, los acusamos de ser los máximos responsables de que la masacre ocurriera, por saber y ocultar, por saber y no prevenir, por saber y no evitar.
Y así se puede entender por qué el juez Galeano, al volver de Venezuela, después de pasar por Olivos calló para siempre.
Y así se puede entender por qué banqueros y dirigentes, usando su cargo comunitario, eligieron callar para siempre.
Y así nos podemos preguntar cómo se explica que la DAIA haya sido la única parte dentro del juicio oral que salió en defensa del secreto de los espías de la SIDE, qué temen? Le temen a la verdad?, porqué?.
Todos ellos son culpables de que hoy, a 9 años, los asesinos de nuestros familiares no tengan rostros ni nombres, y por supuesto de que estén libres.
¿Cómo le explicamos a nuestros hijos que era posible evitarlo y no lo hicieron?
¿Cómo nos explicamos a nosotros mismos que la posibilidad de ver entre rejas a los asesinos se va esfumando con tantos años de silencio e injusticia?
¿Cómo le explicamos a los padres que enterraron a sus hijos que construyeron una trama mafiosa para encubrir su propia ineficiencia, impericia, indiferencia e incapacidad?
Tenemos derecho a preguntarnos quién más lo sabía, quién más lo calló, quién o quiénes usufructuaron sus silencios, quién negoció, quién más encubrió.
Tenemos derecho a exigirle al juez Casanova, del Consejo de la Magistratura, que cumpla con su deber, que los argentinos no le pagamos el sueldo para defender intereses corporativos y que de inmediato dé curso a la denuncia de juicio político al juez Galeano.
Como se dice en tribunales, es público y notorio, el juez Galeano fue parte, con su desastrosa investigación, de la cadena de encubrimiento, que nos lleva hoy, a 9 años, a no saber la verdad. Su responsabilidad es mayor frente a la sociedad, porque como juez de la nación nos negó el derecho a la justicia.
Y así como el agua orada la piedra, nosotros no nos callaremos hasta que se haga justicia de verdad, hasta que estén entre rejas los responsables por acción u omisión del asesinato de nuestros familiares y amigos en la calle Pasteur.
Este es nuestro compromiso.
Porque queremos un país mejor, porque necesitamos una justicia justa e igualitaria que de fin una vez por todas con la corrupción y la impunidad.
Porque creemos que esto es posible y para que el dolor de tantos no se repita nunca más.