DISCURSO DEL PRESIDENTE DE LA DAIA,

DR. JOSE HERCMAN

EN OCASION DE CONMEMORARSE EL

9° ANIVERSARIO DEL ATENTADO

A LA SEDE DE AMIA-DAIA

 

18 DE JULIO DE 2003

 

 

Hace exactamente 9 años fuimos testigos, en este mismo lugar, de escenas dantescas, de dolor y destrucción, de gritos desgarradores.

 

Nunca olvidaremos esa mañana del horror, cuando este mismo ámbito fue atacado por terroristas criminales que sembraron muerte y devastación.

 

Nuestro país fue atacado en el corazón de su ciudad capital.

Bombardearon nuestra casa, la casa de entidades beneméritas de la comunidad judía, de larga trayectoria al servicio de sus semejantes.

 

  Fue un infame acto de guerra, planeado y ordenado por las máximas autoridades del Gobierno de la República Islámica de Irán, ejecutado por asesinos fundamentalistas de la organización terrorista Hezbollah, con la complicidad de argentinos, delincuentes de civil y de uniforme,  que no vacilaron en participar de la masacre de 85 hombres, mujeres y niños.  

 

Sucesivos gobiernos de nuestro país han mirado para otro lado, se han hechos los distraídos, mantuvieron intactas las relaciones diplomáticas con Irán, e incluso incrementaron las relaciones comerciales.

 

 Es intolerable que se privilegien los negocios por encima de los principios, por encima de la justicia, por encima de la verdad, por encima de la dignidad nacional.

 

El juez de instrucción ha solicitado la captura de algunos de esos asesinos.

 

  Es insuficiente Dr. Galeano.

 

 En los fundamentos de su dictamen hay evidencias más que suficientes como para solicitar la captura de todos los implicados, que no son simplemente elementos radicalizados, como usted señala, sino las mas altas instancias del gobierno de Irán, que constituyeron a ese régimen no sólo en sponsor y protector de organizaciones terroristas, sino en un estado terrorista.


 

Señor juez, Hezbollah es una organización terrorista, responsable de innumerables crímenes contra civiles indefensos.

Le exigimos que haya coherencia entre sus fundamentos y las resoluciones que dicta, y que investigue sin demoras a los grupos de apoyo a terroristas, integrados por algunos miembros de la comunidad shiita en nuestro país. 

No imputamos a un credo ni a sus seguidores, que merecen todo nuestro respeto, sino a los que profanan esa fe y sus valores para cometer crímenes incalificables.

 

El actual gobierno iraní se ha negado a recibir los exhortos de la justicia argentina, formulando incluso, a través de sus voceros oficiales, amenazas contra la democracia argentina.

 

  En este contexto, debemos señalar que hemos tomado conocimiento que el entonces canciller Carlos Ruckauf, entregó una nota al gobierno iraní,  donde le pedía disculpas por el “exabrupto” del juez Galeano. 

 

Señor Ruckauf, a los únicos que usted tiene la obligación de pedir disculpas es a los familiares de las víctimas, no a los victimarios.

 

  Usted era Ministro del Interior cuando ocurrió la masacre y no cumplió con sus obligaciones, y en esta oportunidad envió su vergonzoso pedido de disculpas,  recibió respuesta, pero ninguna de las dos notas se encuentra donde debiera estar,  en los archivos de cancillería. 

 

En consecuencia,  porque nunca nos conformamos sólo con denuncias públicas, es que informamos que en estas horas la DAIA está iniciando acciones judiciales contra Carlos Ruckauf por incumplimiento de los deberes de funcionario público.

 

El juicio oral en curso está por cumplir dos años. 

Nos preocupa lo que parece un cambio del objeto procesal; que los jueces hayan centrado su atención en irregularidades cometidas durante la etapa de instrucción, que deben ser investigadas exhaustivamente, pero, en el ámbito que corresponde, el Juzgado del Dr. Bonadío.

Allí también somos querellantes.

Allí deben ser investigadas todas las irregularidades, no en el juicio oral a los participes necesarios en el atentado

 

Estamos atentos a lo que está ocurriendo en las audiencias convencidos que el ya tan esperado fallo debe referirse  a la responsabilidad en el atentado de Telleldín, Ribelli y sus secuaces.

Sr. Presidente de la Nación: valoramos que en esta nueva etapa que ha iniciado la República usted se haya comprometido a hacer todo lo que sea necesario desde el Estado para avanzar en las investigaciones, y a satisfacer los requerimientos de quienes actuamos como querellantes en nuestra búsqueda de la verdad y la justicia.

 

  En virtud de ello, reclamamos  el máximo apoyo de las fuerzas de seguridad en la investigación sobre los explosivos utilizados en el atentado, sobre quiénes los proveyeron y quiénes los prepararon.

 Fue un trabajo de expertos, que pueden y deben ser individualizados.

 

Proponemos una ley antiterrorista para prevenir y castigar este flagelo que siembra la muerte en todo el mundo, pero que quede claro:

 queremos una ley que sirva para proteger al país y sus ciudadanos, y no un instrumento de persecución ideológica, inaceptable en un sistema democrático.

 

Solicitamos se haga todo lo que se deba para controlar los graves riesgos provenientes de la Triple Frontera.

 No sólo la frontera es triple, también lo son las responsabilidades.

A los gobiernos de los países hermanos de Brasil y Paraguay les exigimos una vez más toda la dedicación para prevenir y combatir las amenazas.

 

Queremos que cuando declaren en el juicio oral los funcionarios de la SIDE, lo hagan para contribuir a descubrir la verdad, no para desviar la acción de la justicia, como ha ocurrido con las maniobras mediáticas durante la anterior gestión, que pretendieron manipular a la opinión pública y desvincular de responsabilidad a los imputados en el juicio oral.

 

Nueve años es demasiado tiempo de impunidad, de frustración y de rabia.

Pero no bajamos los brazos.  No hay tareas “difíciles” para nosotros, cuando está de por medio castigar a los asesinos de nuestros hermanos.

 

Hay mucho por hacer,  se puede y se debe hacer, con voluntad política, considerando esta investigación como una cuestión de estado, atacando el cáncer de la corrupción que ha jaqueado permanentemente esta investigación, yendo hasta las últimas consecuencias para descubrir toda la verdad, y castigar a todos los responsables materiales e ideológicos, a todos los encubridores y a sus mandantes, estén o no actualmente en la función pública. 

 

Nada ni nadie logrará desviarnos de este sagrado objetivo.

 

No lo lograrán quienes mediante maniobras mediáticas pretenden jaquear la búsqueda de la verdad, protegiendo intereses espurios.

 

No lo  lograrán los que se montan en una causa sagrada como esta para obtener réditos políticos.

 

No estamos distraídos, cuando por acción o por omisión se le hace el juego a los acusados de participar en la masacre de nuestros hermanos, al pretender exculparlos en pleno desarrollo del juicio oral.

 

Que nadie se confunda, que nadie se atreva a vulnerar el sagrado y único objetivo de descubrir la verdad y hacer justicia.