Discurso de Memoria Activa
18/7/1999
Era el domingo 17 de julio de 1994. Estaba sentada con mi esposo Andres mirando con entusiasmo la final del mundial de fútbol por la tele, nuestras hijas revoloteaban alrededor.
En ese mismo momento los asesinos ultimaban detalles. Y sin saberlo y sin poder evitarlo Andrés al día siguiente saldría a trabajar y se iría de nuestras vidas para siempre.
Era el 18 de julio de 1994. tenía 8 meses y mi mamá Silvana me arrullaba entre sus brazos, yo me dejaba mecer, me dejaba alimentar, y sin saberlo y sin poder evitarlo sus brazos no me abrazarían mas, y porque tenía 8 meses no puede preguntarme cómo se haría para guardar en la piel un abrazo para siempre.
Mientras tanto a esta hora, en este lugar, hace 5 años, las versiones de los Ruckauf, Menem, Pasero, Anzorregi, del director de la flamante Secretaría de Seguridad Interior, Brigadier Antonietti, del Jefe de migraciones, Hugo Franco, se entrecruzaban: la bomba es producto de la interna judía, renuncio, pido perdón, envío condolencias al primer ministro israelí.
5 años, 5 años alcanzaron y sobraron para que algunos funcionarios del aparato estatal, aprobaran con calificación de sobresaliente todas las materias: metodología del encubrimiento, ingeniería de obstrucciones, teoría del equilibrio mafioso, dinero y bancos, epistemología del engaño, entre tantas otras materias de la especialidad, y contaron con un apoyo extraordinario de maestros particulares aprendices de políticos. La adquisición de estos conocimientos indispensables para garantizar el mal común la hicieron y la siguen haciendo sobre la sangre de nuestros muertos.
Pero 5 años no fue tiempo suficiente para que ante semejante profesionalidad del terror alguna voz de la oposición política se alzará a reclamar por el esclarecimiento del homicidio múltiple de nuestros familiares.
Cabe la pregunta: ¿ Porque ? Y automáticamente llega la respuesta: porque a nadie le interesan los muertos, porque los muertos no votan.
Era el lunes 18 de julkio de 1994. Nosotros tomamos el desayuno con nuestro hijo Agustín, más tarde él entraría a su trabajo en la AMIA. Sin saberlo y sin poder evitarlo se escaparía de nuestras vidas para siempre.
A esta hora, en este lugar, hace 5 años, asesinaban a nuestros familiares al estallar la sede de la AMIA.
5 años, 5 años alcanzaron y sobraron para realizar una investigación judicial que no ha aportado datos concretos sobre los hechos y los responsables del atentado; y lejos de permitir conocer la verdad de lo ocurrido, en ciertas ocasiones ha confundido aún mas los hechos. Una investigación que adolece de graves irregularidades, que ademas de impedir el avance y la claridad sobre lo ocurrido, pone en serio peligro la posibilidad de que alguna vez se pueda juzgar y condenar a los responsables.
Es por esto que hoy, a 5 años del inicio de esta investigación, sabemos prácticamente lo mismo que sabíamos una semana después del atentado.
Tenemos las mismas pocas certezas y las mismas grandes dudas que entonces.
A las 13:40 hs del mismo día del atentado, la policía determinó la calidad del explosivo utilizado. Poco menos de una semana después se supo que el atentado había sido ocasionado desde un automóvil, estilo Traffic, y que había estado estacionado los ultimos 4 días a cuadras de Pasteur al 600.
No se supo entonces, ni tampoco se conoce hoy, a 5 años, quiénes fueron los autores materiales o intelectuales del atentado, por qué manos pasó la camioneta hasta llegar al estacionamiento, por quién fue retiradaa de allí, y que sucedió hasta las 9:53 del lunes 18 de julio de 1994.
Pero hace 5 años, a esta hora, en este lugar, ya se sabían algunas respuestas.
Wilson Dos Santos había pronosticado el atentado a la AMIA y nunca fue tomado en cuenta. Años después se transformó en el testigo estrella buscado por la Brigada Antiterrorista de Palacios hasta los confines del Brasil. Cuando apareció, se había transformado de taxi boy en agente de inteligencia de los servicios brasileños. Tanto él como su amante iraní Nasrim Mokthari fueron interrogados tarde y sin ningún resultado.
Era el 18 de julio de 1994. Tenía 12 años, dentro de poco tiempo entraría de la mano de mi padre Kuky al templo a hacer mi Bar Mitzva, y estaríamos dos hombres que caminaríamos juntos por la vida, pero sin saberlo y sin poder evitarlo se me escapó de mis manos y me quedé como único hombre, cruelmente y sin serlo todavía.
Mientras tanto a esta hora, en este lugar, hace 5 años, la justicia no se ocupó de preservar la integridad de todas y cada una de las pruebas que tal vez pudieran haber contribuido a develar la verdad, asi como nadie se ocupó de preservar la vida de nuestros familiares.
5 años, 5 años alcanzaron y sobraron para que el juez Galeano, ocupado en esta única causa, consiguiera el apoyo incondicional de la Comisión Bicameral del Congreso y de la diregencia comunitaria judía. Pero 5 años no fue tiempo suficiente para terminar de armar el rompecabezas que hace años el mismo juez decía tener armado en un 70%.
Era el 18 de julio de 1994. Tenía una imprenta frente a la AMIA, y la bomba no preguntó al tocar a mi puerta ¿ acá son judíos ? antes de matar a mi socio, a nuestro empleado, y de cambiarme la vida para siempre.
Mientras tanto, a esta hora, en este lugar, hace 5 años, se embolsaban restos humanos junto con escombros bajo la relajada mirada de la Policía Federal de Pasero, fuerza de una reputación comparable a la de la regenteada por el gobernador Duhalde.
5 años, 5 años alcanzaron y sobraron para jamás dilucidar las flagrantes contradicciones entre los informes de esa misma policía de las comisarías 5ta y 7ma encargadas de la custodia del edificio de la AMIA, y las declaraciones de algunos de sus miembros citados como testigos.
Era el lunes 18 de julio de 1994. Mi esposa Dorita sacaba mi ropa del armario, un rato más tarde sin saberlo y sin poder evitarlo se escapaba de mi vida, y ya nunca podré preguntarle donde guardaba mis cosas ni donde escondía los secretos de tantos años compartidos.
Mientras tanto, a esta hora, en este lugar, hace 5 años, ya estaba entre los escombros el motor de la Trafic especialmente preparada para soportar una carga superior a la normal. Dicho motor tenía dueño: Carlos Alberto Telleldín.
Telleldín, su concubina Boragni, sus socios mecánicos y duplicadores de autos Jaimes, Cotorras, Nitzcaner y su amigo Hugo Pérez eran sospechosos por el simple hecho de mentir y encubrirse mutuamente. ¿ Por qué el juez Galeano procesó sólo a Telleldín ? ¿ Qué clase de protección tienen todos ellos ? Galeano incluso juzgó prescripta la única causa que vinculaba a Telleldín con el ataque a la AMIA.
Era el 18 de julio de 1994. Mis compañeros de trabajo Mirta, Verónica, Nomi, Rita, Marisa, Norberto, Claudio, Yanina, Naum, Jaime; todos los de adentro y todos los que caminaban por la calle Pasteur, los que esperaban, los que tenían sueños y los que sufrían, los que gozaban, ninguno de ellos pudieron elegir. Fui compañera de trabajo de los que no sobrevivieron y de los que sobrevivieron. Soy la que mira los nombres en el muro, la que acaricia los nombres, la que guarda secretos de esos nombres.
Mientras tanto, a esta hora, en este lugar, hace 5 años, volaba el edificio de la AMIA, atentado que al Juez ni siquiera se le ocurrió reconstruir.
En poco tiempo se va a llevar adelante el juicio oral y público contra Telleldín y los policías de la Provincia de Buenos Aires acusados de ser partícipes necesarios del atentado contra la AMIA.
Hemos solicitado en los últimos años mas de doscientas medidas de prueba nacidas en el mas elemental sentido común, imprescindible para llevar adelante cualquier investigación seria. Nosotros, los damnificados, los familiares de las víctimas tuvimos que pedirlas.
Estamos convencidos de que todas estas medidas debieron llevarse a cabo antes.
Porque de lo contrario parecerá que se imparte justicia, parecerá que así se alcanza alguna verdad. En definitiva, será el punto final para convalidar una investigación pobre e impunemente inconclusa.
No estamos en contra del juicio oral, estamos en contra de que no se hayan realizado antes todas las medidas necesarias.
¿ De qué clase de juicio oral estamos hablando, cuando después de 5 años las pruebas elementales no se han hecho ?
¿ De qué clase de juicio oral estamos hablando, cuando después de 5 años solo se lo imputa a Telleldín como partícipe del crimen de la AMIA, cuando se encuentra debidamente acreditada la responsabilidad de su banda y su concubina ?
¿ De qué clase de investigación estamos hablando, cuando después de 5 años no se sabe quién proveyó los explosivos, ni quién voló la AMIA, ni quién o quienes hicieron la tarea de inteligencia previa al atentado ?
La elevación a juicio oral de Telleldín y los malditos policías es una migaja de verdad y es, en definitiva, el cierre de la causa porque parece existir la decisión política de que no haya nada más.
Es el 18 de julio de 1999. Hace 260 semanas que, lunes a lunes, Memoria Activa exige justicia en la Plaza Lavalle. Sentimos el sonido del shofar, el minuto de silencio, el punzante estruendo de la sirena en cada aniversario, cada uno de los listones de algarrobo del monumento de la plaza, las lágrimas que abonaron la tierra estos años en espera de justicia.
A esta hora, en este lugar, después de 5 años, es evidente que no estamos hablando de un tema jurídico. Estamos hablando de un tema eminentemente político.
Muchos apuestan a que con un juicio oral a unos pocos se terminará de una vez por todas el tema AMIA, porque no quieren seguir pagando costos políticos indefinidamente.
En este país siempre se apuesta.
La apuesta de que no iba a volver a suceder, de que fue un error, un accidente, se llevó un centenar de vidas el 18 de julio.
A muy pocos les importó que semejante crimen volviera a ocurrir, y ocurrió.
A muy pocos les importa la seguridad de las personas, y de las fronteras.
A los partidos políticos no les importan estas muertes impunes.
Tienen veleidades de ingenieros políticos, de arquitectos de una supuesta gobernabilidad, y miran permanentemente a otro lado cuando se trata de defender a rajatabla los derechos de la gente, el derecho a la verdad y a la vida, y tantos otros que son continuamente violados por algunos e ignorados por otros en esta castigada democracia.
Estamos hartos de promesas incumplidas.
Todos apuestan y esto no es un juego.
Ya no quedan dudas, la conexión local del atentado a la AMIA es el Estado Argentino, que ha articulado la manera de encubrir a los culpables para nunca llegar a la verdad.
No hay mas alternativa. La pérdida de tiempo es un delito. Nadie en su sano juicio puede afirmar que no hemos tenido una exagerada paciencia.
Vamos a agotar todas las vías jurídicas y políticas, nacionales e internacionales para impedir este acto de impunidad.
Es por esto que el día viernes 16 de julio hemos denunciado en Washington, ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, al Estado argentino por haber violado el derecho a la vida y a la integridad física de las innumerables víctimas del atentado.
Denunciamos, en nuestra presentación ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, al Estado argentino por haber violado el derecho de las víctimas y de sus familiaresa obtener justicia de parte de los tribunales locales, violando así el derecho a las garantías judiciales.
Mediante esta denuncia se reclama al Estado argentino no haber puesto la debida diligencia en la investigación del homicidio múltiple de nuestros familiares, ocurrido en este lugar, a esta hora, hace 5 años.
EXIGIMOS UNA INVESTIGACION SERIA Y PROFUNDA.
NO AL CIERRE DE LA CAUSA AMIA !!
JUICIO Y CASTIGO A TODOS LOS CULPABLES !!