Discurso
pronunciado por Mario Averbuch, en representación de los Familiares.
18 de Julio de 2000
Familiares
y Amigos de las Víctimas
de
la Masacre en la AMIA
discurso
del 18 de julio de 2000
No dejemos que la impunidad le gane,
todos los días, una batalla a la vida
Ya
pasaron más de dos mil doscientos días. Cada
mañana seguimos viendo la silla vacía.
Y que la impunidad le está ganando la
batalla a la vida.
Se llamaba Sebastián, tenía 5 años. Caminaba de la mano de su mamá, aquella fría mañana de julio, hacia el Hospital de Clínicas, donde ella tenía turno para atenderse. Aunque su andar era más rápido que de costumbre, no se quejaba y se sentía contento a pesar de que lo habían despertado muy temprano. Sonreía. En un instante esa sonrisa sólo quedó como un recuerdo.
Hoy sería un despreocupado estudiante de la
escuela primaria y jugaría feliz al fútbol con la pelota que aún lo está
esperando.
Nada
es posible. Sebastián lleva más años
de muerto que los que le dejaron
vivir. Todo por culpa de la sangrienta mano asesina de terroristas y de la
maldita conexión local, que colaboró con sus planes. Sebastián tenía cinco
años de vida y estos malditos terroristas llevan seis años de impunidad.
En estos años, el grupo autoconvocado de Familiares y Amigos de las Víctimas de la Masacre en la AMIA, luchamos sin descanso para encontrar a los culpables de 86 muertes sin razón. Porque la justicia sólo se obtiene con la lucha constante, sin banderías políticas, sin partidismos personales, pero con dignidad.
Aunque
hoy nos acompañen, queremos decirles desde lo más profundo de nuestro corazón,
que nos sentimos solos, solos de todo
tipo de soledad, que a los únicos que les interesa esta lucha todo el año, es
a los Familiares. Seguimos vacíos,
todo nos duele y estamos hartos.
Hartos de combatir con nuestra única arma, la
palabra, reclamando hechos concretos del gobierno menemista, quienes nos
tildaron de locos desvergonzados
ante nuestra protesta, y que no hicieron absolutamente nada para profundizar la
investigación de la causa AMIA. La
causa más voluminosa y espinosa de la historia judicial argentina, llena de
trabas, encubrimientos y complicidades llevadas a cabo por la policía y los
servicios que estaban a cargo del Ministerio del Interior.
El gobierno menemista se burló de
nuestros muertos.
Se llamaba Néstor,
tenía 51 años. Se fue de su casa
cuando todavía estaba oscuro. Hacía
muchas horas que trabajaba y estaba satisfecho porque la instalación de aire
acondicionado que había hecho en el edificio de la AMIA, funcionaba bien.
Hoy, sería feliz junto a su familia y disfrutaría
de su casa en la costa atlántica, donde pensaba mudarse. No fue posible.
Todo por culpa de la sangrienta mano asesina de terroristas y de la
maldita conexión local, que colaboró con sus planes.
Estamos Hartos
de los silencios vergonzosos, de la impunidad que enarbola nuestro país, de la
indiferencia de muchos, de crímenes impunes, de constante corrupción y
violencia.
Los
ideólogos del pacto de silencio son
delincuentes de uniforme, que encubren responsabilidades propias y ajenas.
Nos
mueve el dolor y la pérdida, pero no
comemos vidrio. Buscamos
justicia a través de la justicia. Lo
gritamos públicamente para que quede bien claro: Nunca
aceptaremos una justicia a medias.
Se llamaba Yanina, tenía 20 años. Trabajaba en el Servicio Social de la AMIA. El día anterior sus padres le regalamos el equipo de música que ella tanto quería para ella sola. No llegó a disfrutarlo.
Hoy sería abogada y traductora pública de Inglés.
Gozaría de la tibieza del sol, que según ella, salía para todos.
Yanina no goza más de nada, ni nosotros gozamos de ella.
No fue posible. Todo por culpa de la sangrienta mano asesina de terroristas y de la
maldita conexión local, que colaboró con sus planes.
Estamos Hartos,
hartos de luchar contra molinos de viento llamados políticos encubridores y
servicios cómplices. Queremos
encontrar a todos los componentes de la conexión local y que se los castigue
junto con los políticos, policías, servicios de inteligencia y cómplices del
encubrimiento que siguen protegiendo a los criminales.
Se llamaba Cristian,
tenía 21 años. Era defensor de
los Derechos Humanos. Tenía
facilidad para la escritura.
Hoy sería abogado y podría luchar por lo que él
alguna vez escribió:
“La memoria y la conciencia colectiva serán las mejores defensas para que jamás volvamos a vivir el horror.”
Se
refería a los amargos años de la
dictadura, sin sospechar que la maldad, el odio y lo peor de la condición
humana, terminarían con sus ideales. No fue posible.
Todo por culpa de la sangrienta
mano asesina de terroristas y de la maldita conexión local, que colaboró con
sus planes.
Estamos Hartos
de comprobar que, a pesar de dos atentados terroristas llevados a cabo en la
Argentina y aún irresueltos, los gobiernos del cono sur no hayan tomado medidas
de seguridad y control fronterizo, donde se hace la vista gorda ante el tráfico
de armas, explosivos y drogas, todos ellos destructores de la vida humana.
La corrupción le está ganando todos los días una batalla a la vida.
Se llamaba Paola,
tenía 21 años. Aquella aciaga mañana
fue a ayudar a su madre, que trabajaba en la AMIA.
Fue hasta la puerta a buscar un café que había encargado afuera.
Bajó a recibirlo...
Hoy sería una flamante abogada y ya hubiese
realizado su tan soñado viaje a Europa. No
fue posible. Todo por culpa de la
sangrienta mano asesina de terroristas y de la maldita conexión local, que
colaboró con sus planes.
Estamos Hartos. Hartos de reclamar la urgente realización del juicio oral a
los Carapintadas, que duerme en el Tribunal Oral Federal Nº 4 desde hace un año.
Ya que si bien el objeto del juicio no es el atentado a la AMIA, de allí
podrían surgir elementos que acreditan las mentiras que éstos dijeron para
justificar su presencia en esta misma calle, a esta misma hora, exactamente seis
años atrás.
Hasta
hoy en día la justicia no determinó más allá de las obvias presunciones, ni
bien estalló la bomba, los Carapintadas ¿llegaban o se iban de la calle
Pasteur al 600?
Se llamaba Andrea,
tenía 28 años. El 18 de julio de
1994, fue al cuarto piso de la AMIA, a la Bolsa de Trabajo.
Era maestra jardinera y una especie de cascabel que le ponía vida y
risas a cada pequeña cosa.
Hoy, sería mamá de un hijo tan anhelado y tendría
su propio Jardín de Infantes. No
pudo ser. Todo por culpa de la sangrienta
mano asesina de terroristas y de la maldita conexión local, que colaboró con
sus planes.
Estamos Hartos. Hartos de escuchar cómo el inescrupuloso Ribelli desde la cárcel reclama por su libertad, mientras que si hubiera cumplido con las más mínimas obligaciones policiales y en vez de negociar con su cómplice Telleldín, lo hubiera detenido por las órdenes de captura vigentes por entonces, la historia se podría haber modificado.
Telleldín,
como socio de los policías que era y que es, se vio obligado a nombrarlos
cuando supo que la prueba reunida era contundente.
Desde entonces, es uno de los ejecutores de las perversas maniobras de
pseudo defensa de los imputados.
Denunciamos públicamente
que los policías se sientes más fuertes que nunca y que preparan campañas de
desprestigio y acciones mediáticas para tratar de convencernos de que ellos
nada tuvieron que ver y son pobres chivos expiatorios.
Que
digan lo que digan y que los fiscales hagan lo que tengan que hacer.
Que muestren las pruebas y que sean los primeros condenados que rompan
con esta sucia barrera de impunidad que quiere convertir a las víctimas en
victimarios.
Se llamaba Verónica,
tenía 20 años. Era demasiado
responsable en su trabajo en la DAIA. Se
la veía siempre apurada, siempre con una sonrisa.
Hoy sería psicóloga y seguiría escribiendo
poesías. Ella tenía
su mundo, sus rincones, igual que las palomas.
Le cortaron el vuelo. Todo por
culpa de la sangrienta mano asesina de terroristas y de la maldita conexión
local, que colaboró con sus planes.
Estamos Hartos,
hartos de exigencias inútiles a los gobiernos de Brasil, Uruguay y Paraguay,
para que contesten los pedidos judiciales y que informen sobre los datos que no
pueden desconocer y que son vitales para nuestra investigación.
Israel nos respondió parcialmente.
No
existe cooperación de los países vecinos, porque cada uno mira su propia
conveniencia política y en esa conveniencia, 86 muertos no tienen ninguna
importancia.
Estamos Hartos,
hartos de solicitarle al gobierno de Uruguay que levante el secreto bancario de
Ribelli para saber si allí está o pasó rumbo a otro país, la fortuna
obtenida de sus sucios y sangrientos negocios.
En cambio, sí es posible levantar el secreto bancario en lo que respecta
al dinero de María Julia Alsogaray. Entonces
le decimos al gobierno de Uruguay que con más razón debe hacerse lo mismo,
cuando hubo 86 vidas tronchadas y centenares de heridos que ya nunca serán lo
que fueron.
Estamos Hartos,
hartos del encubrimiento que permite aparecer y desaparecer a Wilson Dos Santos.
¿Quién
es en realidad? ¿Por qué, si
negociaba con el terror, Brasil lo sigue protegiendo?
Una
indignación sorda y creciente nos trepa los músculos en una orgía de fuerza e
impotencia cuando pensamos que la masacre en la AMIA, pudo haberse evitado.
Wilson Dos Santos continuará siendo investigado hasta que salga a la luz su verdadera identidad y Brasil deberá responder por su supuesto protegido.
Se llamaba Berta, tenía 67 años. Era una “verdadera idishe mame”, preocupada por su familia y orgullosa de sus nietos.
Hoy, disfrutaría plenamente de ellos y podría
haber compartido la fiesta de sus trece años.
No pudo ser. Todo por culpa de la
sangrienta mano asesina de terroristas y de la maldita conexión local, que
colaboró con sus planes.
Estamos Hartos, hartos de buscar sin que nadie quiera encontrar a los ideólogos del atentado. Si todos los caminos indican a Irán como autor, coautor, cómplice o partícipe, ¿por qué se reestablecieron las relaciones comerciales con ese país? ¿cómo se explica que durante seis años se trate de encontrar a los autores intelectuales o materiales de la masacre y cuando todo señala a Irán, en lugar de excluirlo, se reanuden vínculos comerciales?
Estamos hartos del doble discurso, hartos de que se negocie la seguridad nacional por dinero. Entendemos la necesidad de exportar cada vez más. Sabemos de miseria. Por ello también entendemos que es imprescindible esclarecer el atentado para que la Argentina pueda negociar libremente con todo el mundo sin temer que le está comprando o vendiendo a los verdugos que le arrancaron la vida a decenas de compatriotas en suelo argentino. Quizás, hasta mansillando la soberanía nacional.
Estamos hartos de escuchar que no se investigó a fondo la pista siria como cómplice de Irán por su directa relación con el pasado gobierno. ¿Qué se espera para levantar el velo?
Se llamaba Fabián, tenía 30 años. Creía que trabajar duro era la mejor manera de progresar. Para él, estar en su casa era algo digno de ser festejado.
Hoy, sería feliz viendo su casa nueva totalmente
equipada y disfrutaría de toda su familia, que era su orgullo.
No pudo ser. Todo por culpa de la sangrienta mano asesina de terroristas y de la
maldita conexión local, que colaboró con sus planes. Fabián y los otros no tienen justicia.
Estamos hartos,
hartos de la justicia que nunca llega. Hartos
de las trabas que ponen en la investigación.
Denunciamos
públicamente a la empresa MOVICOM por contribuir con la banda de Ribelli y
facilitar el encubrimiento. El Juez
Galeano ordenó en su momento que no se modificara el sistema de medición de
las células, es decir, el lugar donde se encontraba cada celular.
La modificación del sistema que permitió cambiar una de las pericias es
un delito. Delito que la
empresa intenta atribuir a un error de uno de sus técnicos.
Esta
causa se encuentra en el Juzgado Federal del Dr. Bonadío. Pero ahora resulta que un técnico cualquiera puede alterar
el sistema de MOVICOM y la empresa no es capaz de descubrirlo.
MOVICOM
contesta que cualquiera de sus empleados puede desobedecer una orden judicial,
aunque se trate de la causa que investiga la mayor masacre que se produjera en
nuestro país.
Entonces,
vale pensar que un día, otro
operario puede levantarse y cambiar las facturaciones de la compañía, otro
alterar los números y así seguir sucesivamente... Sabemos muy bien que esto no
sucede, MOVICOM fue allanada y se
secuestró documentación. Todavía
no tenemos noticias del resultado, pero exigimos una investigación exhaustiva
de este asunto. Le pedimos a
MOVICOM que haga los llamados que tenga que hacer y que comience a demostrar que
los intereses de su empresa no están en contra de la vida humana, ni que
protegen a los delincuentes. ¿Qué confianza puede tenerse a MOVICOM?
Se llamaba Germán,
tenía 29 años. Artista plástico,
participó como realizador y escenógrafo en muchas producciones cinematográficas
locales. Era sensible y tenaz.
Hoy, ya se hubiese presentado su tan ansiada
muestra plástica en el Palais de Glase. Y
seguiría cosechando éxitos con su talento. Ya nada podrá ser.
Todo por culpa de la sangrienta mano asesina de terroristas y de la maldita conexión local, que colaboró con sus planes.
A
Germán y a los otros, les quitaron la vida.
Y en la muerte, no hay sueños ni triunfos.
Estamos hartos
de esperar. Al Juez Galeano
le decimos que ya pasó mucho tiempo. La
causa AMIA lleva seis años. Esta
causa es como un árbol, con muchas ramificaciones y es muy duro llegar a todas
las bifurcaciones. Pero el avance
es muy lento. Los Familiares de las
Víctimas, le decimos: Sr. Juez, sólo nos sentiremos satisfechos cuando los
culpables estén pudriéndose en la cárcel, estaremos conformes con lo actuado el
día después, no antes.
Se llamaba Jaime,
tenía 61 años. Era un gran
maestro y un ser humano especial. Paciente,
sonriente y sereno.
Hoy, seguiría escribiendo libros, continuaría
con sus clases sobre temas judíos y disfrutaría de las travesuras de sus pequeños
nietos. No pudo ser. Todo
por culpa de la sangrienta mano asesina de terroristas y de la maldita conexión
local, que colaboró con sus planes se lo negaron.
Estamos hartos, hartos de promesas incumplidas que se van apilando, necesitamos hechos.
El día 17 de marzo de este año, frente a lo que fue la sede de la Embajada de Israel y acompañado por todo su gabinete, el Presidente de la Nación, Dr. Fernando De La Rua, dijo:
CASSETTE
Que se comprometía a profundizar la investigación de estas dos masacres colectivas y a terminar con la impunidad.
Señor Presidente: queremos expresarle que para los Familiares la buena voluntad debe concretarse en una intensificación mayor de las medidas que son necesarias desde el Poder Político para lograr los avances en la investigación.
El pueblo argentino todo, está esperando con ansiedad los próximos pasos del gobierno para mostrar seriamente que la declarada Cuestión de Estado no es sólo declamación.
Reconocemos un cambio de actitud de este gobierno, pero le exigimos un hacer permanente y más efectivo en los resortes del Estado. Sólo de esta manera se podrá lograr el avance de la causa y se podrá desterrar la impunidad.
En aquel momento, con sus palabras Sr. Presidente, Ud. firmó un pagaré ante una multitud presente. Y quien firma un pagaré, tiene la obligación de levantarlo.
Se llamaba Rita, tenía 37 años. Trabajaba con ahínco en el sector Sepelios de la AMIA y disfrutaba de sus hijos, Romina y Mariano.
Hoy gozaría del casamiento de su hijo.
No pudo ser. Todo por culpa de la sangrienta mano asesina de terroristas y de la
maldita conexión local, que colaboró con sus planes.
Estamos hartos, hartos
y estupefactos al ver cómo los procesados encarcelados como partícipes
necesarios en el atentado, descaradamente organizan asociaciones
para reunir fondos y apoyo para zafar de la condena.
Reclaman espacios en los medios, escudándose en un supuesto reclamo de
justicia, aduciendo no poder defenderse, pretenden invertir los roles y
convertirnos a nosotros en supuestos injustos carceleros.
No
queremos chivos expiatorios. Sino
que la condena recaiga contra todos los que ayudaron a que estallara esa bomba
que segó la vida de nuestros familiares. Pretendemos
condenar a los verdaderos culpables.
Dr.
Galeano: Una de las víctimas, Jaime Plaksin, a la que Ud. le debe hallar a su
asesino, escribió en su libro: “La justicia –uno de los pilares que
sostiene al universo- es fundamental, no sólo porque contiene un ideal elevado,
sino a que posee la fuerza para unir a todo el pueblo frente a sus enemigos
internos y externos”(...) “la verdad
es íntegra, no existe media verdad, porque de ser así también existiría
simultáneamente media mentira.” No
queremos verdades a medias o encubiertas, porque media verdad es media
justicia.
Las
pruebas reunidas señalan a los procesados.
Cada indicio colectado nos demuestra que ellos colaboraron con quienes
decidieron y con quienes ejecutaron la acción homicida.
De allí se deduciría que Ribelli y sus secuaces son asesinos.
Pues todo aquel que planifica la muerte, no es un perejil, es un mal
parido que nos dejó un agujero en nuestras familias que jamás podremos cubrir,
y por ello se merece el peor de los castigos.
Se llamaba Juan Carlos,
tenía 52 años. Estaba orgulloso
de no haber tenido nunca problemas de salud.
Se sentía un pibe. Ese 18
de julio, estaba descargando panes en la calle Pasteur.
Hoy, seguiría disfrutando plenamente de su
juventud interior, de sus nietos y de su trabajo. Se lo impidieron. Todo
por culpa de la sangrienta mano asesina de terroristas y de la maldita conexión
local, que colaboró con sus planes.
Estamos hartos,
hartos de críticas internas que nos tocan muy de cerca.
La crítica sin caminos alternativos sólo ayuda a quienes colaboraron en
la acción homicida. Reconozcamos
errores para avanzar en el objetivo común.
No salpiquemos de dudas por protagonismos o enojos personales
Tenemos un fin que nos trasciende
y es encontrar las respuestas que aún no fueron halladas.
Debemos estar todos en la misma vereda, sino nos aplasta el enemigo.
Agustín,
Marisa, Félix, Dora, Danilo, Gustavo, fueron víctimas de la sangrienta mano asesina de terroristas y de la maldita conexión local,
que colaboró con sus planes. Hubo
muchas víctimas más en el atentado contra la AMIA. Eran jóvenes, tenían ambiciones, proyectos y sueños.
Reían, disfrutaban y trabajaban para un futuro mejor.
El 18 de julio de 1994, todos ellos acudieron a una cita trágica que
cambió su destino, y allí acabó todo.
Estamos Hartos
de que se nos señale como a los Familiares que apoyamos leyes que no sirven. Son leyes que, cuando entendemos imperfectas o incompletas,
las criticamos y proponemos modificar.
Nuestra
lucha es desde dentro del sistema. No
defendemos personas, ni acciones particulares.
Acusamos
con nombre y apellido, porque las acusaciones genéricas o sin fundamentos
concretos, no colaboran con nuestra tarea sino que la obstaculizan.
Los Familiares señalamos nuestras críticas con el fin de llegar a un resultado positivo. Por eso:
Al
Presidente de la Nación, Dr. Fernando De La Rua:
le exigimos que ponga todos sus esfuerzos para que el conjunto del
aparato del Estado actúe para encontrar a los culpables.
Al
Canciller Rodriguez Giavarini: le exigimos que realice las acciones pertinentes
para que Brasil y Uruguay colaboren en lo que les cabe con la investigación, y
si no lo hacen, que lo denuncie públicamente al mundo.
Al
Ministro de Justicia, Dr. Gil Lavedra y al Ministro del Interior, Dr. Storani:
les exigimos que la tan nombrada “taks force” sea una realidad, y no sólo
un funcionario con un celular.
Al
Juez Galeano: le exigimos que siga investigando usando todo lo que el gobierno
prometió poner a su disposición. La
causa no terminó.
Por
ahora lo único que hay es impunidad y
falta justicia. Usted tiene la
responsabilidad como Juez y debe cumplirla, y si se lo impiden, denúncielo
con nombre y apellido.
A
la Comisión Bicameral de Seguimiento a las Investigaciones:
le exigimos que actúe con toda la fuerza que le otorga la representación del
pueblo, pueblo que está aquí presente y que año tras año tiene mayor sed de
justicia y se siente desprotegido.
Se aproxima el Juicio Oral y Público por la primera parte de la investigación. Allí, Telleldín, Ribelli y los demás detenidos, tratarán de demostrar su inocencia. Les estamos dando una oportunidad que ellos no dieron a 86 inocentes: la oportunidad de defenderse.
Esperamos
que el Tribunal Oral Federal Nº 3 actúe con agallas amparándose en la Verdad
de la Justicia.
Un
debate oral no acaba una causa
cuando hay mucho para investigar, encontrar y castigar y sólo se eleva a juicio
una parte de la investigación.
Esta
seguirá hasta poder hallar a cada uno de los que son culpables y se amparan en las tinieblas de la impunidad.
A seis años del atentado, vacíos, todo nos duele y estamos hartos de pensar que estamos recordando una fecha más, sin culpables juzgados ni castigados.
“La
memoria rota nos hace creer que estamos condenados a la resignación”.
No estamos resignados, ni queremos
resignarnos.
Hacemos memoria,
porque es el trabajo de los vivos para que los muertos no mueran
definitivamente. A ellos y a
nosotros, sus familiares, nos robaron sueños, nos quitaron todo lo que habíamos
conseguido y lo que aún esperábamos conseguir.
Seguimos
luchando por Justicia y honrando la Memoria, por el derecho a la vida que 86
seres inocentes tenían.
Porque cada aniversario que pasa sin justicia, los que ya no tienen voz, son los que más voz tienen.
No
dejemos que la impunidad le gane todos los días una batalla a la vida.