Letra: Sofía Guterman Música: Juan Martín Rago
Cada dieciocho, con dolor y pena
leemos sus nombres, les prendemos velas.
Cada dieciocho, en esta vereda,
revivimos juntos dantescas escenas
de vidas tronchadas, de horror y demencia.
El rojo intenso de las rosas
tiene color de sangre fresca,
sangre que humedece los cimientos
de un edificio de cemento.
Cada dieciocho las estrellas
brillan y titilan con más brillo.
El sol envía rayos más potentes,
el viento sopla y sopla con más bríos.
O la lluvia cae lentamente (o la lluvia cae lentamente).
La naturaleza toda se rebela
ante tanta muerte de los inocentes.
Cada dieciocho aunque pase el tiempo
y aunque se nos vuelvan blancos los cabellos,
estaremos firmes haciendo memoria.
Porque al recordarlos, no están tan muertos.
Esa es nuestra lucha.
Cada dieciocho, prender una vela,
invocar sus nombres, poner una rosa.
Y hacer que los nuestros dos veces no mueran.
Y hacer que los nuestros dos veces no mueran
Esa es nuestra lucha....